Quienes en la primera vuelta votaron por un postulante a la presidencia que resultó perdedor u optaron por el voto blanco o nulo tendrán que decidirse en la segunda por la candidatura que consideren “menos mala”. En este balance –al margen de la posibilidad de anular el voto o dejarlo sin marcar–, un ingrediente importante es cuál de los dos, Keiko Fujimori o Roberto Sánchez, le genera menos temores a cada quien.
Quienes en la primera vuelta votaron por un postulante a la presidencia que resultó perdedor u optaron por el voto blanco o nulo tendrán que decidirse en la segunda por la candidatura que consideren “menos mala”. En este balance –al margen de la posibilidad de anular el voto o dejarlo sin marcar–, un ingrediente importante es cuál de los dos, Keiko Fujimori o Roberto Sánchez, le genera menos temores a cada quien.
En general, está primando la polarización entre el miedo al “comunismo” o a la “extrema derecha”. Frente a Keiko Fujimori, los temores son su franco autoritarismo, su afán por restringir derechos individuales y sociales, y su propensión a controlar los poderes del Estado –en especial el Judicial– y organismos autónomos como la Junta Nacional de Justicia y el Tribunal Constitucional. Frente a Roberto Sánchez, su alianza con Antauro Humala, de reconocida conducta antidemocrática, así como la improvisación para gobernar, y la incertidumbre frente a la política económica; en síntesis, el riesgo de que se convierta en un Pedro Castillo II.
A los dos los seduce el poder, y ambos han demostrado un pragmatismo extremo cuando se trata de establecer alianzas políticas en el Parlamento. El fujimorismo se alió innumerables veces con Perú Libre, su enemigo acérrimo del 2021; y, sin sonrojarse, Sánchez votó con sectores de la derecha en favor de la minería informal e ilegal.
Por tradición familiar y gestión propia, Fujimori se caracteriza por su autoritarismo. No aceptó su derrota frente a Pedro Pablo Kuczynski y promovió su vacancia; controla el Parlamento desde el 2021, y así cooptó poderes autónomos del Estado.
Con Sánchez, se corre el riesgo de que priorice agendas favorables a pequeños grupos de su entorno o desate pugnas por una Constituyente sin tener claridad sobre qué cambiar ni los riesgos que esto implica en tiempos de regresión democrática global.
¿Están haciendo algo para reducir los temores? No. Ninguno quiere una “hoja de ruta”. Y su falta de interés muestra que ambos carecen de voluntad para hablarle al país en su conjunto y a quienes están evaluando cuál es su propio “mal menor”. Les está bastando con dirigirse a los suyos y a sus entornos más cercanos: Fuerza Popular a Renovación Popular y otros pequeños grupos de la derecha; y Juntos por el Perú a Ahora Nación y fuerzas menores, como Venceremos. No existe el resto del país. Aún evalúan, sin medir las consecuencias, que solo la polarización salvará al país.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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