Ayer, personal del Ministerio Público y de la Dirección contra la Corrupción de la Policía realizó un allanamiento de 12 inmuebles, entre los que se encontraban la vivienda del ahora exjefe de la ONPE Piero Corvetto y la sede de la empresa Galaga (responsable de llevar el material electoral a los centros de votación el día de las elecciones generales). La imagen de los agentes ingresando a la casa de quien hasta hace poco conducía el organismo encargado de realizar los comicios en nuestro país quedará para el recuerdo por el impacto que tendrá en la confianza de los ciudadanos en sus autoridades electorales. Una confianza que resulta fundamental en una democracia en la que los representantes son elegidos mediante el sufragio directo.
Precisamente en los días anteriores, Bernardo Pachas Serrano asumió la jefatura de la ONPE de manera interina, en reemplazo de Corvetto, en el momento más crítico del organismo en décadas. Y tiene como labor principal la de hacer todo lo posible para recuperar la confianza de la ciudadanía en el ente electoral, que no es otra cosa que la confianza en el sistema democrático y en el poder del voto para cambiar el futuro del país. Si bien conoce el mundo de la función pública y el trabajo de los organismos electorales, en su contra, sin embargo, está el hecho de que fue el segundo de Corvetto durante la caótica primera vuelta y existe el riesgo de que su designación, como mencionamos días atrás, sea apenas un cambio de nombres. Como también señalamos en este espacio, es urgente que Pachas remueva a todos los funcionarios implicados en las irregularidades que desencadenaron la crisis que hoy afecta la credibilidad del organismo.
Por lo pronto, habrá que darle el beneficio de la duda. “Vamos a tomar todas las medidas correctivas necesarias para todas aquellas acciones operativas que tenemos que corregir y las personas que se encuentren involucradas, con la finalidad de caminar hacia la segunda vuelta”, afirmó en su primera conferencia de prensa. En efecto, es medular que se tomen todas las previsiones para garantizar que el material electoral esté disponible a tiempo para la segunda vuelta (si es necesario, con el apoyo de las Fuerzas Armadas) y que las urnas sean custodiadas con la minuciosidad que no lo fueron el 12 de abril, por mencionar solo dos cosas que deben cambiar.
La tarea que el nuevo jefe de la ONPE tiene por delante es, en suma, enorme, y el tiempo del que dispone, muy acotado. De su éxito, sin embargo, dependerá no solo la legitimidad del próximo gobierno, sino la del sistema electoral peruano en su totalidad.
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