Del Patient Centricity al Patient Partnership

Elisenda de la Torre, fundadora y Patient Advocacy de Paciente360.org, y Eli García, fundadora de Beon4Health y activadora estratégica.
Durante años hemos repetido que el paciente está en el centro aún que ya hace años que se promueve la participación de los pacientes como partnership. La afirmación es incuestionable en lo retórico. Mucho menos en lo estructural. La pregunta relevante ya no es si el paciente importa. La pregunta es: ¿en qué decisiones concretas participa realmente y con qué capacidad de influencia?

En la última década, el discurso ha evolucionado de forma significativa. Conceptos como shared decision-making, patient experience, patient-reported outcomes (PROs) y patient engagement forman parte del lenguaje habitual en el entorno farma y regulatorio. Esta transformación no es únicamente semántica.

La Organización Mundial de la Salud lleva años defendiendo el modelo de people-centred care como condición necesaria para sistemas sanitarios sostenibles. Paralelamente, la FDA ha desarrollado el marco de Patient-Focused Drug Development, integrando de forma sistemática la perspectiva del paciente en el desarrollo de medicamentos. En Europa, la EMA ha reforzado su política de interacción con pacientes y consumidores en la evaluación beneficio-riesgo.

“Participar no equivale a decidir. Escuchar no implica compartir poder”

Estos avances son relevantes. Han modificado la definición de necesidades no cubiertas, la selección de determinados endpoints clínicos y la legitimidad de decisiones ante reguladores y pagadores. Sin embargo, existe una tensión estructural que conviene explicitar: participar no equivale a decidir. Escuchar no implica compartir poder. Medir experiencia no garantiza que pese en la decisión final.

En numerosos procesos, el paciente sigue incorporándose tarde, cuando las decisiones estratégicas clave ya han sido tomadas: diseño de protocolos, definición de variables primarias, modelos de atención o posicionamiento terapéutico.

Hay que poner también de manifiesto que ya hay pacientes lo suficientemente profesionalizados (Patients Advocacy) que están aportando metodología sobre participación como un partner más.

La irrupción de la IA: acelerador y espejo

La expansión de la inteligencia artificial y de las tecnologías digitales ha añadido una nueva capa de complejidad al debate. Actualmente es posible: analizar PROs y datos de vida real a gran escala; capturar experiencia del paciente de forma longitudinal y continua; desarrollar herramientas de soporte a la decisión clínica, y personalizar información y seguimiento terapéutico.

Desde una perspectiva técnica, la capacidad de integración de la voz del paciente es mayor que nunca. Sin embargo, la tecnología no es neutral. Los sistemas de IA aprenden de datos históricos y los algoritmos los creamos las personas. Si en la programación o en los datos se reflejan desigualdades, sesgos o limitaciones estructurales, la tecnología puede amplificarlos. Además, la digitalización puede incrementar la brecha de participación entre pacientes con mayor alfabetización digital y aquellos en contextos más vulnerables.

“La IA puede facilitar la participación, pero también convertir la voz del paciente en una variable cuantificable sin capacidad real de alterar la decisión”

La IA puede facilitar la participación, pero también puede convertir la “voz del paciente” en una variable cuantificable sin capacidad real de alterar la decisión, ya que se debe recoger también lo que realmente aporta valor para la persona. En este sentido, la tecnología funciona como un espejo: evidencia si la redistribución de poder es auténtica o meramente narrativa.

Regulación: de la narrativa a la exigencia

La evolución normativa refuerza esta transición. El nuevo marco europeo de inteligencia artificial, impulsado por la European Commission a través del denominado EU AI Act, establece obligaciones estrictas para sistemas de alto riesgo en salud: transparencia, trazabilidad, gobernanza y supervisión humana.

En paralelo, la revisión de ICH E8(R1) subraya la necesidad de considerar de manera más amplia las perspectivas de pacientes y otros stakeholders en el diseño de estudios clínicos. Estos desarrollos regulatorios transforman la conversación. La participación del paciente deja de ser una cuestión reputacional para convertirse en un elemento de diseño, gobernanza y rendición de cuentas. En este nuevo contexto, el discurso de Patient Centricity sin mecanismos verificables de integración real pierde solidez.

Lo que aún no se ha resuelto

A pesar del progreso, persisten desafíos estructurales:

  1. Participación tardía: el paciente rara vez interviene en fases tempranas de definición estratégica.
  2. Desbalance decisional: los criterios económicos, temporales o competitivos siguen prevaleciendo sobre métricas de experiencia cuando entran en conflicto.
  3. Brecha de participación: no todos los pacientes pueden contribuir en igualdad de condiciones.

El riesgo es que el sector adopte herramientas tecnológicas avanzadas sin revisar las dinámicas de poder subyacentes y que no se tenga ningún impacto en salud.

Más allá del centro: hacia la corresponsabilidad

La transición necesaria no es semántica, sino estructural. El paso siguiente no es perfeccionar la Patient Centricity, sino evolucionar hacia un modelo de Patient Partnership. Esto implica incluir la perspectiva del paciente en fases tempranas de diseño; integrar métricas de experiencia en procesos reales de decisión; establecer gobernanza clara sobre el uso de IA aplicada a datos de pacientes; reconocer la corresponsabilidad en decisiones que impactan directamente en la vida de las personas, y aprender a trabajar e integrar en los equipos a un nuevo tipo de profesional

El paciente ya no puede entenderse exclusivamente como destinatario del sistema sanitario. Debe considerarse actor con capacidad de influencia en decisiones que afectan a su tratamiento, su calidad de vida y su trayectoria asistencial. La IA y la regulación no resolverán por sí solas esta transición pero harán visible, de manera creciente, quién decide realmente. Y esa visibilidad obligará al sector a ir más allá del discurso.

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