Sea quien sea que gane las elecciones presidenciales, posiblemente se tomará un tiempo para implementar decisiones claves luego de asumir el mando el 28 de julio. Es normal que transcurran algunos meses, cuajen los equipos, se acumule información y se midan fuerzas políticas antes de lanzarse por un camino u otro.
Sea quien sea que gane las elecciones presidenciales, posiblemente se tomará un tiempo para implementar decisiones claves luego de asumir el mando el 28 de julio. Es normal que transcurran algunos meses, cuajen los equipos, se acumule información y se midan fuerzas políticas antes de lanzarse por un camino u otro.
El caso de Petro-Perú, sin embargo, puede ser una excepción. La petrolera estatal atraviesa una situación crítica, y no hay tiempo para mucho. Las deudas se acumulan, los bonos se vencen y las líneas de crédito no son infinitas. Por eso es especialmente importante analizar la posición de ambas propuestas políticas desde ahora.
De acuerdo con un informe publicado ayer en este Diario por el Instituto Peruano de Economía (IPE), la posición de Fuerza Popular es continuar con la reorganización que se impulsó en el Decreto de Urgencia 010-2025. Algunos de los puntos claves aquí son la participación progresiva de capital privado, evitar cualquier nuevo rescate financiero a cargo de los contribuyentes y concentrar la actividad de Petro-Perú en la refinación (sin entrar, por ejemplo, a la exploración).
Juntos por el Perú, por su lado, ve en Petro-Perú el modelo a seguir para otros sectores de la economía. En su plan de gobierno, por ejemplo, denuncia que la actual Constitución “maniata al Estado para que pueda tomar iniciativas estratégicas en relación con la gestión empresarial de los recursos estratégicos de la Nación”. Para Roberto Sánchez y sus seguidores, los recursos naturales deberían ser explotados por empresas estatales.
La historia demuestra que este sería un tremendo error. Petro-Perú se ha convertido en un pasivo fiscal considerable para el país dada su lamentable gestión plagada de incompetencia, interferencia política e intereses internos. De acuerdo con el IPE, Petro-Perú acumularía 13 años consecutivos de resultados negativos de no ser por el constante apoyo estatal. No es muy diferente de lo que sucedió con varias otras empresas públicas peruanas en décadas pasadas. No obstante, el planteamiento de Juntos por el Perú parece ser expandir este modelo a otras actividades económicas. En su plan de gobierno, toma aquí como referencia a China, Vietnam y Rusia.
Las soluciones al problema de Petro-Perú no son fáciles. Todas involucran distintos niveles de costo y riesgo. Pero lo que sí queda claro es que su modelo ha fracasado y que lo último que se debería ensayar es mantenerlo como está para luego expandirlo a otras actividades. Y, sin embargo, eso es exactamente lo que propone una de las opciones políticas que pide hoy nuestro voto.












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