El liderazgo debe entenderse como una responsabilidad estratégica en la construcción de equipos resilientes y emocionalmente estables. No se trata solo de orientar el trabajo hacia el cumplimiento de objetivos, sino de generar las condiciones necesarias para sostener el desempeño sin comprometer el bienestar de las personas. En mi investigación doctoral, realizada con 94 docentes (Choy, 2021), se observa que, cuando las exigencias laborales se prolongan y superan los recursos disponibles, puede desarrollarse agotamiento emocional, despersonalización y pérdida de realización personal.
Ante ello, el liderazgo cobra especial relevancia, porque moldea directamente el ambiente laboral. La percepción de apoyo, la equidad, la calidad del entorno social, el reconocimiento, la disponibilidad de recursos y el margen de autonomía no son aspectos secundarios. Por el contrario, estos constituyen condiciones esenciales que inciden en la experiencia cotidiana del trabajo y en la capacidad de enfrentar las demandas de manera saludable.
Asimismo, la evidencia internacional refuerza la urgencia de actuar de forma preventiva. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que alrededor del 15% de los adultos en edad de trabajar presenta algún trastorno mental y que cada año se pierden aproximadamente 12.000 millones de días de trabajo por depresión y ansiedad. En el caso peruano, aunque no existe una cifra nacional única sobre la prevalencia general del ‘burnout’ (estado de agotamiento físico, mental y emocional crónico derivado del estrés laboral prolongado) en la población trabajadora, la inclusión de mediciones de salud mental en la Encuesta Nacional de Hogares del Instituto Nacional de Estadística e Informática confirma la necesidad de seguir profundizando este estudio en nuestro país.
Los hallazgos de la investigación realizada muestran que no existen relaciones directas y significativas entre el contexto, el ‘burnout’, el compromiso y el desempeño. Sin embargo, sí se evidencian vínculos relevantes entre variables personales y ocupacionales, así como la importancia de analizar el desempeño con mayor precisión y en sus distintos componentes. En la actualidad, la estabilidad emocional de los equipos ya no depende exclusivamente de las condiciones externas, sino también de recursos personales que pueden fortalecerse desde la gestión institucional.
En consecuencia, la sobrecarga laboral, el escaso control sobre la tarea y el apoyo insuficiente representan riesgos psicosociales que pueden mitigarse mediante la formación de directivos y líderes. De esta forma, se previenen entornos de trabajo nocivos y se protege la salud mental.
Por ello, considero que el liderazgo más valioso no es aquel que se limita a exigir resultados, sino el que comprende que el rendimiento sostenible requiere cuidado, equilibrio y sentido humano.
Finalmente, construir equipos resilientes significa promover condiciones que permitan responder a la exigencia sin deteriorar la salud emocional. Liderar, hoy más que nunca, implica no solo dirigir, sino también sostener y reconocer que el bienestar es una condición indispensable para el compromiso, la continuidad y la calidad del trabajo.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.













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