Las separaciones de pareja suelen ser procesos emocionalmente difíciles, especialmente cuando existen hijos menores de edad. En medio de estas rupturas, el conflicto no siempre queda limitado a la relación entre los adultos. En algunos casos, los hijos terminan siendo involucrados en la disputa, convirtiéndose —muchas veces sin darse cuenta— en instrumentos dentro del enfrentamiento entre sus padres. Uno de los fenómenos que describe esta situación es el llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP).
La alienación parental puede entenderse como el proceso mediante el cual uno de los padres manipula al hijo con el objetivo de generarle sentimientos de rechazo, miedo u odio hacia el otro progenitor. Estos sentimientos no surgen de manera espontánea en el menor, sino que suelen ser inducidos mediante comentarios, actitudes o conductas reiteradas, destinadas a deteriorar la imagen del otro padre o madre ante el niño.
Este fenómeno suele aparecer con mayor frecuencia cuando los padres se encuentran separados o atravesando un conflicto judicial relacionado con la tenencia o custodia de los hijos. En ese contexto, uno de los progenitores puede intentar influir en el menor para que exprese rechazo hacia el otro padre, frente a familiares, profesionales o incluso ante el propio juez que deberá resolver el proceso.
En la práctica, la alienación parental puede manifestarse de diversas maneras. Por ejemplo, cuando uno de los padres desacredita constantemente al otro delante del menor; cuando se impide o dificulta el contacto entre el niño y el progenitor que no convive con él; o cuando se le transmite al menor la idea de que el otro padre no lo quiere, lo ha abandonado o representa un peligro. Con el tiempo, estas conductas pueden generar en el niño una percepción distorsionada de la realidad y afectar gravemente el vínculo con uno de sus padres.
Desde el punto de vista legal, los procesos judiciales de tenencia tienen como objetivo principal garantizar el bienestar del menor. En ese marco, el juez tiene la obligación de escuchar la opinión del niño y tomar en cuenta la del adolescente antes de adoptar una decisión. Este principio responde al reconocimiento del derecho de los menores a ser oídos en los asuntos que les afectan, conforme lo establecen diversas normas de protección de la infancia.
Sin embargo, la opinión del menor no siempre puede ser considerada de manera aislada. Cuando existen indicios de manipulación o influencia indebida por parte de uno de los progenitores, corresponde al juez evaluar cuidadosamente las circunstancias del caso. En estos procesos, las evaluaciones psicológicas realizadas por especialistas —generalmente psicólogos del Poder Judicial— cumplen un rol fundamental para determinar si el menor podría estar siendo víctima de alienación parental.
Si dentro del proceso judicial se acredita que existe manipulación, el juez no necesariamente tomará como determinante lo que el menor manifieste. Ello se debe a que sus declaraciones podrían estar influenciadas por el proceso de alienación ejercido por uno de los padres. En tales situaciones, el objetivo principal del juez es proteger el interés superior del niño, evitando que las decisiones judiciales se basen en percepciones inducidas o construidas artificialmente.
Cuando se demuestra la existencia de este tipo de manipulación, el juez puede adoptar diversas medidas orientadas a proteger al menor. Entre ellas, puede otorgar la tenencia al progenitor que ha sido perjudicado por la alienación o incluso variar la tenencia si esta ya había sido concedida previamente. La finalidad es restablecer un entorno que permita al menor reconstruir una relación saludable con ambos padres.
Es importante precisar que el Síndrome de Alienación Parental no se encuentra expresamente regulado en la legislación peruana. No obstante, su análisis aparece con frecuencia en la doctrina especializada, en informes psicológicos y en diversas resoluciones judiciales en las que se examinan situaciones donde uno de los progenitores influye negativamente en la relación del menor con el otro.
Más allá del debate jurídico sobre su denominación o alcance, lo cierto es que la manipulación de los hijos dentro de los conflictos de pareja constituye una forma de violencia emocional que puede afectar profundamente su desarrollo. Por ello, tanto los operadores de justicia como los propios padres deben recordar que, incluso en medio de una separación, los hijos no deben convertirse en instrumentos de disputa, sino en sujetos de protección y cuidado.
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