Corría el año 2017 en una Venezuela marcada por el acoso a la prensa independiente, la persecución a corresponsales y la censura de múltiples emisoras, portales y periódicos, cuando tres jóvenes comunicadoras decidieron montarse en un autobús y comenzar a leer las principales noticias a viva voz.
“La primera noticia que dieron fue que se cumplía 10 años desde el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV). Yo estaba en segundo ciclo de la universidad y vi por Twitter (hoy X) lo que hicieron Laura Helena Castillo, Claudia Lizardo y Abril Mejías Romhany. De inmediato dije: ‘yo quiero montarme ahí’”, cuenta a El Comercio María José Dugarte Bernal (28) mientras espera una taza de café en el centro de Berlín.
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La joven comunicadora social se encuentra en la capital alemana como uno de los seis periodistas latinoamericanos seleccionados por el International Journalists’ Programmes (IJP) para participar de un programa de intercambio profesional en medios alemanes.
A fines de abril, además, Dugarte fue incluida en la lista de 25 finalistas de los Stringer Awards 2026, un galardón diseñado para reconocer la labor de reporteros que ejercen su profesión en entornos de alta peligrosidad, amenazas legales o precariedad económica.
A Majo, como la llaman sus colegas, le tomaría dos años montarse en El Bus. Pero su relación con el periodismo empezó desde mucho antes. “Yo siempre quise ser artista, me gustaba la fotografía. Pero creo que todos los periodistas tenemos una vena y pasa algo en tu vida que te termina llevando a eso. En mi caso, como a muchos de mi generación, fueron las protestas que vimos desde que nacimos”, relata.
Desde que tiene conciencia el chavismo controla Venezuela. Su barrio, ubicado en una zona popular de Caracas, era territorio dominado por el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y gran parte de su familia simpatizaba con el hoy fallecido dictador.
“Chávez era una figura que tú veías en tu entorno, pero pasaban cosas que te hacían entender o presumir que había algo extraño con esta figura. Mientras buena parte de tu familia estaba bien, otra parte estaba mal y alguna más estaba siendo perseguida o amenazada por tener una diferencia política”, explica.
Sería en el 2014 cuando las dudas y cuestionamientos de la joven comenzarían a transformarse en indignación y activismo. “Estaba en tercer o cuarto año de secundaria y empecé a compartir información en redes sociales porque me indignaba ver cómo mataban a muchachos que podían ser mis hermanos, mis primos. Yo todavía no olvido cómo me sentí y cómo se sentía en mi casa cuando mataron a Bassil Dacosta”, recuerda.
Con solo 23 años, Dacosta fue un universitario que se convirtió en el símbolo de las protestas callejeras luego de ser asesinado el 12 de febrero del 2014 debido a un disparo en la cabeza hecho por presuntos miembros de cuerpos de seguridad del Estado. En los tres meses de estallido social que le sucedieron se contabilizaron al menos 42 muertes más, 486 heridos, 1.854 detenidos y 33 casos de tortura, según organismos como el Foro Penal Venezolano.

El estudiante Bassil Da Costa fue asesinado el 12 de febrero del 2014 durante una protesta contra Maduro. (AP Photo/Alejandro Cegarra).
/ Alejandro Cegarra
A dicha tragedia le siguieron años aún más duros, según recuerda Majo. “Se pasó mucha hambre. Nosotros comíamos y estábamos quizás un poquito mejor, pero esa fue la temporada de mangos y sardinas”, rememora.
Mientras esto pasaba, Nicolás Maduro ironizaba en cadena nacional sobre los beneficios de la ‘dieta de Maduro’.
“Era horrible porque la gente se moría de hambre, ¿cómo pudo decir eso? Sabiendo que había gente que se estaba muriendo, sabiendo que había niños que revisaban la basura intentando encontrar algo. Del hambre no te puedes burlar, porque nadie debería pasar hambre“, lamenta Dugarte.
La crisis que enfrentó por aquellos años el país caribeño fue clave en la diáspora. La Organización Internacional de Migraciones estima que el número de migrantes y refugiados venezolanos en el extranjero pasó de 700 mil a 1’600.000 en solo dos años, entre el 2015 y el 2017.
“Mientras todo eso ocurría toda tu familia se iba. Y tú te debates. ¿Me quedo? ¿Me voy?“, recuerda. ”Yo me quedé porque mi mayor miedo siempre fue no poder estudiar. Para mí, estudiar y trabajar es la única forma para tener oportunidades en la vida“.
Pero Majo no solo se quedó en Venezuela, sino que en el 2019, cuando le tocó elegir la rama en la que especializarse, optó por el periodismo en un país que, en ese momento, se encontraba en el puesto 147 de 180 en el ránking de Reporteros Sin Fronteras.
“Me debatí por mucho tiempo porque periodismo en Venezuela era sinónimo de censura, persecución del gobierno… muerte. Pero al final dije que quería hacer esto, me gustaba más de lo que temía. Así que cuando me tocó hacer mi servicio comunitario obligatorio les escribí a El Bus TV para hacerlo con ellos. Dos amigas también se sumaron, nos aceptaron y nos asignaron una ruta nueva que iba por la Avenida San Martín, al oeste de la ciudad, zona que por entonces tenía una tendencia más oficialista. Nos dio mucho miedo porque qué pasaba si se montaba la policía o si los demás nos rechazaban”, relata.
Pese al miedo, el grupo se subió al bus, armadas con una cartulina que emulaba el marco de una televisión y mucha información que no había pasado por el estricto filtro oficial.

Armados con cartulinas y las últimas noticias del barrio, los jóvenes se montan en los autobuses para informar a la población.
/ El Bus TV
“Y pasó algo muy especial: los pasajeros nos dieron las gracias. Nos dijeron que hace mucho no llegaban las noticias. Lo que recuerdo de esa primera noche es que yo dije, si yo voy a hacer periodismo tiene que ser así. Y no por el hecho de montarse en el bus, sino porque es un espacio que me permite estar cerca de la gente y escuchar su opinión”, asegura.
Desde entonces, Majo ha seguido abordando buses, coordinado grupos de redactores, editado textos, manejado las redes sociales. Todo lo que necesite el bus para seguir avanzando. ¿Pero cómo funciona este formato tan particular?
“El guion más largo puede durar unos cuatro minutos y medio. Mientras que uno corto dura tres minutos o poco menos. Hay guiones temáticos, tocamos algunos temas duros como violencia de género o abuso sexual, también noticias internacionales y nacionales, pero la mayoría son noticias hiperlocales y de utilidad; es decir, lo que sucede en tu barrio”, explica antes de enumerar ejemplos como “¿la vecina abrió un café donde venden tortitas? Lo tenemos, los vecinos dicen que son muy buenas y deberías ir a verlas. ¿El ambulatorio de la esquina tiene una jornada de vacunación mañana? Te lo contamos. ¿Hay una calle cerrada? También te lo diremos“.
Toda esta información, asegura, llega de una nutrida red de informantes callejeros que han ido cosechando con los años y de la gran cantidad de colaboradores que, en palabras de Majo, los ha convertido “en uno de los medios más grandes del país”.
“Siempre decimos que somos muy grandes, pero que no parecemos muy grandes, porque si tú cuentas quiénes están en la oficina central somos apenas seis, pero a la vez estamos en 10 estados del país, más de 300 estudiantes se han montado a hacer su servicio comunitario con El Bus TV y hemos hecho alianza con los medios independientes de Venezuela para difundir las noticias que ellos reportan”, detalla.

Más de 300 universitarios venezolanos han realizado su servicio comunitario obligatorio en El Bus TV.
/ El Bus TV
Evidentemente, no todo el camino ha estado libre de riesgos. Dugarte asegura que algunos colegas han sido hostigados y sabe de por lo menos dos personas que fueron directamente amenazadas por informar bajo este formato. “En Trujillo, por ejemplo, un estado con un alto índice de represión, tuvimos que detener todas las salidas porque el riesgo de que te metieran preso era muy grande. No era solamente que estaban pendientes los del gobierno, sino que había gente que soplaba”, recuerda.
Según Majo, la represión recrudeció en el país luego de las elecciones del 2024, señaladas como ilegítimas por la comunidad internacional y que empujó al exilio a los líderes opositores Edmundo González y María Corina Machado. “Después de las elecciones detuvieron a más de 2.000 personas, hubo estados donde la represión y las detenciones fueron mayores”, dice.
Además, contrariamente a lo que se especulaba inicialmente, la captura de Nicolás Maduro no cambió en lo más mínimo la situación en el país. “Yo veo las mismas caras (en el poder). En Venezuela hay más de 110 medios de comunicación bloqueados en internet, no hay diarios impresos. Los primeros dos meses sentías que había más espacio para reportear, pero luego las cosas han sido muy diferentes: en abril casi no hubo excarcelaciones de presos políticos, tienes un país con más de 20 periodistas presos y a los que se les negó la solicitud de amnistía”, resume.
A pesar de todo esto, asegura, no piensa desistir en el oficio porque “la gente en Venezuela, y en cualquier parte del mundo, merece buenas noticias. Pero más allá de eso, los ciudadanos merecen en quién confiar”.
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Este artículo fue elaborado por Renzo Giner Vásquez desde Berlín, como parte del programa de intercambio del IJP 2026.













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