Empezó la campaña de cara a las elecciones municipales en medio de un abanico inmenso de oportunidades para Lima y el Callao, en beneficio del sector transporte y de sus ciudadanos. Recordemos que la presidenta de la República, en su reciente mensaje al Congreso, anunció para la ciudad capital la ejecución de las líneas 3, 4, 5 y 6 del metro de Lima, así como la culminación y operación de la línea 2.
Lo anterior representa una transformación completa para la ciudad, con recursos del Gobierno Central. Por ello, el próximo alcalde de Lima deberá aprovechar esta oportunidad para trabajar de la mano con el ministro de Transportes y gobierno en general, para colaborar y acelerar la ejecución de estos proyectos ferroviarios tan necesarios para la capital, como si fueran una sola fuerza.
Respecto a la caducada concesión de Rutas de Lima, deberá afrontar y decidir el reinicio del cobro de los peajes en dicho tramo, lo cual le originaría los recursos necesarios para la operación y mantenimiento sobre las vías metropolitanas. Situación que podría politizarse, de no implementarse medidas técnicas adecuadas.
Igualmente, debería tomar una posición técnica con respecto a la eliminación de la ATU. Se debe tener en cuenta que la ATU fue creada por ley del Congreso, no teniendo la Municipalidad de Lima competencia por sí sola, para desaparecerla. Lo más conveniente sería que trabaje coordinadamente con ella, para conseguir en el más breve plazo un sistema integrado de transporte para beneficio de sus ciudadanos. Del mismo modo, el Gobierno Central debe garantizar la mejora permanente en la gestión y búsqueda de la excelencia sobre dicha entidad. A este punto, se hace necesario que la ATU brinde una solución rápida y consensuada, al deterioro constante del Metropolitano y de los corredores complementarios.
El próximo alcalde deberá fomentar el desarrollo de la infraestructura en favor de la electromovilidad y de la micromovilidad, contribuir a la formalización del transporte, a la mejora de la educación vial, del tránsito y de la reducción de la contaminación del aire de los vehículos.
Desde hace décadas, Lima vive sofocada por una congestión vehicular aparentemente indomable. Gestión tras gestión se han inaugurado obras viales que prometían reducir demoras y aliviar la congestión, muchas nunca lograron ese objetivo debido a su mal diseño, otras trasladaron el problema a otro lado, y algunas dejaron de ser eficientes poco después de su inauguración. Persistir en esa estrategia difícilmente producirá resultados distintos. Una nueva gestión municipal tendrá que atacar el problema desde otro frente y encontrará varios retos.
El primer reto será formar un equipo técnico con expertos tanto en planificación urbana como en diseño vial urbano, ingeniería de tránsito, gestión del transporte público, seguridad vial, políticas de uso del suelo, entre otras disciplinas, y asegurar que este equipo trascienda a la gestión municipal; es decir, que cada nueva gestión lo adopte y no lo reemplace con equipos sin experiencia técnica o con prioridades distintas.
El reto de ese equipo será rechazar proyectos concebidos con criterios políticos antes que técnicos que, en muchos casos, ni siquiera cumplen las normas de diseño vial y, en cambio, planificar basándose en datos y evidencias. Para ello existen tecnologías nuevas que permiten entender cómo se desplazan las personas, identificar orígenes y destinos, recolectar data en tiempo real, y así determinar dónde pequeñas intervenciones pueden generar grandes beneficios, en lugar de proponer grandes obras viales que impresionan visualmente pero que no ofrecen una solución a largo plazo.
Pero quizás el reto mayor será reconocer que cerca del 70% de limeños utiliza exclusivamente el transporte público y que, por ello, se debe priorizar su ordenamiento y modernización antes de seguir ampliando infraestructura para el automóvil particular. Esto no significa renunciar a la construcción de infraestructura vial. Significa que cada obra debe responder a una necesidad, estar correctamente diseñada, y formar parte de una estrategia de movilidad enfocada en mover a más personas, de forma más segura.












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