El negacionismo climático , por Fernando Bravo Alarcón

A propósito de la reciente misión espacial Artemis II, las redes sociales registraron la circunstancial aparición de voces incrédulas que ponían en duda tanto la llegada del hombre a la Luna en 1969 (y las que le sucedieron), como el sobrevuelo que la nave Orión realizó a su alrededor. Ese tipo de posturas, aunque muy minoritarias y marginales, se refugian en cuestionamientos caprichosos y extracientíficos que intentan deslucir descubrimientos, minusvalorar logros o negar la ocurrencia de hechos históricos. Comportándose como minorías activas y organizadas, estas actitudes negacionistas han tenido cierto éxito en concitar atención pública por impugnar consensos y verdades comúnmente aceptadas en la política, la medicina, el ambiente o la historia.

Así como se negaba la forma esférica de la Tierra o la relación del tabaco con el cáncer, en el plano de los asuntos ambientales y del clima tales posiciones negacionistas han venido germinando en no pocos países occidentales de altos ingresos. Sin embargo, a diferencia de hace 15 o veinte años, las mencionadas corrientes han sabido sofisticarse y matizarse, sea aceptando que las temperaturas promedio del planeta se han incrementado, sea esperanzándose en que las futuras tecnologías reducirán las emisiones de dióxido de carbono, bajo el imperativo de negar la responsabilidad humana.

Sabedores de que blandir posiciones duras y estridentes resta credibilidad, estos cultores del escepticismo han suavizado su discurso y se muestran menos confrontacionales, pero sobre todo ya no hablan tanto de negar el cambio climático cuanto de postergar la urgencia de acciones necesarias para enfrentarlo: desacreditan la transición energética, cuestionan las energías renovables o retardan las medidas climáticas que, a su entender, perjudican el crecimiento económico. No obstante, los decisores políticos que se respaldan en esta narrativa no han tenido reparos en abandonar acuerdos climáticos globales, desmantelar instituciones públicas ambientalmente especializadas o relajar la legislación respectiva. Ya es un clásico negacionista frases como aquella que afirmaba que el calentamiento global es un cuento inventado por los chinos.

¿Hay negacionismo climático en el Perú? En un país que alberga una gran diversidad biológica y ecosistémica, con glaciares y nevados en dramática evaporación, cuyo territorio es altamente vulnerable a fenómenos hidroclimáticos, resulta difícil sostener y enarbolar públicamente convicciones antiambientalistas. Por ejemplo, a medida que el fenómeno de El Niño y sus variantes como El Niño costero se hacen más frecuentes –y, quién sabe, más intensos– no sería muy popular ni responsable promover discursos de ese tipo en medio de los desastres que aquellos desencadenan.

Cualquier forma de negacionismo por acá se haría más complicado por cuanto el país también alberga a grupos poblacionales que han desarrollado una relación histórica y ecológicamente robusta con sus espacios ecosistémicos.

Una revisión de los planes de gobierno de las agrupaciones políticas que compitieron en las recientes elecciones señala que los temas ambientales y climáticos sí son tomados en cuenta. Experiencias anteriores demuestran, sin embargo, que una vez en el poder dichos lineamientos quedan de lado y no asoman en el desempeño gubernamental. Los vaivenes políticos, las urgencias sociales o las coyunturas económicas indisponen a los gobiernos en adoptar iniciativas sagaces y efectivas, por más comprometidos que estén con la ciencia del clima. Solo reaccionan cuando un fenómeno natural golpea al país. Al final, pareciera que sus coordenadas ideológicas hubieran estado impregnadas de negacionismo climático.

Ni el alarmismo ni la negación ayudan si se trata de enfrentar las crisis climáticas e hídricas de forma responsable. Tampoco el cortoplacismo. Menos pensar que todo esto es solamente tema de ecologistas.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *