La memoria es corta en política, pero los videos no mienten. Durante semanas, el asesino Antauro Humala caminó al lado de Roberto Sánchez como un activo de campaña: estuvo en el cierre electoral de Juntos por el Perú el 8 de abril, fue presentado como quien lideraría la lucha contra la criminalidad en un eventual gobierno y hasta fue saludado por el propio Sánchez como parte de “las fuerzas nacionalistas” que caminan con el partido. Hoy, frente a una posible segunda vuelta, ese mismo partido lo llama “solo un acompañante” y niega cualquier alianza formal.
Antauro Humala es un condenado a 25 años de prisión –reducidos a 19 en apelación– por los delitos de homicidio calificado, secuestro, rebelión y sustracción de armas en el llamado ‘andahuaylazo’ de enero del 2005, en el que murieron cuatro policías. Es también quien reivindica públicamente el fusilamiento de expresidentes condenados por corrupción, incluido su propio hermano Ollanta. Su partido fue proscrito por el Poder Judicial precisamente por razones vinculadas a esas posturas. Y es el mismo hombre que, en una reciente entrevista, describió al grupo terrorista Sendero Luminoso como “lo más consecuente” de la izquierda peruana.
Cuando se le preguntó por Antauro Humala, Sánchez respondió que “respeta” sus ideas, aunque no las comparte plenamente, y que quien ha cumplido su condena tiene derecho a participar en política. La respuesta, sin embargo, no hace más que evidenciar la naturalidad con la que el candidato ha convivido con ese vínculo hasta que se convirtió en un pasivo electoral. El deslinde no solo llega tarde: llega por cálculo, justo después de que los primeros sondeos de segunda vuelta empezaran a marcar el costo de esa cercanía.
Pero el problema no se agota en Humala. La plataforma política de Juntos por el Perú se construye sobre la defensa irrestricta del golpista Pedro Castillo. Quienes cierran filas en torno a Castillo y celebran el ‘andahuaylazo’ comparten algo más que una preferencia electoral: comparten una nefasta concepción de la política en la que la institucionalidad es negociable y la violencia, cuando menos, justificable.
Lo que Sánchez mostró durante la campaña de primera vuelta es lo que es. Que hoy quiera esconder a Antauro Humala debajo de la alfombra no borra las fotos, los videos, las palabras y la cercanía que han tenido. El votante tiene derecho a saber quiénes son los aliados de Sánchez y lo que estos piensan antes de decidir, y no debería caer en esa estrategia de olvido y distancia tan conveniente. Votar por Sánchez también es votar por el asesino Antauro Humala.














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