Waldo Mendoza: “No hay manera que los índices de desarrollo humano mejoren sin crecimiento económico”

Waldo Mendoza, exministro de Economía y Finanzas y vicerrector académico de la PUCP, reconoce que el escenario que enfrenta la economía peruana en la actualidad es uno de mayor incertidumbre: en el frente externo, el conflicto en Medio Oriente persiste; y a nivel interno, la segunda vuelta electoral aún debe definirse. “Los inversionistas que quieren impulsar inversiones de largo aliento esperan, con tranquilidad, que el panorama se aclare”, anota. En esta entrevista, el economista opina sobre los desafíos más inmediatos.

Para poner en perspectiva, hay una variable importantísima para nuestras conexiones con el mundo: los términos de intercambio, que explica la relación entre los precios de exportación e importación. Cuando esa variable sube, es bueno para el país; cuando baja, es malo. Esa variable, el año pasado y este año, ha estado en sus niveles más altos desde 1948; desde tiempos de Odría. Es decir, el contexto externo ha estado buenísimo. En un contexto externo no tan bueno como este, pero parecido —el período 2003-2013— la economía peruana creció 6,2% anual y la inversión crecía 13% anual, a pesar de que los términos de intercambio habían subido solamente 5% por año.

No lo estaba. Ahora tenemos términos de intercambio que han subido en 12,5% anual entre el 2023 y el 2026, con los precios del oro y la plata en los cielos, y la inversión solo ha crecido 3% en promedio, y el PBI, en tanto, creció solo 2,5%. El contrafactual es que, si las cosas hubieran estado más o menos ordenadas, podríamos haber crecido a tasas muchísimo más altas que en ese período 2003-2013.

Los países avanzan cuando tienen un buen modelo de desarrollo. Un buen modelo es aquel amigable con el mercado, que además se beneficia de una buena coyuntura internacional —que ha estado buena— y de una gestión pública adecuada. La gestión pública es importantísima, y creo que ese elemento se ha debilitado fuertemente en los últimos años.

Se ha depreciado. Los ministros de Economía ya no cumplen el rol que cumplían antes. Los ministros sectoriales tampoco tienen el nivel que se necesita para manejar un país como este. En resumen, la gestión pública se ha “recontra” debilitado y eso explica, en parte, este resultado mediocre en términos de crecimiento económico.

Lima, 7 de mayo del 2026.

Lima, 7 de mayo del 2026.

/ HUGO PEREZ

Extrañamente, el contexto externo este año sigue buenísimo. Las cifras del primer trimestre indican que los términos de intercambio han subido bastante y las proyecciones del BCR y del MEF dicen que este año los términos de intercambio crecerán alrededor de 10%, que es un montón de crecimiento. Entonces, los vientos a favor todavía los tenemos. Lo que vendrá más adelante no se sabe. En este momento estamos en una etapa de incertidumbre: los inversionistas que quieren impulsar inversiones de largo aliento esperan con tranquilidad que el panorama se aclare para poder invertir. Las inversiones están un poco paralizadas este año.

Ese es el otro factor, además de la gestión pública, que está debilitando el comportamiento económico. Para invertir, los inversionistas necesitan tasas de rentabilidad altas y poder apropiarse de los frutos de esa rentabilidad. Ahora está pasando que esa “tasa de apropiación” está disminuyendo, tanto en las empresas pequeñas como en las grandes, de tal manera que el incentivo para invertir se está debilitando rápidamente. Entonces, entre una gestión pública deficiente y economías ilegales, con violencia y sicariato presentes, es bien difícil que crezcamos a las tasas a las que solíamos crecer en los buenos tiempos.

La tasa de pobreza depende básicamente —casi únicamente— del crecimiento económico. Como el crecimiento ha sido modesto, la caída en la pobreza también ha sido modesta. A pesar de que la pobreza ha bajado, no hemos recuperado los niveles de 2019, cuando teníamos alrededor de 20% de pobreza, es decir, una quinta parte de la población. Combatir la pobreza significa crecer. Cuando la economía crece, crece el empleo, crecen los salarios y aumenta el poder de compra de la gente. Cuando la economía crece, las empresas pagan más impuestos y el gobierno cuenta con más recursos para Juntos, Cuna Más, Pensión 65, entre otros programas sociales. El crecimiento económico es la “fábrica” de recursos para hacer buenas políticas; entre ellas, combatir la pobreza.

Ilustración: Giovanni Tazza

Ilustración: Giovanni Tazza

Yo creo que es otro ejemplo de mala gestión pública, porque eso depende básicamente del Midis. El Midis cuenta con recursos suficientes para atacar ese tipo de problemas…

Así es. Es la ausencia de una buena gestión pública. Con ministros cambiando, con funcionarios cambiando, no se pueden sacar adelante buenas políticas públicas.

Es, fundamentalmente, el crecimiento económico. Por los factores que he comentado: con un mercado dinámico, los ingresos y gastos aumentan, y por la vía de la recaudación, la política pública tiene la posibilidad de impulsar más acciones —por ejemplo, a través de Juntos, Pensión 65, etcétera—. Son ambas cosas. Ese componente de política pública tiene como soporte los impuestos, y los impuestos tienen como soporte el crecimiento económico. Así que no nos escapamos del crecimiento económico como factor determinante de la pobreza.

La formalización es un tema mucho mayor. En mi opinión, existe un sector informal porque nuestro país tiene un dualismo: hay un sector moderno, capitalista, con alta productividad, al que le es fácil pagar salarios, EsSalud e impuestos; y hay un sector enorme, con baja productividad, cuyos ingresos no alcanzan para cumplir las normas. Ese sector representa al 60%-70% de la población; es enorme. ¿Cómo han desaparecido históricamente los sectores informales? Con crecimiento rápido del sector moderno. El sector moderno crece y crece, y va absorbiendo trabajadores; entonces, el país se convierte en un país capitalista.

Obviamente, los sectores intensivos en mano de obra contratan más trabajadores y aceleran el proceso de “desinformalización” de la economía peruana. Sin embargo, la parte complicada es que no somos nosotros los que decidimos si vamos a un sector intensivo en mano de obra o a uno menos intensivo; son los empresarios. El empresario irá a aquel lugar donde sea seguro invertir y ganar. Por eso la minería y la agroexportación son sectores a los que las empresas van voluntariamente: invierten, capitalizan y emplean gente.

«Combatir la pobreza significa crecer. Cuando la economía crece, crece el empleo, crecen los salarios y aumenta el poder de compra de la gente».

Te había dicho que la pobreza depende básicamente del crecimiento económico. Pero depende, también, de la inflación. En el 2023 fue clarísimo: la inflación se elevó y la pobreza también, porque la pobreza se mide con una canasta básica de consumo. Si el precio de esa canasta sube y los ingresos no alcanzan para consumirla, la pobreza aumenta. Entonces, con un crecimiento de 2-3% y una inflación como la que estamos teniendo, que ya está en 4%, puede pasar que este año no baje la pobreza. Por eso era importante hacer algo para que los precios no aumenten. Lamentablemente, no se ha hecho nada en absoluto. Hemos dejado que la inflación se eleve, que los combustibles suban y que todo se encarezca. Eso va a arrastrarse todavía por unos buenos meses, dependiendo, también, de cómo evolucione la coyuntura internacional. Hemos desperdiciado tiempo, teniendo los recursos, para intentar atenuar los efectos de la crisis internacional, que están básicamente en el efecto del precio del petróleo.

Varias cosas. Uno: el precio de los bienes y servicios en el Perú depende mucho del tipo de cambio, porque buena parte de la canasta que consumimos está asociada a productos del exterior. Si dejas subir el tipo de cambio, esos productos se encarecen. Para mi gusto, yo habría mantenido un tipo de cambio más tranquilo.

Sí. El Banco Central tiene, felizmente, la holgura para hacer ese tipo de intervenciones.

En cuanto a los combustibles: somos importadores netos, así que, si sube el precio del petróleo a nivel internacional, los precios domésticos suben automáticamente. Había maneras de impedir eso con el Fondo de Estabilización del precio de los combustibles. ¿Cómo es que funciona? Imaginemos una banda de precios entre US$80 y US$90 el barril, y que el precio internacional del petróleo se sitúa por encima de US$90. El Estado le dice al importador: “Cobra como si el precio fuese US$90 y yo te pago el saldo vía subsidio”. Cuando los buenos tiempos vuelven, el precio baja a US$60-US$65 y al importador se le dice: “No bajes el precio interno; devuélveme lo que te presté”. Conceptualmente, un fondo de estabilización de combustibles puede no generar gasto fiscal si se maneja bien. Tampoco hemos intentado hacer eso. Entonces, los combustibles han subido como tenían que subir y eso ha hecho saltar la inflación hasta donde está ahora: ya son dos meses consecutivos en que la inflación está fuera del rango meta del Banco Central.

El bloqueo del estrecho de Ormuz ha hecho que los precios de los combustibles se disparen

El bloqueo del estrecho de Ormuz ha hecho que los precios de los combustibles se disparen

No. El BCR es muy cuidadoso. Cuando los choques son de demanda —cuando el consumo se cae, la inversión se cae y la economía entra en recesión—, para el BCR y el MEF la cosa es clara: el BCR baja la tasa de interés, el MEF sube el gasto público, se impulsa la demanda y se recupera la actividad económica. Cuando hay expansión —cuando la economía crece mucho y la inflación se eleva—, la respuesta también es sencilla: el Banco Central sube su tasa de interés y el gobierno baja su gasto público. Pero cuando el choque es de oferta, por un lado sube la inflación y, por otro, se enfría la economía. En ese caso, el Banco Central entra en un dilema: si sube la tasa de interés, combate la inflación pero agudiza la recesión; si baja la tasa, combate la recesión pero agudiza la inflación. En ese caso el Banco Central debe hacerse una idea de cuánto va a durar el choque. Si el choque es juzgado como transitorio, se pueden aplicar políticas transitorias. Si se juzga como permanente —por ejemplo, una situación política muy mala durante mucho tiempo, como en el primer semestre de 2021—, el BCR es más cuidadoso porque no puede vender reservas hasta agotarlas. Entonces, mucho depende del juicio del banco central.

Los planes de gobierno, en general, tienen varios problemas. Uno es un problema formal. Tinbergen, un economista premio Nobel, decía hace mucho tiempo: “Si tienes cuatro objetivos, dime cuáles son tus cuatro instrumentos para atacar esos cuatro problemas. Si no los tienes, no me digas nada”. Los planes de gobierno son documentos llenos de 80 objetivos y casi ningún instrumento. Conceptualmente, no sirven. Por ejemplo: en el plan de la candidata Fujimori, por un lado, afirma que va a tener disciplina fiscal y llevar el déficit a 1% del PBI, y por otro lado, plantea hacer varias líneas del metro de Lima, duplicar Pensión 65, Juntos, etcétera, y no cuadra la ecuación. Y el plan de Sánchez ni siquiera es un plan. Es más o menos decir: “Vamos a hacer todo distinto a lo que hasta ahora se estaba haciendo. Maldito neoliberalismo”.

Sí. Y en un escenario así, pienso que es mejor esperar y exigir que los partidos nos digan con quiénes piensan gobernar. Quién será su jefe de equipo económico, en quién piensan para el Banco Central, para el MEF, para el Ministerio de Salud, Educación, etc., que son puestos importantísimos. Mientras no haya eso, es difícil elegir.

Respecto a tu pregunta sobre Julio: Julio está en forma, lo está haciendo muy bien. En caso lo inviten, posiblemente nos acompañará por un buen tiempo más.

Me parecería una buena decisión, aun cuando Julio ha fortalecido el BCR. El Banco Central es Julio Velarde, pero también es una institución. Y, por otro lado, felizmente la Constitución blinda al BCR. Eso ayuda. Asusta menos que llegue alguien inadecuado, gracias a ese blindaje. En particular, por la norma que dice que el BCR no le presta ni un sol al gobierno.

LIMA, PERÚ  - JUEVES 23 DE ABRIL DE 2026:

Reconocimiento al Dr. Julio Velarde en el Foro IEC 100 CAPECO

23 de abril de 2026 en Lima, Perú. (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)

LIMA, PERÚ – JUEVES 23 DE ABRIL DE 2026:

Reconocimiento al Dr. Julio Velarde en el Foro IEC 100 CAPECO

23 de abril de 2026 en Lima, Perú. (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)

/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > FERNANDO SANGAMA

En general, cuando discuto sobre el modelo económico, le digo a mis interlocutores: mira un país que crece y se desarrolla, para ver cuáles son los principales rasgos de esa forma de crecer. El Perú es una economía pequeña y abierta. Eso significa que no podemos crecer a punta del mercado interno. El plan del señor Sánchez habla de crecer a punta de mercado interno, pero si nos comprásemos solo entre nosotros, nos compraríamos muy poquito. En cambio, cuando miramos al exterior, el mercado es infinito: podemos exportar, no hay problemas de demanda. Por eso nuestros arándanos, nuestras uvas, nuestro cobre, nuestro oro, llegan con rapidez al mercado internacional. Los modelos de desarrollo apropiados —llámales “neoliberales” o lo que sea— son aquellos que se abren al comercio internacional, tienen libre comercio y libre movilidad de capitales.

Otra parte del modelo económico es que no hay país en el mundo que haya crecido si no ha sido a través de la inversión privada. A la inversión privada hay que engreírla, atraerla, convencerla: no nos sobra plata. […] Los países que avanzan impulsan bien el capital humano, impulsan el capital físico y abren su economía. Ese es el modelo que, a mi modo de ver, funciona, y es un modelo más o menos como el del Perú, quizá quitando la parte de capital humano, en la que hemos retrocedido un montón en esta última década.

Yo creo que sí. Espero que por desconocimiento. Un consejo que les doy en general a los políticos es: mira a tu alrededor, mira qué países funcionan y cuáles no. La experiencia de políticas como las que figuran en el plan de gobierno del señor Sánchez son Venezuela, Bolivia, Argentina antes de Milei, y no funcionan; se ha visto y experimentado muchas veces. Yo creo que con el capítulo económico de la Constitución no hay que hacerse problemas. Los problemas son de gestión pública, y eso no tiene nada que ver con la Constitución.

Por ejemplo, si mal no recuerdo, [Juntos por el Perú] está en contra del capítulo sobre los contratos ley. En realidad, ese capítulo es una maravilla para el inversionista. Por ejemplo: has alquilado un departamento y firmado un contrato para que te paguen S/1.000 mensuales por dos años, ese contrato no puede ser afectado ni por ley. Ese es el famoso capítulo de los contratos, que beneficia, evidentemente, a inversionistas pequeños y grandes. Luego, respecto al rol empresarial del Estado, lo único que hay que decir es que se mire a Petro-Perú y si, aun así, se sigue pensando que impulsar la economía a través de empresas públicas funciona.

«No hay país en el mundo que haya crecido si no ha sido a través de la inversión privada».

Problemas hay. Antes de la pandemia podíamos decir: el Perú es campeón del mundo en reservas internacionales; es casi campeón del mundo en los menores niveles de deuda pública; y es casi campeón del mundo en baja inflación. Y resultamos campeones del mundo también en muertos por COVID-19. Eso quiere decir que hay muchas cosas que faltan por hacer. Pero, otra vez, la “fábrica” que te da la plata para hacer lo que necesitas es el crecimiento económico y la tributación. Ahí están los resultados. Hay que dejar crecer a las empresas, ayudarlas a crecer y cobrarles todos los impuestos necesarios, y con eso se resolverá aquello que nos preocupa.

Hace un momento decía que no hay manera de que la pobreza caiga sin crecimiento económico. Del mismo modo, no hay manera de que mejoren los índices de desarrollo humano sin crecimiento económico. No hay que subestimar el crecimiento. En particular, la gente no entiende que el crecimiento es la fábrica de recursos para el Estado. Con eso se pueden hacer muy buenas políticas.

Con el crecimiento, a la larga, el desarrollo humano tiene que mejorar, pero es mejor si acompañamos el crecimiento con buenas políticas públicas. Para eso están los recursos que tiene el Midis, con los que puede hacer políticas públicas específicas que mejoren aquello que haya que mejorar.

Es necesario resaltar que nuestro sector externo está bien sólido. Tenemos alrededor de US$100.000 millones en reservas internacionales, de los cuales unos US$70.000 son de propiedad del BCR. El año pasado hemos exportado unos US$95.000 millones y la balanza comercial ha sido de alrededor de US$35.000 millones, una cifra que nunca antes habíamos tenido. ¿Para qué nos sirve eso? Recapitulando, cuando uno mira la historia —1967, 1977, 1988, 1998—, hemos tenido crisis importadas. Lo que solía pasar era que los precios de las materias primas caían, o la tasa de interés internacional subía, o una mezcla de ambas. Cuando eso pasaba, los dólares comenzaban a escasear y el tipo de cambio se iba a las nubes. Y cuando el tipo de cambio se iba por las nubes, ya todo estaba malogrado si no había manera de impedirlo. Subía el tipo de cambio, subía la inflación, bajaba el poder de compra y la economía entraba en recesión. Así eran nuestras crisis. La última, la de 1998, dejó bancos quebrados y una economía que se paralizó casi cuatro años. Eso ya no es posible en el Perú porque, cada vez que viene una crisis internacional como esa, el Banco Central la espera con sus reservas: “crisis internacional, bienvenida, aquí te espero”.

Veamos lo que el BCR hizo en la crisis de 2008-2009 o lo que hizo en la crisis de Castillo: vendió reservas para que el tipo de cambio no suba mucho. De esa manera, la gente ni se da cuenta de que hay una crisis. Entonces, las reservas son como un seguro oncológico para el país: están para esas ocasiones, y no sabemos de qué tamaño será la siguiente crisis internacional. Por eso no hay manera de decir cuáles son las reservas “óptimas”. Además de que constitucionalmente no se pueden tocar, el sentido común nos dice que el Banco Central tiene, en realidad, dos grandes políticas: el manejo de la tasa de interés y la intervención cambiaria. A través de la intervención cambiaria nos ha sacado de crisis como la de 2008-2009, como la del 2021, y nos sacará de las crisis que vengan, cualquiera sea su tamaño.

Los analistas locales e internacionales coinciden en que la política monetaria del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) es la más apropiada.

Los analistas locales e internacionales coinciden en que la política monetaria del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) es la más apropiada.

Los bancos centrales no son bancos privados. Los bancos privados buscan maximizar ganancias y pueden tener en sus reservas oro, plata, yenes, etc. En cambio, el BCR tiene una regla: colocar el dinero en los bancos internacionales mejor calificados. Así nuestras reservas están bien seguras. Y nuestro Banco Central no especula; es averso al riesgo. Por lo tanto, mantiene sus reservas en los lugares más seguros del mundo y, evidentemente, esos lugares no ofrecen mucha rentabilidad. El banco no está para ganar plata.

El ejemplo más cercano es Bolivia. Bolivia era un país que funcionaba más o menos hasta el 2006. Entonces, Evo Morales empezó a nacionalizar empresas. El problema de nacionalizar empresas es que esas empresas son foráneas, tienen una espalda financiera enorme y son capaces de poner miles de millones en inversión. Evo se aprovecha de esas empresas, pero luego no tiene el dinero para invertir. Ahora, Bolivia es importador neto de combustibles. A mí me parece que el artículo sobre el rol subsidiario del Estado es correcto. No es que el Estado no pueda hacer empresa; en rigor puede, pero por ley y bajo ciertas normas que están escritas en la Constitución.

En realidad, ¿cuánto le costaría al Estado nacionalizar una empresa grande? Seguro que no tenemos la plata para hacerlo. Y ahí entra el caso de Petro-Perú: hay que mirar a la estatal para decir que esto no funciona.

Yo creo que estaba bien encaminado cuando estaba la ministra [Denisse] Miralles: hay que segmentar Petro-Perú, identificar las partes rentables y recuperables, y deshacerse de las partes no rentables, no recuperables. Era una reorganización total. Además, es imposible restablecer Petro-Perú con la cantidad de trabajadores que tiene. Es una empresa sobredimensionada. Me temo que vamos a seguir gastando plata, dado que todavía no se está haciendo nada para reestructurarla.

Tendrían que reestructurarla totalmente. El problema es que, si Petro-Perú cotizara en bolsa, valdría -US$3.000 millones. Es decir, en este momento es imposible incluso venderla porque tiene más deudas que activos. En perspectiva, cuando salgamos de los problemas, si la empresa va a seguir siendo estatal, puede serlo, pero con un directorio privado. Hay empresas estatales que se manejan bien: son empresas que cotizan en bolsa y cuyos directores cuentan con amplia trayectoria. Habría que arreglar totalmente Petro-Perú y hacerla eficiente; para eso se necesita una reestructuración completa.

Ilustración: Giovanni Tazza

Ilustración: Giovanni Tazza

En materia fiscal no le gana a ningún Congreso. Nunca hemos tenido tanto gasto público sin oposición del Ejecutivo. Una parte se debe a esa debilidad y fragilidad del Ejecutivo. Si uno tuviera que mencionar el problema económico más importante entre todos los que existen, actualmente es la cuestión fiscal. Recientemente el gobierno ha publicado su Informe de Actualización de Proyecciones Macroeconómicas, y si uno lo lee sin contexto, dice “qué bien”: según ese documento, la regla fiscal se va a cumplir y, para los próximos años, el déficit bajará hasta 1% en 2028.

En realidad, no han considerado en esas proyecciones las leyes que ya ha dado el Congreso y que implican, obligatoriamente, más gasto. Están pateando el problema. Me parece que no han considerado el gasto de los aviones F-16, ni el crédito suplementario que están a punto de pedir. Cuando se mira la situación fiscal en perspectiva, se ve que los déficits fiscales y la deuda suben sistemáticamente, tal como el Consejo Fiscal lo ha advertido. Ese es el primer escollo que el nuevo gobierno tendrá que enfrentar.

Ya hay efectos nocivos de esta proliferación de gasto corriente. En el primer trimestre de este año, la inversión pública del gobierno nacional ha caído alrededor de 12%, mientras que el gasto corriente del gobierno nacional ha crecido cerca de 8%. Ya se está sintiendo y esa dinámica va a mantenerse. El gobierno entrante va a tener un problema práctico y un problema legal. El problema legal es definir si va al Tribunal Constitucional a quejarse sobre esas leyes, que son claramente inconstitucionales. De lo contrario, tendrá que hacer un ajuste fiscal contractivo para hacerle espacio a ese nuevo gasto tremendo que acaba de aprobarse en el Congreso. Lo más probable es que sinceren las cifras, y que se modifique la regla fiscal.

Ellos han sido responsables, pero recordemos, también, al otro responsable: el Tribunal Constitucional (TC). Recordemos que este tribunal, ante una queja del gobierno de Francisco Sagasti, sacó un comunicado diciendo que la prohibición se refería al gasto presupuestal y al gasto del año corriente, no de los siguientes períodos. Con el primer punto, el problema es que el gasto no es solo presupuestal. Petro-Perú, por ejemplo, no está en el presupuesto; EsSalud tampoco. Si Petro-Perú o EsSalud tuvieran políticas irresponsables, serían legales según esa interpretación. Y, por otro lado, una ley que diga “duplíquese el sueldo a partir de 2027” sería constitucional según el Tribunal, porque no afecta el presupuesto actual. En algún momento hay que quejarse y explicarle al TC que eso que ha hecho es el principal atentado contra las finanzas públicas. El TC tiene una responsabilidad fortísima.

Cuando el gobierno empiece a pagar todo lo que debe pagar por las leyes aprobadas, la trayectoria fiscal va a cambiar radicalmente. Nuestra trayectoria fiscal actual pasaría a ser historia. No cuadran las cifras. Entonces, una de dos: o se hace una reforma tributaria para intentar equiparar, con más ingresos, esos mayores gastos; o se hace una política fiscal contractiva. Pero, generalmente, las políticas fiscales contractivas afectan a la inversión pública, lo cual es un problema para el largo plazo. Cuando todas esas leyes se hayan materializado y, supongamos, no haya habido ningún éxito con el TC, la pérdida del grado de inversión puede estar más cerca de lo que dice el Consejo Fiscal.

Pese a que se adoptaron medidas para contener el gasto público, el consejo considera que estas resultaron insuficientes para asegurar el cumplimiento de las reglas fiscales.  (Imagen: Andina)

Pese a que se adoptaron medidas para contener el gasto público, el consejo considera que estas resultaron insuficientes para asegurar el cumplimiento de las reglas fiscales. (Imagen: Andina)

Las exoneraciones, tengo entendido, equivalen a alrededor de 2,5% del PBI. Ahí me parece que hay material para reducirlas. La evasión es altísima y creo que se necesita una Sunat muy activa, que reeduque y persiga, pero sin hacerse muchas ilusiones, porque en el Perú el sector informal te impide cobrar los impuestos que normalmente podrías cobrar.

Yo recomiendo que exijamos a los partidos que muestren sus fichas, que muestren sus equipos técnicos, para que la ciudadanía vote, además de por el presidente o la presidenta, por los equipos técnicos. Porque, finalmente, son ellos quienes van a llevar al país hacia adelante o hacia atrás.

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