Esta pregunta se convirtió en meme después de que un personaje en “Los Simpson” interrumpiera un debate acalorado en el que se decidía el destino de los habitantes de Springfield. Al revisar las propuestas de los candidatos a la presidencia en materia de educación y primera infancia, recordé el meme y la pregunta perdió toda la gracia.
Es cierto que hay avances a nivel de propuestas. Según el análisis de UNICEF sobre los 36 planes de gobierno, el 97% propone mejorar los aprendizajes y el 94% plantea reducir la anemia infantil. Pero cuando buscamos cómo piensan abordar las causas de fondo de estos dos problemas, vemos que la educación de las madres que no culminaron la educación básica no aparece como propuesta. La alfabetización de adultos asoma en unos pocos planes de gobierno, pero como meta aislada, desconectada de la primera infancia y, en la mayoría de los casos, sin una ruta clara para implementarla.
La serie sobre desarrollo infantil temprano de The Lancet (2016), referente mundial en este campo, elaborada con el respaldo de la OMS, UNICEF y el Banco Mundial, identifica el bajo nivel de educación materna como factor de riesgo al mismo nivel que la desnutrición y la pobreza extrema. Esto es relevante porque la serie recomienda que las intervenciones en primera infancia deben ser de doble vía: atender al niño y al cuidador.
Uno de los programas de gobierno que se ha mantenido en las últimas gestiones y que ha duplicado su impacto es Cuna Más, con su Servicio de Acompañamiento a Familias (SAF), que llega a 264 mil hogares en 1500 distritos del Perú. Este programa focaliza su atención en la población en situación de pobreza y pobreza extrema, en zonas rurales principalmente, justo donde el analfabetismo se concentra: allí, cerca de una de cada cuatro mujeres no sabe leer ni escribir.
Si una madre no sabe leer, su capacidad de procesar la información que recibe durante el acompañamiento, de leer las indicaciones de salud y nutrición, de interactuar con un contexto alfabetizado que enriquezca el entorno de aprendizaje del niño, está limitada. El programa trabaja con la madre, pero no trabaja en la madre.
Según el informe de Desarrollo Infantil Temprano de la ENDES 2024 del INEI, uno de cada cuatro niños cuya madre no completó la primaria tiene desnutrición crónica, más del doble del promedio nacional (12,1%). Cuatro de cada diez niños menores de tres años tienen anemia, y en zonas rurales más de la mitad. Además, la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje 2024 del Minedu reporta que solo tres de cada diez escolares de cuarto de primaria comprenden lo que leen. Todos estos indicadores son más críticos en las mismas zonas donde se concentra el analfabetismo y donde opera Cuna Más.
Para que las propuestas en materia de educación y desarrollo infantil dejen de sonar a buenas intenciones, se requiere comprender la realidad y aprovechar la estructura existente. Bastaría con seguir las recomendaciones basadas en evidencia: invertir adecuadamente en la primera infancia cuesta apenas 50 centavos de dólar por niño al año cuando se integra con servicios existentes como los de salud o de programas sociales. No hacerlo le cuesta a cada niño el 25% de sus ingresos futuros en la adultez (The Lancet, 2016).
Cuánto ganaríamos como país con la sola decisión de articular Cuna Más con el Programa de Alfabetización del Ministerio de Educación o con iniciativas de alfabetización de mujeres como las que desarrolla la Fundación Dispurse, que se apoya en la tecnología para llegar precisamente a las zonas rurales. No se necesitan mayores presupuestos, sino voluntad política para unir esfuerzos de actores que ya intervienen en el mismo territorio y tomar decisiones que apuesten por la eficiencia.
Recuerdo a María Clotilde, estudiante de Dispurse en Cajamarca, quien después de aprender a leer y escribir pudo involucrarse en el aprendizaje de su hijo pequeño. Nadie tuvo que crear un programa nuevo para ella; bastó con que alguien decidiera llevar la educación a donde ya estaba la necesidad. Antes de votar, vale preguntarnos qué candidato está pensando realmente en nuestros niños y niñas, y qué está dispuesto a hacer por sus madres.













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