En el 2025 bajamos 1,9% el nivel de pobreza luego de haber crecido 3,4% ese año. Si creciéramos 8% al año –como podríamos si recuperamos la estabilidad política y ejecutamos reformas estructurales–, reduciríamos la pobreza entre cuatro y cinco puntos por año. Ya lo hicimos. Pero para eso no podemos elegir una opción que, en el mejor de los casos, repetiría los daños causados por Pedro Castillo.
Él es el responsable de que luego de seis años de la pandemia sigamos con un nivel de pobreza muy superior al que teníamos antes de ella. El modelo económico consagrado en la Constitución del 93 produjo la hazaña histórica de reducir la pobreza de 60% a 20,2% en el 2019. Ahora estamos en 25,7%, siete años después, mientras casi todos los países de la región ya lograron recuperar los niveles prepandemia y reducirlos aún más. Eso se explica porque en el 2021 elegimos a Pedro Castillo que, si bien no pudo aplicar todo el plan que ahora vuelve a proponer Sánchez, bastó con lo que hizo para ahuyentar las inversiones y deteriorar los servicios públicos, que no funcionan.
Necesitamos y podemos recuperar el tiempo perdido y pasar a un nuevo ciclo de alto crecimiento y acelerada reducción de la pobreza. Las cifras que tenemos señalan el rumbo. El departamento con menos pobreza es Ica, con apenas 4,5%, nivel incluso menor al europeo. Ica es la meca de la agroexportación, del sistema laboral flexible, de la expansión del trabajo formal. Allí está el camino. Tenemos también a Moquegua y Arequipa con muy baja pobreza, gracias a la gran y mediana minería. Una región tradicionalmente muy pobre como Apurímac tiene mucho menos pobreza que ¡Lima Metropolitana!, gracias también a la minería.
Sin embargo, el plan de gobierno de Sánchez propone ajustar el régimen de concesiones mineras, nacionalizar recursos naturales y estratégicos, subir aún más impuestos a la minería y renegociar los TLC que permiten el auge agroexportador. ¡Ataca las palancas del crecimiento y la reducción de pobreza!
Claro, hay un modelo alternativo, que podría terminar siendo el de Sánchez: es el que se expresa en Madre de Dios, que tiene un nivel de pobreza también muy bajo, 7,3%, pero gracias a la minería ilegal, el narcotráfico y la tala ilegal. Asimismo, es posible que el dato sorprendente de que la pobreza en el sector rural de la sierra y la selva haya caído apreciablemente con relación al 2019, mientras en Lima y en las zonas urbanas se ha incrementado fuertemente, se deba en parte también al crecimiento de esas actividades ilegales en dichas zonas rurales.
La otra explicación es que el único sector que el gobierno de Vizcarra no cerró durante la pandemia fue el agropecuario. En cambio, la destrucción de las economías formales e informales en las ciudades ocasionó un colapso del cual aún no se terminan de recuperar.
La única manera de hacerlo es desregulando profundamente para permitir que los emprendimientos prosperen y se formalicen. Algo que está en la propuesta de Fuerza Popular.
No podemos desperdiciar la gran oportunidad de volver a crecer a gran velocidad para rescatar a la cuarta parte de los peruanos de la pobreza.












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