El país está polarizado. ¿Quién lo despolarizará? Aquel que lo despolarice, un gran despolarizador será… Escuchar el último martes a Jorge Nieto tras la reunión que sostuvo con Keiko Fujimori me recordó a aquellos trabalenguas que alguna vez aprendimos de niños y que tantas risas nos causaron al pronunciarlos.
Al culminar el encuentro con Fujimori Higuchi, Nieto reveló a los periodistas que cubrían las incidencias de la reunión: “Le he sugerido que considere las rutas para la libertad del presidente Castillo, buscando que el país encuentre un espacio de descompresión y de despolarización”.
Esta sola afirmación del también exministro de Defensa generó más de una reacción. ¿Cree realmente Nieto que la liberación de Castillo reconciliará a los peruanos? ¿Cree Jorge Nieto que, en el hipotético caso de que Castillo sea liberado, lo veremos haciendo proclamas de paz y reconciliación en favor de todos los peruanos? ¿Recordará Nieto que fue precisamente Aníbal Torres –para algunos el cerebro detrás del golpe de diciembre del 2022– quien amenazaba con que correrían “ríos de sangre” si Castillo era vacado? ¿De qué “despolarización” estamos hablando?
Con todo respeto a la libertad de expresión del señor Nieto, la agenda del país merece prioridades distintas a la excarcelación de Pedro Castillo. La lucha inmediata contra la inseguridad ciudadana, las tareas de prevención y mitigación para el inminente fenómeno de El Niño, entre otros asuntos, resultan más importantes que la libertad de un golpista.
Si bien Nieto se cuidó en decir que cualquier proceso que implique la libertad de Castillo debe ser constitucional, lo cierto es que no existe el sustento legal que pueda abrirle la puerta de Barbadillo a Castillo.
El exmandatario que dio un discurso de quiebre constitucional el 7 de diciembre del 2022 ha sido sentenciado a 11 años de cárcel por el delito de conspiración para la rebelión, y esta condena ha sido apelada ante la Corte Suprema; por tanto, no tiene sentencia firme. Además, tiene otros procesos de corrupción, como el de Puente Tarata, por el que viene cumpliendo prisión preventiva.
Es decir, por más potestad que tenga un jefe del Estado para conceder un indulto o gracia común, este no aplica por el simple hecho de que son casos que están siendo procesados todavía por el Poder Judicial, y no cabe una injerencia del Ejecutivo con el instrumento del indulto. La separación de poderes también es democracia.
Una auténtica reconciliación debe pasar, quizá, por saber discrepar con altura, por no cancelar al que piensa distinto, y por entender que un país merece memoria, pero también justicia y perdón.













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