Pese al conflicto geopolítico entre Irán y EE.UU. e Israel, los mercados bursátiles –en particular el S&P 500– han mostrado una rápida capacidad de recuperación, alcanzando nuevos máximos históricos tras una caída inicial cercana al 8%. Este comportamiento no es una anomalía. El análisis histórico de crisis geopolíticas desde la Segunda Guerra Mundial muestra que, en promedio, los mercados registran correcciones moderadas (-7%) que se recuperan en menos de un mes y, posteriormente, presentan retornos positivos a 12 meses (+7,2%).
Analizar la evolución de largo plazo del mercado accionario de Estados Unidos resulta ilustrativo. A pesar de haber atravesado múltiples crisis y ciclos económicos, el balance ha sido positivo: durante los últimos 30 años, en más del 70% de los períodos, dicho mercado ha cerrado con retornos positivos. Además, entre 1960 y 2025, los mercados alcistas han sido más frecuentes y significativamente más prolongados que los bajistas, con duraciones promedio de 51 y 11 meses, respectivamente.
En conjunto, la experiencia histórica sugiere que los shocks geopolíticos suelen tener un impacto transitorio que está más asociado a episodios de volatilidad que a cambios estructurales en la tendencia de los mercados.
Regresando al mercado de valores estadounidense, su reciente resiliencia se explica por tres factores principales. Primero, la expectativa de que el conflicto no escale y que exista margen para una solución diplomática. Segundo, la percepción de que el impacto del encarecimiento del petróleo y de la mayor inflación en las utilidades corporativas será acotado, en medio de recientes resultados corporativos trimestrales mejores a lo esperado. Y tercero, el fuerte impulso de la inversión en inteligencia artificial, que está generando expectativas de mejoras relevantes en productividad y márgenes empresariales.
Y, si bien aún hay incertidumbre con relación al desenlace del conflicto y su impacto definitivo en la economía y en los fundamentos corporativos, si la historia se repite, deberíamos esperar que la situación se resuelva más temprano que tarde. Por lo tanto, mantener una visión de largo plazo, diferenciando entre ruido coyuntural y fundamentos económicos, sigue siendo clave para la toma de decisiones de inversión.
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