Cuando Rodrigo Paz fue elegido presidente de Bolivia, sabía que la luna de miel sería muy corta y que desde el primer minuto todos sus actos serían observados a la distancia por Evo Morales, quien no dudaría en aprovechar el primer traspié para ir por él.
Cuando Rodrigo Paz fue elegido presidente de Bolivia, sabía que la luna de miel sería muy corta y que desde el primer minuto todos sus actos serían observados a la distancia por Evo Morales, quien no dudaría en aprovechar el primer traspié para ir por él.
El mandatario no la tenía fácil. Recibió un país con una acuciante crisis económica y que pedía soluciones urgentes a necesidades básicas. Después de la bonanza de los hidrocarburos, el país que exportaba combustible a diestra y siniestra se quedó sin gasolina ni diésel, y sin reservas en las arcas del Estado. Paz debía reconstruir la economía de Bolivia y la confianza de los ciudadanos. Y eso no se podía hacer de la noche a la mañana.
Seis meses han pasado y la tregua se terminó. Desde hace varias semanas, miles de campesinos, mineros y sindicalistas ocupan las calles de La Paz con una serie de reclamos que han derivado, finalmente, en exigir la renuncia del mandatario. Aunque el presidente ha anunciado esta semana cambios en su Gabinete y el establecimiento de un Consejo Económico y Social, que servirá para dialogar con organizaciones de la sociedad civil, la tensión aún está lejos de disiparse. La Paz sigue sometida a constantes bloqueos, mientras los alimentos escasean y los precios siguen por las nubes.
Cuando Paz llegó al gobierno, eliminó los subsidios a los combustibles, una medida populista que mantuvieron tanto Morales como Luis Arce y que dejó un importante forado fiscal. Para los bolivianos, era claro que esos subsidios se iban a terminar. Sin embargo, nadie esperaba que la gasolina luego se vendiera adulterada y causara severos daños a los motores de los vehículos.
El escándalo de la ‘gasolina basura’ fue uno de los factores que gatillaron las protestas, que se sumó al de la Ley 1720, una especie de reforma agraria que buscaba convertir pequeñas propiedades rurales en tierras medianas. Los agricultores entendieron que esta norma buscaba beneficiar a los latifundistas, sobre todo a los empresarios dedicados a la agroindustria (y que ahora tienen puestos claves en el Ejecutivo). En un país donde los movimientos campesinos sí tienen fuerza, esta ley no se dejó pasar, y el presidente debió dar marcha atrás.
Pero el descontento ya se había instalado y el escenario se configuró idealmente para que Evo Morales empezara a mover sus hilos. Cierto es que el exmandatario ya no es la figura representativa de antes, y que no puede salir del Chapare porque tiene una orden de aprehensión, pero su influencia sigue siendo importante entre los sectores que son capaces de bloquear carreteras y ahorcar ciudades. Rodrigo Paz sabe que camina en la cuerda floja, así tenga el aval de Estados Unidos.













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