Siendo ya oficial que Fujimori y Sánchez disputarán la segunda vuelta electoral, el país necesita empezar la discusión sobre los verdaderos problemas que enfrentamos. Seguir hablando solo de los candidatos y sus perfiles sin hablar de las urgencias y sus propuestas es, en el fondo, una forma de evadir la realidad.
El Perú necesita propuestas claras sobre cómo enfrentar la inseguridad ciudadana y el crecimiento de las economías ilegales. La mayoría de las cuales opera en zonas donde no existe Estado. Si bien Sánchez tiene entre sus filas a representantes directos de estas economías ilegales, ¿cuál es la propuesta concreta de Fujimori para enfrentarlas? Hoy cuando, de acuerdo con el Instituto Peruano de Economía, el 50% del oro que se exporta es ilegal, seguir prorrogando el Reinfo sin una estrategia clara de inclusión de los pequeños mineros artesanales y los mineros informales no es enfrentar el problema, es agrandarlo.
La pobreza persiste y se mantiene muy por encima de las cifras prepandemia, la precariedad de los servicios básicos y el hambre son asuntos que no pueden seguir siendo invisibles. Los resultados de la Enaho 2025 nos han enfrentado a una realidad que no podemos dejar de lado. Son 8,8 millones de peruanos los que viven en pobreza. Pero la pobreza se ha vuelto mayoritariamente urbana. Y es Lima la que concentra la mayor cantidad de población pobre del país. El 27% de limeños vive en condición de pobreza. Esto es más del doble que en el 2019. ¿Qué sucedió? Que el crecimiento económico ha sido mediocre y excluyente, y el empleo no está llegando a aquellas zonas donde se concentran los bolsones de pobreza. Y que nos hemos acostumbrado a vivir con más del 25% de la población en pobreza y esto ya no nos incomoda.
Pero no es solo pobreza, el 51% de los hogares en el Perú no tiene acceso a servicios básicos y 14 millones de peruanos enfrentan una inseguridad alimentaria moderada o severa. Es decir, ¡pasan hambre! Cuatro de cada diez hogares en el Perú se han quedado sin alimentos en los primeros meses de este año (IEP). Sin una alimentación adecuada difícilmente lograremos superar la persistencia de anemia y desnutrición.
Nuestro país se encuentra atrapado en lo que se conoce como la “trampa de ingreso medio”, es decir, si bien hemos logrado reducir pobreza extrema, nuestro crecimiento económico se ha ralentizado, a pesar de los precios actuales de los minerales y depende demasiado de la acumulación de capital físico y no logra sostener mejoras en productividad. Esto significa que, a pesar de lo avanzado, no hemos logrado consolidar las condiciones para convertirnos en una economía de ingreso alto. Es, además, un recordatorio de que crecer no basta: se necesita transformar la estructura productiva, invertir en educación, salud, y ciencia, y fortalecer nuestras instituciones y nuestra democracia. Pero cómo lograrlo, si hoy nueve de cada diez estudiantes que terminan la secundaria no logran los aprendizajes esperados en matemáticas y no entienden lo que leen.
Ninguno de estos problemas es nuevo. Pero quienes viven en pobreza y no logran satisfacer sus necesidades básicas no tienen la capacidad de exigirle al Estado mejorar servicios e invertir en programas que mejoren su calidad de vida. Pero desde el sector privado sí podemos ejercer un liderazgo ciudadano e impulsar una agenda de desarrollo a través de ‘think tanks’ y ‘do tanks’. Pero, sobre todo, podemos demandar a los dos candidatos un debate serio sobre el país que quieren gobernar. Lo que no podemos hacer es corrernos de la responsabilidad que tenemos.













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