¿Qué se puede hacer frente a la polarización?, por Martín Tanaka | OPINION

En las últimas semanas he intentado caracterizar la dinámica de la polarización política en nuestro país, registrando cómo en los últimos años han ido perdiendo espacio posturas, actores y agendas identificadas con el centro político y cómo han ido siendo desplazadas por los extremos del espectro.

En la derecha, posturas liberales e institucionalistas perdieron fuerza frente a liderazgos y discursos abiertamente populistas y conservadores; no solo nuevos personajes desplazaron a otros, sino que algunos personajes viraron y cambiaron de posiciones. En el mundo de la izquierda, posturas de carácter socialdemócrata fueron desplazadas por posturas más tradicionalistas, muy radicales en lo discursivo. Partidos más de centro también se desplazaron hacia posturas populistas y conservadoras, como AP, Somos Perú o APP. Agendas reformistas terminaron siendo identificadas con algunos liderazgos circunstanciales, como los de Ollanta Humala, Villarán, Vizcarra o Sagasti. Nunca se trató de propuestas con respaldos consolidados, por lo que estas agendas tuvieron desarrollos parciales e interrumpidos y terminaron siendo identificadas con el destino particular de esos liderazgos.

De cara a las elecciones y pensando en el futuro del país, creo que en amplios sectores existe una relativa conciencia de los problemas de la polarización: se descartan propuestas valiosas por identificarlas con posturas contrarias y, en la medida en que ningún polo es capaz de consolidarse, terminamos siendo víctimas de cambios pendulares constantes, que se expresan en la inestabilidad en el ejercicio de los cargos públicos, en el carácter impredecible de las decisiones y en la dificultad para implementar políticas que se mantengan en el mediano y largo plazo, que son las importantes.

¿Qué hacer? Creo importante aislar a las voces extremistas, deslindar de ellas y recomponer plataformas con una capacidad de convocatoria ciudadana más amplia. Al mismo tiempo, hay que reconocer que, si algunas posturas extremistas prosperan, es porque movilizan temores y demandas no atendidas por las agendas de la política más institucionalizada, de las que hay que hacerse cargo. Es importante también, en medio del ruido político, ofrecer información, combatir las noticias falsas y las distorsiones interesadas de los hechos. No porque se busque convencer a los desinformadores, sino para llegar al ciudadano poco informado o al ingenuamente manipulado.

En el escenario actual, un riesgo mayúsculo es que nuestra democracia termine siendo capturada por grupos ilegales, capaces de movilizar grandes recursos. Más allá de las diferencias entre izquierdas y derechas, la movilización contra la criminalidad debería ser un factor aglutinante. Este frente de lucha contra la criminalidad y la corrupción tendría que ser muy amplio, y para lograr esa amplitud nuestras instituciones estatales y del sistema de justicia tienen que ser capaces de priorizar y lograr eficacia en la persecución de estos delitos para lograr una mayor legitimidad del sistema.

Afortunadamente, desde la sociedad civil en general se está dando una movilización amplia en torno a estas agendas. Toca ser persistentes en un ambiente adverso.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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