
Yenderlin Cabarza llegó con fracturas a emergencias desde la zona más golpeada por los devastadores terremotos en Venezuela que dejaron al menos 188 muertos. Su madre no sobrevivió. Tampoco su tío que la protegió con su cuerpo del derrumbe. La adolescente, de 13 años, espera sola por atención médica, como decenas de menores.
Ambulancias irrumpen constantemente en la entrada del Hospital Domingo Luciani, en el este de Caracas, donde personas ansiosas revisaban el jueves largas listas pegadas en las paredes del centro médico para encontrar a sus seres queridos.
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Nombres y nombres escritos a mano aparecen en estos listados, entre ellos los de 22 niños y adolescentes de entre 4 a 19 años.
Estos menores heridos fueron rescatados en La Guaira, la localidad costera que sufrió la víspera los embates de dos sismos de 7,2 y 7,5 de magnitud.
Los movimientos telúricos redujeron edificios completos a escombros y el jueves aún causaban zozobra en Venezuela.
Cabarza fue trasladada en una ambulancia desde esta área, que las autoridades calificaron de “zona de desastre”.
“Salió con sus dos bracitos que le bailaban, no lograban rescatarla porque los escombros le caían encima”, cuenta a la AFP Rolando, amigo de la familia que prefiere identificarse solo con su nombre de pila.
“Subió sola en la ambulancia, después subimos nosotros” desde La Guaira hasta este hospital, dice el hombre, que acompañaba al padre de la chica. “Supimos que ella estaba aquí porque avisaron en ese momento que la trasladarían” a este lugar.
El padre de Cabarza entró a emergencias y supo que su hija salió del quirófano tras ser operada de fracturas en ambos brazos. El resto de sus parientes, los que sobrevivieron, aguardaban a las afueras del centro médico.
“Varios de los niños llegan solos porque los traen rápidamente desde el lugar en donde los rescatan”, explica un médico que prefirió el anonimato por no estar autorizado para declarar.
Unos “nos dan sus nombres”, otros llegan “identificados con un tirro (cinta adhesiva) en el brazo”, agrega una doctora, también bajo anonimato.
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“La mayoría no tiene familiares, llegan solos y lo que nos refieren los paramédicos es que los sacan de los escombros, los montan en la ambulancia y los traen para acá porque en La Guaira los hospitales están muy ‘full’”, dice.
Las autoridades calculan que hay unos 1.520 heridos y casi dos centenares de desaparecidos por la tragedia.
En la sala de espera del Domingo Luciani aguardan familias y amigos de los heridos del terremoto.
Entre las lesiones más comunes hay traumatismos faciales, torácicos o abdominales, y fracturas en miembros superiores e inferiores.
“Los familiares deben estar en la sala de espera”, grita una trabajadora del hospital por un megáfono. “Deben despejar el área, está prohibido estar aquí”, cerca de la sala de emergencia.
En tanto, la mujer con el megáfono llama cada cierto tiempo a allegados de los internados, que se dicen con “suerte” al saberlos vivos.
Con la esperanza de ubicar a sus familiares, muchos recién llegados fotografían los listados de heridos.
Las imágenes con decenas de nombres se esparcen como pólvora en redes sociales.
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“Vengo del hospital Pérez Carreño y ahí tampoco encontré a mi hermana”, lamenta Zoraida Hernández, de 52 años, quien la busca desde el miércoles tras enterarse del colapso de su casa en costera Catia la Mar.
Un camillero le dijo a la AFP que la morgue del hospital está llena.
La fuerza de los dos terremotos fue tal que se sintieron incluso en Colombia, donde sonaron algunas alarmas. Desde entonces se reportaron más de 130 réplicas.
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