El 13 de mayo, en Beijing, Trump descendió del Air Force One acompañado por altos funcionarios y una larga comitiva de empresarios, los más poderosos del planeta. Putin hace lo mismo este martes con una delegación integrada por 39 personas.
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Esta situación ha servido, por un lado, como propaganda para el régimen de Xi Jinping. Medios oficialistas chinos han calificado a este país como el actual “epicentro diplomático mundial”.
Y es que no solamente se trata de Estados Unidos y Rusia. China también recibió en los últimos meses a los líderes de Francia, Reino Unido, España, Irlanda y Canadá, entre otros.
Para el analista internacional Francisco Belaunde, “China quiere aparecer como el par de Estados Unidos”, en especial tras la visita de Trump. En cierto modo, afirma que es una realidad, y ello hace que Beijing se sienta empoderado.
“En parte es, pues, por el propio avance de China y, por otro lado, efectivamente, el propio Estados Unidos se ha debilitado un poco; eso se ve por ejemplo, con el hecho de que ya ha renunciado a su ‘soft power’ con la disolución de la Agencia de Desarrollo [USAID]. Entonces, todo eso hace que China se sienta en una mejor postura”, indica el analista a este Diario.
Además…
¿China, una señal de estabilidad?
Tras la reunión entre Trump y Xi Jinping, desde Alemania se destacó que ambas partes «han puesto de manifiesto que tienen interés en la estabilidad», en relación a los actuales conflictos. En esa línea, señala el analista Ramiro Escobar que existe la posibilidad de que China actúe como intermediario en el conflicto de Irán, lo mismo que podría ocurrir con Ucrania. Recordó que Beijing planteó un plan de paz para Ucrania al inicio de la guerra. «Estamos entrando a un proceso en el cual, curiosamente, parece que será China el país que salga mejor parado de este tiempo turbulento. Va a aparecer como una especie de garante de estabilidad de ese nuevo orden», apunta.

El analista Roberto Heimovits compara esta situación con un triángulo en el que, según indica, para algunos “China se habría colocado en el vértice superior”.
Pero hay otro punto en común entre Estados Unidos y Rusia: ambos llegan debilitados.
“Así como Estados Unidos ha ido debilitado a esta reunión con China debido a su fracaso, por lo menos temporal (no se sabe qué puede pasar, si las hostilidades se reanudan para derrotar a Irán y en reabrir el Estrecho de Ormuz), Rusia también va debilitada frente a China”, explica. Por un lado, debido a los cuatro años de guerra con Ucrania y, por el otro, porque Moscú se ha vuelto mucho más dependiente de Beijing.
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¿Y en qué consiste la fuerza de China?
Señala el analista Ramiro Escobar que el gigante asiático aplica la geoeconomía. Es decir, se basa en las relaciones comerciales, por lo que no le interesa que conflictos como los de Ucrania e Irán se mantengan activos.
“China es un país que hace geoeconomía, es decir, pretende ejercer influencia geopolitica a través de la economía. Por eso ha montado la estrategia de la franja y la ruta, que es una red de puertos y vías terrestres a través de todo el mundo para hacer más fluido su intercambio comercial”, anota el docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Los socios Putin y Xi Jinping
En este contexto, ¿qué puede conseguir Rusia de China?
Por un lado, la visita tiene un carácter diplomático con el aniversario 25 del Acuerdo de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre Moscú y Beijing (2001). Pero también hay un trasfondo económico.
Según la agencia de noticias EFE, Putin y Xi Jinping firmarán unos 40 acuerdos y una declaración conjunta sobre el fortalecimiento de su asociación y otra sobre el advenimiento de un nuevo orden mundial.

Vladimir Putin y Xi Jinping son socios bastante cercanos, tal es así que el mandatario ruso ha visitado una vez al año al país asiático. (Foto: AFP)
Aunque el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha señalado que la relación entre Rusia y China “va más allá del comercio y la economía”, hay un interés muy particular: la energía. Y es que uno de los puntos a debatir es el tendido del gasoducto de 2.900 kilómetros Fuerza de Siberia-2 para llevar gas a China a través de Mongolia. Esto puede ser una opción atractiva para China frente al bloqueo del estrecho de Ormuz.
Esto también puede ser un problema. Señala Heimovits que “Rusia se ha vuelto cada vez más dependiente de China para que esta le compre energía, le compre materias primas, le abastezca de productos industriales”.
Quizá por ello es que viajarán los jefes de los consorcios Rosneft, Ígor Sechi, y Gazprom, Alexéi Miller, tal como lo informó Yuri Ushakov, asesor de política internacional del Kremlin.
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Belaunde también considera que, si bien Rusia y China son socios, “es verdad que desde hace un tiempo China está compitiendo y le está quitando influencia a Rusia en varios países que fueron parte de la Unión Soviética”.
“China, efectivamente, tras la guerra con Ucrania y las sanciones occidentales a Rusia, en gran parte está casi colonizando la economía rusa, que es mucho más pequeña”, indica el docente de la Universidad de Lima.
¿Cómo queda Estados Unidos?
Los analistas señalan que la relación entre Estados Unidos y China resulta más ambigua, en comparación con lo de Rusia.
Señala Heimovits que, con la reunión entre Trump y Xi Jinping, “lo que se quería era estabilizar las relaciones, mejorar las fricciones comerciales, llegar a un acuerdo sobre Irán, sobre Taiwán y, aunque parezca un poco gaseoso, llegar a un acuerdo para manejar el aumento de la inteligencia artificial”.

Xi Jinping y Donald Trump, durante la visita oficial de Estados Unidos. (Foto: AFP)
¿Esto se cumplió? Es algo bastante dudoso, afirma el analista.
“Quizás lo único rescatable es que por primera vez desde el 2017 Trump y Xi Jinping se han reunido y por lo menos cabe esperar que cada uno ha entendido bien cuál es la posición del otro, qué puede ceder y cuáles son las líneas rojas de cada uno”, matiza Heimovits.
Aun así, Estados Unidos sigue destacando entre estas dos potencias, en especial frente a Rusia. Tiene mucha mayor fuerza económica y militar.
“Lo que pasa es que Rusia y Estados Unidos están en diversos conflictos [Ucrania e Irán] y eso les quita libertad de acción. En cambio, China no se ha metido de momento en uno de esos problemas, tiene más libertad de movimientos”, remarca.
A pesar de estar en un buen momento, afirma Heimovits que “eso no significa que China pueda conseguir lo que quiera”.












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