Once formas muy efectivas de perder credibilidad por Inés Temple | Opinión | LHH DBM

En estos días en que la credibilidad parece escasear –y no solo en política– vale la pena recordar algo incómodo: perderla es mucho más fácil de lo que creemos. Construirla, en cambio, toma años.

La credibilidad no se decreta, no se compra ni se maquilla con discursos bonitos. Se gana con hechos, con conducta sostenida y con la palabra cumplida, incluso cuando ya no conviene. Si alguien quisiera destruir la suya en tiempo récord, aquí tiene algunas maneras efectivas de lograrlo.

1. Di una cosa hoy y otra mañana. Cambia versiones, acomoda los hechos u “olvida” convenientemente lo incómodo. Total, siempre puede pasar que nadie se dé cuenta.

2. Sé dueño absoluto de la verdad. No escuches, no dudes, no concedas. Si los argumentos de otros no te sirven, invalídalos. Si los hechos no te ayudan, reinterprétalos.

3. Culpa siempre a otros. De tus errores, malas decisiones, fracasos y contradicciones. Asumir responsabilidad es incómodo; mejor repartir culpas.

4. No respetes tu palabra. Comprométete con facilidad y cumple solo cuando te convenga. ¿Qué tan importante puede ser un acuerdo si ya no te favorece?

5. Prioriza el beneficio inmediato. La confianza de largo plazo puede esperar. Ganar hoy es más tentador que cuidar tu reputación de más adelante

6. Cambia de postura según el viento. Hoy defensor de una causa, mañana de la contraria. La coherencia exige memoria y carácter y todo eso es difícil.

7. Sobrevéndete. Promete más de lo que puedes dar, exagera logros, infla méritos.. Olvídate de eso que tarde o temprano la realidad siempre te alcanza.

8. Desacredita a otros para parecer mejor. Minimiza sus méritos, no reconozcas sus ideas, olvida agradecer. La mezquindad no construye credibilidad, pero a estas alturas qué importa.

9. No reconozcas errores. Pedir disculpas debilita, ¿no? Mejor justificar, negar o guardar silencio. Aceptar una falla con hidalguía es de gente admirable y tú no lo eres así que ni modo.

10. Cree en la impunidad. Asume que nadie recuerda, que todo se olvida. Evita pensar que todo deja huella, sobre todo la mala conducta.

11. Sé incoherente. Defiende valores en público y negocia excepciones en privado. Habla de integridad cuando conviene y olvídala cuando estorba.

La lista podría seguir. Porque destruir la credibilidad es fácil: basta con actuar como si la confianza de los demás –y el respeto hacia ellos– no importaran. Construirla exige transparencia, lealtad, respeto y consistencia. Exige hacer lo correcto, aunque cueste dinero, popularidad u oportunidades. Exige honrar compromisos, reconocer méritos ajenos y actuar con los mismos valores en la vida personal, profesional y pública.

En tiempos de desconfianza, la credibilidad se vuelve un activo escaso y frágil. No es solo un tema de candidatos, autoridades o líderes. Es un tema de todos. Cada persona es responsable de la suya: de cuidarla, fortalecerla o debilitarla con cada palabra, decisión y silencio.

Porque al final, la pregunta importante no es solo en quién creemos. La pregunta más exigente es otra: ¿qué hacemos cada día para que otros puedan creer en nosotros?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *