Roberto Sánchez versus el modelo

Esta semana, mientras adelantaba en una entrevista que no firmaría ninguna “hoja de ruta” ni renunciaría a sus promesas maximalistas (como la instalación de una asamblea constituyente), el congresista Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú (JP), cargó contra el modelo económico que ha regido el país en las últimas tres décadas. “Los que reclaman y dicen que nosotros somos los más peligrosos, demuéstrenme dónde está el proyecto nacional liberal, demuéstrenme los indicadores de desarrollo humano que han hecho después de 30 años de régimen mercantilista”, indicó. Para después rematar: “Nosotros no queremos crecimiento económico, queremos desarrollo humano”.

La afirmación de Sánchez, en realidad, no es novedosa. Viene siendo repetida desde hace años por buena parte de la izquierda peruana como una manera de desacreditar el modelo alegando que este solo ha servido para beneficiar a unos pocos en desmedro de la mayoría. Afortunadamente, los números cuentan otra historia.

Coincidentemente, hace unos días, el INEI difundió los resultados de su medición de la pobreza para el 2025 y muchos han aprovechado para recordar –con acierto– cómo el Perú logró, entre inicios de siglo y el año previo a la pandemia, reducir la cantidad de peruanos pobres de dos tercios de la población a una quinta parte. Son millones de compatriotas que se beneficiaron de una economía abierta al mundo, que creó puestos de trabajo de calidad y que les permitió a las familias mejorar sus ingresos (por cierto, mucho más en el sector rural que en el urbano).

A su vez, la mejora en la economía de las familias peruanas les permitió invertir en una mejor alimentación, salud y educación para sus integrantes, lo que tuvo un efecto multiplicador. Esperanza de vida al nacer, desnutrición crónica infantil, promedio de años de estudio, viviendas con mejores condiciones y servicios… todos son indicadores que mejoraron desde que el Perú adoptó el modelo económico actual. Por supuesto, uno podría decir que algunos de esos indicadores han mejorado por la intervención del Estado, pero convendría preguntarse entonces, ¿de dónde salen los recursos que el Estado utiliza? La respuesta es simple: los recauda de las empresas y trabajadores formales que han venido creciendo en las últimas tres décadas. Nunca como ahora el Estado Peruano dispuso de tantos recursos. Que prefiera usarlos para, por ejemplo, mantener a flote a Petro-Perú, en lugar de seguir mejorando la vida de millones de peruanos, ya es otra historia.

Contrario a lo que sostiene el candidato Sánchez, el crecimiento económico trae desarrollo humano. Si realmente quiere mejorar la vida de los peruanos, lo que debería hacer es promover la inversión privada, esa que crea empleo de calidad y que mejora los ingresos de las familias. Pero su programa, justamente, apunta en el sentido opuesto: hacia una receta que ya en el pasado ha probado servir solo para crear pobreza.

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