Cada cuarto jueves de abril, el calendario nos recuerda una deuda pendiente: el Día Internacional de las Niñas en las TIC. Sin embargo, esta fecha no debería ser solo una efeméride de celebración, sino un espacio de reflexión profunda sobre las barreras invisibles que aún separan a las niñas del futuro digital.
Para que más niñas lleguen a liderar sectores tecnológicos y empezar a cerrar las distancias que nos separan del futuro, necesitamos atacar dos brechas desde frentes urgentes. La primera es la brecha de acceso a una educación de calidad. Según datos recientes de la SUNEDU, en el Perú apenas 3 de cada 10 estudiantes en carreras de ingeniería y tecnología son mujeres; una cifra que cae drásticamente al 15% cuando hablamos específicamente de tecnologías de la información. No es falta de talento, es falta de ruta. Necesitamos asegurar que la infraestructura digital llegue a cada rincón, pero acompañada de una pedagogía que no segregue los sueños por género desde la primaria. El acceso a la educación digital no es un privilegio técnico, sino un derecho humano básico en el siglo XXI, por lo que, sin conectividad ni herramientas, estamos condenando a mantener en silencio el potencial de millones de niñas.
Sin embargo, el acceso físico es insuficiente si no resolvemos la brecha de aspiración y empoderamiento. Es alarmante observar cómo, incluso en entornos con plena conectividad, muchas niñas desisten de las áreas STEM o las TIC debido a sesgos culturales profundamente arraigados. No basta con aumentar la “oferta” (becas o laboratorios) si no trabajamos en la “demanda”. La sociedad debe entender que la inclusión femenina en sectores tecnológicos no es un acto de caridad, sino una necesidad estratégica. Según el Foro Económico Mundial, cerrar la brecha de género en sectores clave podría incrementar el PBI mundial hasta en un 26%, mientras que, según la OCDE, si el Perú lograra reducir la brecha digital en un 10% solo en nuestro país, el PBI podría crecer en un 1.5% anual durante la próxima década. El mundo, y en especial el Perú, necesitan la mirada femenina para crear soluciones digitales realmente inclusivas.
Es así como la segunda brecha tiene que ver con la transformación de la narrativa social: la presencia femenina en carreras relacionadas con tecnologías de la información no puede seguir gestionándose como el cumplimiento de una cuota de género, sino como una ventaja competitiva crítica. La diversidad en las mesas de decisión tecnológica no solo aporta equidad, sino que inyecta la innovación y la rentabilidad necesarias para que las organizaciones prosperen en una economía digital globalizada.
Hoy, desde mi rol como ingeniera y directora de operaciones y TI, miro hacia atrás y reconozco que mi posición actual no era el destino obvio que el sistema proyectó para mí. Si ocupo este espacio, es porque en el camino, además de las oportunidades que tomé, hubo un factor determinante que a menudo ignoramos en las estadísticas: la confianza en una misma, a pesar de los múltiples desafíos y barreras que nos impone la sociedad.
A las niñas les decimos a menudo que “pueden ser lo que quieran”, pero las rodeamos de un entorno que duda de su capacidad técnica. Mi mensaje en este día es que la ciencia, la tecnología, las ingenierías y la matemática no tienen género, pero sí tienen dueñas: aquellas que se atreven a reclamar su lugar. Este día será un éxito rotundo el día que ser una mujer liderando un área de TI deje de ser una noticia basada en la resiliencia personal y pase a ser el resultado natural de un sistema que confió en ellas, tanto como ellas confiaron en sí mismas.












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