
En las horas y días siguientes a la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York, el Gobierno Estadounidense -a través de su secretario de Estado, Marco Rubio- habló de tres fases en la conducción de Venezuela: estabilización, reconstrucción y transición. Todas ellas todavía a cargo del chavismo, pero con Washington como el gran jefe que otorga luz verde o no a los actos del régimen.
En las horas y días siguientes a la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York, el Gobierno Estadounidense -a través de su secretario de Estado, Marco Rubio- habló de tres fases en la conducción de Venezuela: estabilización, reconstrucción y transición. Todas ellas todavía a cargo del chavismo, pero con Washington como el gran jefe que otorga luz verde o no a los actos del régimen.
Como presidenta encargada, Delcy Rodríguez ha cumplido esta semana cien días al frente del país llanero. A propósito de la ocasión compartió un video en Telegram en el cual dice que apuesta por una relación “a largo plazo” con Estados Unidos y por la consolidación de una “agenda conjunta para el desarrollo compartido”.
Además, mostró la “plena disposición” de su equipo a “consolidar y construir bases sólidas de una agenda energética” con EE.UU., un sector crucial para hacer que las supuestas mejoras económicas lleguen realmente a los bolsillos de los venezolanos, en un contexto de protestas de trabajadores que reclaman aumentos en sus ingresos en medio de una persistente inflación y un deterioro del poder adquisitivo.
La primera mujer en la historia venezolana en ocupar el máximo cargo político tiene todavía para un rato largo en el Palacio de Miraflores pues no hay visos de que esté cerca la tercera fase (transición) en el plan estadounidense. Además, Donald Trump no se ha cansado de decir que está “encantado” con el desempeño de Delcy Rodríguez.
Este martes 14, además, la mandataria encargada inscribió al abogado Jihad Smaili para que la represente ante la justicia estadounidense en litigios pendientes y futuros y en asesoramiento diario en asuntos vinculados con la Casa Blanca.
Según la agencia EFE, el contrato con el jurista también contempla servicios ligados a “la futura campaña política”, es decir, “su participación en las próximas elecciones presidenciales en Venezuela”, las cuales aún no tienen fecha programada, pero en las que el chavismo también pretende estar.
Gobiernos en sintonía obligada
Bajo la tutela de Washington, el gobierno interino de Rodríguez ha reformado leyes petroleras y mineras que ahora permiten a empresas de EE.UU. participar en la comercialización del crudo venezolano. A cambio, Trump ha suavizado o levantado sanciones y acaba de autorizar transacciones con el Banco Central venezolano, lo cual facilitará las operaciones en dólares, un salvavidas para atajar semanas de protestas de varios sindicatos. La misma mandataria encargada se ha visto favorecida: el 1 de abril el Departamento del Tesoro la retiró de su lista de individuos sancionados (en la que estaba desde setiembre del 2018), que ponía restricciones a sus movimientos y relaciones con firmas estadounidenses.
Cautela en su propia casa
En el frente político interno, Rodríguez ha optado por reconfigurar la cúpula chavista en lugar de barrerla. Se deshizo prontamente del ‘eterno’ ministro de Defensa, Vladimir Padrino, pero mantiene al aún poderoso ministro del Interior, Diosdado Cabello, y a varios de sus aliados y cercanos, incluida su hija Daniella, nombrada ministra de Turismo en febrero. Según un análisis del ‘think tank’ Recorded Future, la principal amenaza a corto plazo para el liderazgo de Delcy no es la oposición sino otros líderes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), así como mandos militares que perciben el acercamiento a Washington como un “riesgo directo para sus intereses”.
Las movidas del titiritero mayor
Estados Unidos también viene reacomodando piezas en sus relaciones diplomáticas con Venezuela, cortadas desde comienzos del 2019. Laura Dogu, quien llegó a fines de febrero para recomponerlas, ha sido reemplazada esta semana por John Barrett, quien estará al frente de la embajada en Caracas, la cual reanudó operaciones hace 15 días. Hasta allí llegó este jueves 16 una marcha para exigir un calendario electoral y transparencia en el manejo de los ingresos petroleros, es decir, a pedir «que se termine el trabajo», según dijo uno de los manifestantes. Sus convocantes saben que sus demandas deben llegar directamente adonde se decide el futuro del país.
Entre la parálisis y el tímido avance
Además de la maltrecha economía, se mantienen otros dos fuertes focos de tensión en Venezuela. El primero es la situación de los derechos humanos. Si bien se ha liberado a decenas de presos políticos y se aprobó una ley de amnistía, esta tiene un alcance limitado y no se han desmontado las estructuras de control del régimen. El codirector de la ONG Acceso a la Justicia, Alí Daniels, lo pone así: “Ha habido un refrenamiento de la actividad represiva, pero no su cesación total”. El otro es la ausencia de una fecha para elecciones. María Corina Machado urge designar un nuevo Consejo Nacional Electoral y convocar a comicios “lo antes posible”, pero Diosdado Cabello ha descartado ello en el corto plazo.












Deja una respuesta