Opinión: ¿Y si estamos creciendo más? por Diego Macera

Entre los economistas que siguen la información nacional del día a día podría empezar a abrirse una sospecha. ¿No será que las cifras oficiales del crecimiento del PBI –reportadas por el INEI– están subestimando en parte el verdadero dinamismo de la actividad productiva?

Y es que los números no parecen calzar del todo bien. Me explico. El año pasado, el crecimiento del PBI fue de 3,4%. Esa cifra puede leerse en código vaso medio lleno o vaso medio vacío. Si vamos por la primera perspectiva, la optimista, se podría decir, por ejemplo, que fuimos la tercera economía de mayor velocidad de la región (detrás de Argentina y de Paraguay) y que mejoramos significativamente las proyecciones que se tenían al inicio del año. Nada mal, además, para la seguidilla de presidentes que hemos tenido en la última década. Para los extranjeros, ese es el fenómeno más curioso de la economía peruana: que puede crecer a tasas aceptables aún si nadie está seguro de que el jefe de Estado llegará al siguiente trimestre y los ministros duran, en promedio, menos que el mundial de desayunos.

Pero la lectura de vaso medio vacío es también razonable. El Perú tiene los mejores precios históricos para sus principales productos de exportación. Su macroeconomía está estable. Y si mantenemos el 3% de expansión del PBI promedio anual indefinidamente, nos va a tomar 30 años alcanzar apenas el PBI por persona que tiene hoy Uruguay. En el anterior ‘boom’ de precios de commodities, el país podía crecer al 6% sin cansarse. Deberíamos estar yendo hoy bastante más rápido.

Como sea que queramos evaluar el nivel del agua en el vaso del PBI, lo que digo aquí es que probablemente lo estamos midiendo mal. Que, de hecho, hay algo más de agua de lo que vemos en cifras oficiales. La sospecha surge porque los indicadores económicos que no dependen de metodologías complejas ni de herramientas estadísticas sujetas a errores sugieren mayor dinamismo. Es decir, la data administrativa, la que podemos medir de manera casi exacta, nos dice que venimos creciendo más rápido.

Tomemos el empleo. Los puestos de trabajo formales en planilla en el sector privado crecieron el año pasado en 6,2% en comparación con el 2024, unas cinco veces más rápido de lo que crece la población en edad de trabajar. Esa es información dura: la Sunat puede identificar a cada persona con nombre, apellido y DNI. Si a eso se le agrega el incremento de las remuneraciones promedio, se llega a que la masa salarial formal –lo que desembolsan todas las empresas formales para pagar planilla– subió 9,1% en el 2025. Una velocidad excelente y –en un contexto de baja inflación como hoy– poco compatible con expansiones del PBI total de 3%. En algunos sectores, para hacer que las magras cifras de aumento del PBI sectorial cuadren con las buenas cifras de empleo, tendríamos que asumir que cada trabajador ahora produce, en promedio, menos que antes. No hay mayor motivo para pensar que eso es cierto.

¿Qué hacen las familias cuando tienen más ingresos? Gastan más. Y eso también lo podemos ver en data dura. Aquí cuatro indicadores. En primer lugar, el IGV interno –posiblemente el mejor indicador de consumo disponible– creció en 8,1% el año pasado. De nuevo, muy por encima del crecimiento oficial del PBI y del consumo privado tomando en cuenta la baja inflación. Segunda evidencia: las importaciones de bienes de consumo, fácilmente identificables con información de Sunat, crecieron nada menos que 18,5% en el año, una cifra altísima. Específicamente, las importaciones de bienes de consumo duradero, como automóviles o equipos electrónicos, crecieron un extraordinario 27% (en parte ayudadas por un tipo de cambio más bajo). En tercer lugar, las transacciones con tarjeta de crédito, débito y prepago –que también se pueden medir de forma exacta– crecieron más de 11% interanual en enero del 2026. Finalmente, los comprobantes de pago electrónicos para sectores no primarios (comercio, servicios, manufactura, etc.) también crecieron a más de 10% el año pasado. Por donde se le mire, el consumo viene más fuerte de lo que sugiere la estadística oficial.

Aparte del empleo y del consumo, ¿se puede encontrar data administrativa similar para empresas que nos indique que estamos subestimando la actividad productiva? Por supuesto. Veamos el consumo interno de cemento, una variable muy cercana a la inversión y que se puede medir con precisión. En el último trimestre, esta se expandió al 12,3% interanual. Las importaciones de bienes de capital (máquinas para producir) crecen al 16,4%. El crédito a empresas, que también es información administrativa, fue 7,4% mayor en enero de este año comparado con enero anterior. La morosidad de los créditos está en el punto mínimo desde antes de la pandemia, mientras que el circulante (el valor de todos los billetes y monedas) crece a casi 14%.

Los ejemplos podrían seguir, pero la figura queda clara. Toda la información administrativa –verificable, detallada, creíble– apunta a una economía más caliente de lo que nos transmite el 3,4% de expansión del PBI del año pasado. Algunas expansiones en los casos anteriores pueden deberse a procesos de formalización o a mejoras en los registros más que a adición genuina de valor. Un poco de esto sin duda está, por ejemplo, en el crecimiento de los pagos con tarjeta y de los comprobantes electrónicos (son transacciones que ya existían, solo que ahora las registramos), pero las magnitudes son tales que de ninguna manera pueden ser la explicación completa. La siguiente pregunta evidente es entonces: ¿por qué estamos midiendo mal?

Un posible culpable es el año base de medición. A pesar de que las mejores prácticas internacionales sugieren cambiar de año de referencia cada cinco años, aquí aún utilizamos la información del 2007. Casi dos décadas después, es como intentar lucir con éxito a los 40 años un saco a la medida de cuando teníamos 20 años. Piénsese, por ejemplo, en cómo han cambiado la economía las telecomunicaciones y los pagos digitales, pero nuestro molde de medición sigue siendo el de antes de esas revoluciones. En segundo lugar, en algunos sectores la calidad de la data es pobre. En otros es muy pobre. Se usan muestras de empresas que podían ser representativas hace una década, pero ya no. Equipos de supervisión de gobiernos regionales no siempre recogen bien la información que les corresponde. Las discrepancias en manufactura entre lo que se recoge de las muestras oficiales y las ventas que reporta la Sunat (esta última, data dura) en ocasiones son groseras. Adicionalmente, hay otros sectores en los que la metodología de estimación parece poco efectiva, como el sector financiero. Según información oficial de PBI este sector no creció en el 2025, pero con información administrativa el crédito total creció 6,5%.

Esto no quiere decir que deberíamos entonces dejar de exigir mejoras y darnos por bien servidos con el estado actual de la economía. El Perú podría estar creciendo aún más porque el contexto económico es inigualable. Pero sí quiere decir que parece que estamos subestimando nuestro crecimiento. La información más verificable así lo dice. Ahora falta que la información oficial se ponga al día.

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