La ONU exige transparencia sobre la huella ambiental de la IA: las preocupantes cifras de consumo hídrico y energético que han alarmado a los expertos

La ONU publicó este miércoles 3 un informe en el que analiza el impacto ambiental de la inteligencia artificial (IA) y en el que insta a las empresas de este sector publicar su huella ambiental, además de adoptar medidas sostenibles para mitigar la afectación que puede llegar a producir esta tecnología.

El documento, titulado “”, considera que los cálculos iniciales alrededor de la sostenibilidad de la IA no han sido precisos debido a que se centraron únicamente en las emisiones de carbono de esta industria.

Kaveh Madani, uno de los autores del trabajo e investigador de la ONU, señaló que la información actual es un llamado de atención importante y exigió mayor transparencia por parte de las compañías del rubro. Sin embargo, el especialista aclaró que el informe no busca demonizar a la IA —a la que considera una tecnología beneficiosa para la humanidad— sino que se trata de un “llamado a usarla de manera responsable y abordar de forma proactiva sus impactos”.

“Tenemos un plazo limitado para asegurar que la base de la revolución tecnológica de nuestra era se desarrolle dentro de los límites planetarios, y que las comunidades que proporcionan los minerales esenciales para el avance de la IA, así como las que albergan su infraestructura y gestionan los residuos electrónicos, también se beneficien de ella”, declaró Madani.

Criterios ignorados

La huella ambiental que tanto preocupa a la ONU evalúa el impacto de un producto, servicio, entidades e individuos sobre la naturaleza. Esta comprende la afectación de los recursos hídricos, la extracción de materias primas, el uso productivo del suelo y la huella de carbono, entre otros elementos.

En primera instancia esta analiza la huella hídrica, que mide el volumen de agua dulce que se consume o evapora durante una actividad y el estrés hídrico causado en la zona de la que se extrae el agua. Esto va acompañado de la revisión del uso del suelo, la afectación sobre su fertilidad y la recuperación de los procesos biológicos que se producen dentro de este, sumándose a esto la velocidad a la que se extraen y consumen recursos minerales e hidrocarburos.

El otro gran apartado que analiza la huella ambiental es el impacto en la atmósfera a través de la emisión de gases de efecto invernadero, el agotamiento de la capa de ozono y la acidificación, que puede producir lluvias ácidas y alterar el pH del agua o los suelos.

Un tercer frente que se mide es la contaminación de los ecosistemas por la liberación de sustancias que afectan la salud de plantas, animales y microorganismos; sin embargo, también se estudia que esto provoque la proliferación descontrolada de estos seres vivos. Esta evaluación también incluye el daño de diversas actividades sobre los seres humanos.

La ONU sostiene que la masificación de la inteligencia artificial en el uso personal y corporativo ha llegado acompañada de una enorme demanda de recursos que ha pasado desapercibida de forma sistemática.

El ente multinacional explica que solo se han contabilizado las emisiones de carbono, y que el consumo energético, la huella hídrica y la contaminación han sido factores ignorados de forma sistemática en los años previos. Naciones Unidas menciona explícitamente que “bajo en carbono” no es lo mismo que “bajo en agua y tierra” y que en los criterios previos las “tres huellas no se movían en la misma dirección”.

En este momento se estima que la IA generativa supone el 20% de la industria global de IA, pero que para el 2030 supondrá el 40% de este mercado. Estos números se corresponden exactamente con el uso que tendrá la inteligencia artificial en los centros de datos, que pasará del 20% actual a un 40% dentro de cuatro años.

Lo problemático es que los procesos relacionados a la IA demandan una cantidad de elementos considerablemente mayor que la de los tradicionales.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) indicó en enero que una consulta a un asistente de inteligencia artificial requiere diez veces más electricidad que una búsqueda simple en Google y estimó que en el 2025 esta industria liberó a la atmósfera la misma cantidad de dióxido de carbono que la ciudad de Nueva York durante ese mismo año.

(Foto de Igor Omilaev en Unsplash)

(Foto de Igor Omilaev en Unsplash)

El reciente reporte de las Naciones Unidas se mantiene en la misma línea, pues según este la infraestructura de IA podría gastar tanta electricidad como 650 millones de personas.

El requerimiento eléctrico de los centros de datos en el presente es de 448 teravatios hora, ligeramente inferior al de Francia (468 TWh) y por delante de Arabia Saudita (422 TWh). Si estos servidores fueran un país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad en el mundo; no obstante, la demanda energética de los centros de datos podría llegar a duplicarse en los próximos cuatro años hasta llegar a los 945 TWh y representaría casi el 3% del gasto eléctrico global.

Un centro de datos en Iowa. La expansión de la infraestructura para la inteligencia artificial está dejando una huella cada vez mayor en el medio ambiente y el cambio climático. Foto: Google

Un centro de datos en Iowa. La expansión de la infraestructura para la inteligencia artificial está dejando una huella cada vez mayor en el medio ambiente y el cambio climático. Foto: Google

La gestión del recurso hídrico converge con la eléctrica en los centros de datos donde funcionan estos sistemas, debido a la necesidad de complejos sistemas de refrigeración para combatir el calor que produce semejante uso de energía. Aunque se pueden emplear sistemas de aire acondicionado o incluso llevar los servidores a zonas cercanas al círculo polar, el consumo de agua dulce está ampliamente extendido.

En el 2025 se estimaba que generar un texto de solo 100 palabras en ChatGPT consumía más de medio litro de agua, mientras que crear una imagen con IA con DALL-E 3 requería entre 0,5 y 3,45 litros por cada imagen generada, aunque se podía necesitar hasta 17 litros en cinco intentos. Los videos cortos suponen un salto importante, al emplear 2 litros de agua por un video de cinco segundos y cerca de 30 litros por uno de un minuto.

La ONU ha señalado que la huella hídrica asociada al entrenamiento del modelo GPT-4 de OpenAI es de unos 600 millones de litros. Esto sería suficiente para cubrir las necesidades mínimas anuales de agua potable de 81.000 personas en el África subsahariana, o para llenar 237 piscinas olímpicas.

El adiestramiento de GPT-5 va mucho más allá y se calcula que su huella hídrica ascendería a 1.000 millones de litros.

Un grupo de personas observa un centro de datos de IA en el stand de SK networks durante el MWC (Mobile World Congress), la mayor feria de telefonía móvil del mundo, en Barcelona el 3 de marzo de 2025.

Un grupo de personas observa un centro de datos de IA en el stand de SK networks durante el MWC (Mobile World Congress), la mayor feria de telefonía móvil del mundo, en Barcelona el 3 de marzo de 2025.

/ MANAURE QUINTERO

Todo este consumo solo comprende a una empresa de IA y se espera que este aumente con modelos posteriores, siendo la proyección actual que la industria de la inteligencia artificial en general consumirá la misma cantidad de agua que 1.300 millones de personas para el fin de la década al ritmo actual.

A estos desafíos se añade la construcción de más centros de datos y otros proyectos energéticos relacionados, que de manera conjunta ocuparán una superficie de 14.500 kilómetros cuadrados, cifra que duplica la extensión del área metropolitana de Yakarta (Indonesia), una ciudad con 10 millones de habitantes.

Esto va de la mano con una generación masiva de residuos electrónicos, que podía llegar a los 2,5 millones de toneladas métricas anualmente debido a que hay una alta tasa de obsolescencia en el hardware sobre el que corre la inteligencia artificial.

Finalmente, los especialistas alertan sobre la brecha social e incluso geopolítica alrededor del rubro, con buena parte de la capacidad de IA concentrada en unas cuantas corporaciones y países. Paradójicamente, los territorios del llamado “Sur Global”, de donde se extraen materias primas críticas para esta tecnología, enfrentan los daños ecológicos de esta explotación y no tienen soberanía en inteligencia artificial.

“La IA ofrece un potencial extraordinario, pero cumplir esta promesa de forma responsable requiere un cambio sistémico”, argumenta la ONU en su estudio.

Una impresionante y potente explosión destruyó por completo la fábrica de pirotecnia «Lourdes» en la zona de Salina, al norte de Malta. El brutal estallido se registró a tempranas horas y generó una gigantesca e imponente columna de humo negro que pudo ser vista desde casi cualquier punto de la isla mediterránea. La fuerza de la onda expansiva fue tan destructiva que sacudió viviendas y rompió ventanas a kilómetros a la redonda. Afortunadamente no se registraron víctimas mortales, dejando únicamente el reporte de dos heridos leves en campos cercanos.

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