Frente al aumento de la violencia escolar, el Estado sigue respondiendo tarde, mal y sin prevención real.

Las cifras son frías y suelen golpear, pero pocos golpes son tan certeros como aquellos encajados a la niñez. Entre enero y mayo, SíseVe, del Ministerio de Educación, registró 930 casos de agresiones físicas y sexuales en colegios de Lima Metropolitana, 240 de ellos de violencia sexual. Detrás de cada cifra hay un niño vulnerado en el lugar que debía protegerlo. Estos casos no son anomalías, son la expresión más cruda de un patrón de violencia que las autoridades conocen desde hace años y que no han logrado revertir.

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