El 47% de las obras públicas iniciadas en el Perú desde 2022 no se ha culminado, según el Informe Económico 100 de Capeco (abril del 2026). La Contraloría General lo confirma: 2.741 proyectos paralizados que comprometen S/67.139 millones en inversión pública. Frente a este panorama, la respuesta del sector suele ser la misma: más tecnología.
El diagnóstico, sin embargo, es otro. Según la contraloría, las principales causas de paralización son incumplimientos contractuales (26,2%), falta de liquidez (22,9%) y deficiencias en expedientes técnicos (9,1%). Ninguna de estas fallas se resuelve con un software. Se resuelven con procesos. Esto tiene un nombre preciso: digitalizar un proceso deficiente no lo corrige, lo escala. Cuando una organización migra a BIM o cualquier plataforma de gestión sin haber resuelto sus problemas de coordinación, planificación o flujo de información, no se moderniza. Automatiza su propio caos.
La construcciónlleva décadas demostrando que la productividad en obras no mejora por agregar herramientas, sino por eliminar lo que no genera valor: las esperas, las reiteraciones, las decisiones sin información. La tecnología viene después, como amplificador de lo que ya funciona.
¿Entendemos realmente cómo fluye el trabajo dentro de nuestra organización? La industria necesita ingenieros capaces de responderla: profesionales que lean un proceso con la misma precisión con que leen un plano, que identifiquen la falla antes de proponer la herramienta. Antes de pensar qué tecnología implementar, debemos preguntarnos: ¿qué proceso estamos dispuestos a cambiar?
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