Cual personaje de Tarantino, Roberto Sánchez ha montado un servicio de limpieza profunda para Antauro y Castillo. Con la ayuda del exfiscal José Domingo Pérez, pretenden convencernos de que lo que vimos el 7 de diciembre no fue un crimen, sino un malentendido.
Roberto Sánchez y la militancia de Juntos por el Perú (JPP) me recuerdan por estos días a Winston Wolfe, el célebre ‘limpiador’ de “Pulp Fiction”. En la joya de Tarantino, Vincent Vega le vuela la cabeza a Marvin accidentalmente dentro de un auto. El coche queda empapado de sangre y sesos; una evidencia física innegable de un acto violento. Wolfe no llega para resucitar al muerto, sino para hacer que el problema desaparezca y los protagonistas sigan circulando impunes. Ordena quitar la sangre, cubrir los asientos con mantas y disfrazar a los asesinos con ropa de gimnasia ridícula. Su actitud es fría: trata un crimen como un “problema logístico”.
Sánchez y compañía intentan hoy limpiar las manchas del exaltado Antauro Humala. Se distancian de sus propuestas radicales, como fusilar a medio país, y justifican sus delitos bajo el argumento de que el ‘andahuaylazo’ es un evento del pasado que no debe impedir un “frente patriótico”. Pero hasta para el lobo Wolfe sería un reto ocultar a un personaje que carga con el secuestro de 19 policías y el asesinato de otros cuatro. Aunque hoy Sánchez dice que Antauro es solo “un amigo”, hace poco anunciaba en mítines que el mayor tendría un rol clave en su gobierno. Sánchez es pragmático: acomoda el discurso según sople el viento.
Ya lo demostró el 7 de diciembre del 2022. Tras el mensaje a la nación de Pedro Castillo, el entonces ministro Sánchez le estrechó la mano en señal de conformidad y le dijo: “Por el país”. Cuarenta minutos después, al ver que el golpe fracasaba, renunció. Hoy, necesitado del bolsón electoral de Castillo, vuelve a ser el ‘lobo limpiador’. Tira detergente sobre la evidencia que todos vimos en vivo, alegando que el golpe fue una simple “proclama política”. Intenta que el electorado deje de ver a un golpista y vea a una “víctima de las élites”.
Buscan poner mantas sobre la orden de Castillo de intervenir el Poder Judicial, la fiscalía y el Congreso. Pretenden remover de nuestra memoria que el golpista llamó al comandante general de la policía para exigirle la detención de la fiscal de la Nación. Intentan esconder que Castillo quiso ser un dictador.
Si Sánchez limpia la escena, la incorporación de José Domingo Pérez completa el cuadro de Tarantino. Pérez es Jules Winnfield, famoso por recitar Ezequiel 25:17 antes de disparar. Jules utiliza un texto ‘sagrado’ para dar a sus actos un aire de autoridad moral. Pérez construyó su carrera recitando el versículo de la anticorrupción, pero hoy usa esa misma vehemencia para defender lo indefendible. Ver a un exfiscal de alto perfil justificando el 7 de diciembre es como escuchar a Jules citar la Biblia mientras limpia la sangre de Marvin: usa una narrativa ‘heroica’ para encubrir un delito.
Pérez es el aliado perfecto porque conoce las tripas del sistema; sabe dónde están las manchas legales y cómo borrarlas con tecnicismos. Ante el cadáver constitucional de Castillo y los policías asesinados por Antauro, este equipo llega con el detergente de la posverdad. Su misión no es defender la legalidad, sino ‘asear’ a los perpetradores, cubriendo los asientos ensangrentados de nuestra historia con la manta de la justicia social, esperando que el electorado, al igual que la policía en la película, no se atreva a mirar debajo.
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