Cuando se piensa en cáncer, aún muchas personas sólo lo asocian a las personas. Sin embargo, miles de animales en nuestro país también enfrentan esta enfermedad, por lo que resulta vital, para una sana vida familiar, reconocer que a ellos no “les duele menos”. Particularmente, animales que son nuestras queridas mascotas, perciben el dolor a través de mecanismos muy similares a los nuestros. Tienen la capacidad de sentir dolor, miedo, ansiedad, y también pueden sentir comodidad, tranquilidad y afecto. Reconocerlo no es una postura emocional sino un hecho largamente comprobado en las ciencias veterinarias.
Para los veterinarios, es febrero, justamente, un mes en el que nos concentramos mucho en el cáncer de nuestras mascotas. A inicios del mes repasamos con nuestra comunidad científica las incidencias del Día Mundial contra el Cáncer, y hacia fines del mes, los hacemos con el Día Mundial de la Esterilización Animal. Dos momentos que nos confrontan con el cáncer de nuestros animales queridos. Y dos momentos que nos unen, a médicos y dueños, en una misión de oro por su salud: la urgencia de aliviar su sufrimiento cuando caen enfermos, y el apostar por la prevención de la enfermedad.
Un perro dejando de jugar o un gato que se esconde o cambia su rutina, pueden ser señales de alerta que deben ser atendidas pronto. Actualmente, la medicina veterinaria en nuestro país ha evolucionado, con diagnósticos tempranos, cirugías especializadas, tratamientos oncológicos, y mucho más. Pero, más allá de la importancia en tecnología e innovación médica, nuestra labor profesional es sumamente humana: estar atentos al día a día de nuestros hermosos animales, y no ser indiferentes ante su dolor y sufrimiento.
En esta línea de bienestar animal encontramos a la medicina preventiva con una de las herramientas más importantes: la esterilización. Diversos estudios en medicina veterinaria han demostrado que esterilizar oportunamente a perros y gatos reduce de manera significativa la aparición de tumores mamarios, elimina el riesgo de cáncer uterino y disminuye la probabilidad de patologías prostáticas y testiculares. No se trata sólo de evitar camadas no planificadas, sino de tomar una decisión responsable que impacta directamente en la expectativa y calidad de vida de nuestras mascotas. La esterilización es, en muchos casos, una vacuna contra el sufrimiento futuro.
Además, cuando hablamos de prevención, debemos mirar más allá de la puerta de nuestra casa. La existencia de animales callejeros sin esterilizar no sólo perpetúa ciclos de abandono y sobrepoblación, sino que también aumenta el riesgo de enfermedades transmisibles y cruces no deseados cuando nuestras mascotas interactúan con ellos en paseos o escapadas accidentales. Promover campañas masivas de esterilización, junto con educación responsable para los tutores, es una estrategia sanitaria que protege tanto a los animales con hogar como a aquellos que viven en la calle.
Prevenir el cáncer en nuestras mascotas no depende únicamente de la tecnología o de tratamientos de última generación; comienza con decisiones cotidianas informadas. La esterilización, los controles veterinarios periódicos y la observación atenta de cambios en su conducta constituyen un compromiso ético con quienes nos entregan afecto incondicional. Si reconocemos que sienten como nosotros, entonces también debemos asumir que prevenir su dolor es una forma esencial de amar.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.













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