Libertad, en su origen, significa “condición de quien no es esclavo” o “estado de quien no está preso”, según la Real Academia Española (RAE). Hoy creo que no somos realmente libres, y no me refiero al hecho de actuar de una manera u otra, sino más bien a la vida que muchos llevamos debido a las condiciones de violencia que existen en el Perú.
Es normal tener miedo, pero la situación cambia cuando vivimos a diario con esa sensación de peligro. Hoy más del 80% de los peruanos siente inseguridad, según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Esto es algo que no debemos normalizar: vivir con más rejas que ventanas en nuestra propia casa.
Hemos pasado de ser precavidos a ser esclavos de la inseguridad. En lo que va del año hay más de 7 mil denuncias por extorsión, que van en aumento y figuran en el portal del Ministerio del Interior (Mininter). Hemos llegado al punto en que escogemos con cautela dónde sentarnos en los buses, enviamos nuestra ubicación mientras vamos de regreso a casa, andamos con las mochilas adelante y escondemos los celulares. Muchos pagan cupo para seguir trabajando, algunos cerraron su negocio de toda la vida para no morir, y otros murieron por ser libres.
En esta realidad, la lucha en el Perú por una vida digna se ve vulnerada por la inseguridad y la violencia que imperan; ser realmente libres parece requerir el pago de cupos y vivir constantemente con miedo. Quizás algún día sepamos qué es ser realmente libres, nunca aspiremos a dejar de serlo y seamos conscientes del país del que formamos parte y de que cada acción tiene una reacción.
Jamás olvidemos que la libertad es poder decidir sin miedo, poder caminar sin angustia y sentir tranquilidad en nuestros hogares; que nuestro derecho más grande no sea sobrevivir, sino simplemente vivir.
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