Amor en tiempos de ‘scroll’ por Paul Thorndike | Opinión | EsHoy

“Oye, ¿tu abuelo no tenía tele, no?”, decíamos en broma cuando alguien contaba que en su familia habían sido diez hermanos. Nos reíamos, porque sonaba a explicación absurda y perfecta a la vez. Resulta que la broma estaba más cerca de la verdad de lo que creíamos.

Aquellos tiempos no eran solo de menos pantallas: eran tiempos en que aburrirse era inevitable, y aburrirse, sin darnos cuenta, llevaba a encontrarse. Primero llegó la radio. Después, la televisión. Cada una le robó horas a los espacios de socialización entre personas. Pero el smartphone fue brutal: portátil, solitario, diseñado para hacer ‘scroll’ infinito. Y con él se fueron diluyendo esas conexiones sociales que llevaban a encontrarse, conocer a alguien, enamorarse, convivir, formar una familia.

Hace pocos días leí un reportaje del Financial Times con datos demoledores. En más de dos tercios de los 195 países del mundo, la tasa de fertilidad ya cayó por debajo de los 2,1 hijos por mujer, el mínimo para que una población no se reduzca. En 66 países, el promedio está más cerca de uno que de dos hijos por mujer.

Hay varios sospechosos: vivienda, educación, ingresos, precariedad. Pero ninguno alcanza, por sí solo, para explicar una caída tan global y simultánea, en países ricos y pobres, con economías estables o golpeadas.

El dato más revelador es el momento. La caída empezó en Estados Unidos, Reino Unido y Australia alrededor de 2007. En Francia y Polonia, hacia 2009. En México e Indonesia, hacia 2012. En Nigeria y Senegal, entre 2013 y 2015. Cada quiebre coincide, casi sin excepción, con la llegada masiva del smartphone a ese mercado. Y no se trata solo de una sospecha elegante: investigadores de la Universidad de Cincinnati encontraron que, dentro de un mismo país, los nacimientos cayeron primero y más rápido en las zonas que antes recibieron conectividad 4G.

El punto no es que los jóvenes hayan dejado de querer tener hijos. Es que cada vez menos llegan siquiera al paso anterior: formar parejas duraderas. Para casarse, convivir o construir una vida con alguien, primero hay que encontrarse. Y para encontrarse, hay que salir del pequeño altar luminoso que llevamos en el bolsillo.

Pero no es exclusivo de los solteros. La intimidad también se está erosionando en relaciones establecidas. El Wheatley Institute encuestó en 2023 a 2.000 parejas casadas de entre 18 y 55 años. El 37% dijo que su cónyuge estaba en el celular cuando ellos preferirían conversar. Las parejas con “adicción al smartphone” tenían 70% menos probabilidad de declararse felices en su matrimonio. Solo el 44% tenía relaciones sexuales una vez por semana o más; casi una de cada cuatro no las tuvo en los últimos 12 meses, o las tuvo apenas una o dos veces.

Los celulares terminaron siendo el experimento social involuntario más grande de la humanidad.

Apenas estamos empezando a entender lo que este experimento le está costando a la humanidad. Lo vemos en cómo aprendemos, en cómo nos vinculamos y, ahora también, en cuántos hijos llegan a nacer.

La televisión llegó hasta la sala. El smartphone llegó hasta la almohada.

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