Los recientes titulares sobre la guerra en Irán y la cumbre del presidente Donald Trump y su colega chino Xi Jinping opacaron una noticia mucho más importante por su posible impacto futuro: la ola de despidos masivos atribuidos a la inteligencia artificial (IA).
Meta anunció que está despidiendo al 10% de su personal, unas 8.000 personas, por su creciente uso de la IA. Oracle dijo que está despidiendo a unos 30.000 empleados, o el 18% de su fuerza laboral, como parte de su plan de reemplazar tareas con IA. Microsoft, Walmart, KPMG y decenas de otras empresas han anunciado recortes parecidos.
Según el banco de inversiones Goldman Sachs, la IA pondrá en riesgo unos 300 millones de empleos en el mundo en los próximos diez años. La IA también creará muchos trabajos nuevos, pero la gran pregunta es si serán suficientes para compensar los que se perderán, dice el banco.
Elon Musk ha pronosticado que, gracias a la IA, el trabajo se volverá “optativo”. Según él, la automatización aumentará la productividad y permitirá un ingreso básico universal. ¿Hasta qué punto son ciertos estos augurios de desempleo tecnológico?
Hay que tomar estos vaticinios con cautela. Muchos magnates tecnológicos como Musk tienen un interés en promover la idea de que la IA reemplazará casi todos los trabajos y que las empresas que no adopten sus plataformas ‘premium’ están condenadas a desaparecer.
También es posible que muchas empresas tecnológicas estén despidiendo gente porque contrataron demasiados empleados durante la pandemia, y ahora estén usando la IA como un pretexto para reducir personal.
Sin embargo, Carl Benedikt Frey, el economista de la Universidad de Oxford que se hizo famoso al pronosticar en el 2013 que un 47% de los empleos estaban en riesgo de ser automatizados, me dijo que sigue creyendo que la IA eliminará más empleos de los que creará.
Cuando se inventó el auto producido en serie a principios del siglo pasado, eliminó los trabajos de los fabricantes y choferes de carretas, pero creó muchísimos más empleos en fábricas automotrices, talleres mecánicos, y en la construcción de caminos y puentes de asfalto. Pero cuando surgió la computadora personal a fines del siglo pasado, no se generaron tantos empleos como con la industria automotriz, señaló.
“En los últimos dos años se ha ampliado el número de tareas automatizadas”, me dijo Frey. “Esto se convertirá muy pronto en un tema de preocupación política”.
David Autor, economista del Massachusetts Institute of Technology especializado en el futuro del trabajo, es menos pesimista. “Debemos prepararnos para adaptarnos a la IA, pero no creo que debamos estar aterrorizados”, comentó.
Autor agregó que “la IA nos obligará a cambiar gran parte de nuestro trabajo, y puede que eso pase más rápidamente que en otros períodos, pero no creo que signifique el fin del trabajo”.
Ambos economistas coinciden en algo: la IA comete muchos errores y los seguirá cometiendo. Por eso, harán falta seres humanos preparados para supervisarla. Y el principal atributo de esos humanos será tener pensamiento crítico, para poder detectar cuando las máquinas inteligentes se equivocan, me señalaron.
El problema, agregaría yo, es que la IA, las redes sociales y la adicción a las pantallas están erosionando justamente esa capacidad de pensar que tanto vamos a necesitar en el futuro para poder detectar las equivocaciones de la inteligencia artificial.
—Glosado y editado—
©El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Content Agency, LLC.










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