El Perú no solo está dividido, está estructuralmente empatado, y ello nos debe llevar a una reflexión profunda. Mas allá de quién gane las elecciones, lo que realmente importa es cómo lograr la gobernabilidad del país, entendida como la capacidad real para gobernar de forma sostenible: en pocas palabras, lograr la legitimidad en el ejercicio del poder.
Y ello pasa necesariamente por hacer políticas públicas efectivas en el sur del país; es decir, acciones concretas que logren para estas poblaciones concebir que el Estado sí es útil y es capaz de generar bienestar en lo económico y protección en lo social: políticas públicas efectivas como herramientas claves para un diálogo democrático en pro de un país moderno y unido. Sin gobierno efectivo para el sur y el centro del país, seguiremos 50% estructuralmente divididos. Fuerza Popular tiene que orientar sus políticas hacia el sur y el centro del país.
Desde las elecciones del 2006 se observa un patrón. El sur y parte del centro muestran un mayor apoyo a mensajes y posturas nacionalistas, estatistas, con reivindicación a identidades regionales y señalando percepciones de exclusión histórica. Tanto así que los resultados de la segunda vuelta muestran que Puno (86% de los votos), Apurímac (81%), Huancavelica (81%) Ayacucho (79%) y Cusco (78%) tienen porcentajes elevadísimos de oposición a políticas orientadas a opciones de mercado, estabilidad macroeconómica, inversión privada, globalización, etc., y la pregunta clave es por qué ocurre esto.
Una forma de comprenderlo es la llamada “paradoja de la riqueza sin bienestar”: estas regiones del sur concentran una parte importante de la riqueza minera y recursos naturales; sin embargo, su población percibe que la riqueza sale de la región, los beneficios se concentran en Lima y los servicios públicos que reciben son mínimos.
Apurímac, una de las principales regiones mineras del país, mantiene elevados niveles de pobreza y déficit en salud e infraestructura. La población concluye con sentido común algo: si producen riqueza y siguen igual es porque el modelo económico no funciona para ellos.
Tan categórico es este sentido común que ocho de cada diez ciudadanos votan de esa forma. Por tanto, se tiene que accionar un cambio y el mecanismo eficaz para ello son las políticas públicas inclusivas, y no solo las sociales: hay necesidad de innovar.
La primera es un shock de inversión en educación, que contribuiría a que estas regiones se abran al mundo y a la modernidad, y que la perciban y la comprendan. Sería un shock con contrato social que permita otorgarles recursos sostenibles e incrementables garantizados por 15 años, al menos. Los recursos del canon lo permiten y una minería sostenible podría financiarlo.
En segundo lugar, inversión en salud, no solo en infraestructura que no sirve de nada sin recursos para su operación y mantenimiento, sino que cuente con incentivos para los profesionales de la salud, pues necesitamos con urgencia reducir los niveles de desnutrición y anemia, se necesita recuperar el capital humano de esas regiones e implementar políticas alimentarias para toda la población.
Además, resulta necesario brindar justicia oportuna y eficiente, junto con una policía y fiscalía fortalecidas, de manera que haga sentir a la población que el Estado no solo existe, sino que la protege y la cuida. Y, finalmente, se hace necesario apoyar fuertemente toda la economía del emprendimiento y la pequeña empresa regional para que se integren a la economía nacional con inversión público-privada.
Gobernemos para el sur. El país no enfrenta una lucha entre derecha e izquierda: enfrenta una crisis de integración nacional. Si la mitad del país siente que el modelo económico no lo incluye, y la otra teme que cualquier cambio pone en riesgo la estabilidad económica alcanzada, ningún gobierno podrá gobernar eficazmente si no construye puentes entre ambas visiones y Fuerza Popular tiene esa obligación.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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