Keiko Fujimori tiene que proponerse hacer el mejor gobierno de la historia, aun sin mayoría en el Congreso. Eso implica conformar un Gabinete integrado por los mejores, y buscar acuerdos. Para ello tiene que vencer la propensión psicológica natural a confiar solo en los más cercanos.
Keiko Fujimori tiene que proponerse hacer el mejor gobierno de la historia, aun sin mayoría en el Congreso. Eso implica conformar un Gabinete integrado por los mejores, y buscar acuerdos. Para ello tiene que vencer la propensión psicológica natural a confiar solo en los más cercanos.
Una encuesta realizada por Ipsos muestra que un 53% prefiere un Gabinete multipartidario. Pero eso requiere voluntad de los otros partidos y vemos que esta no existe ni siquiera en Renovación Popular, cuyo líder declaró que hará una “oposición constructiva”. El tema es que el gobierno va a necesitar apoyo del Congreso para sacar adelante las reformas de segunda generación. Por ello, deberá buscar acuerdos con el Partido del Buen Gobierno, al que le sería imposible negarse a una agenda de reformas que estén incluidas en su propio plan de gobierno.
Keiko Fujimori necesitará apoyo político en el Congreso porque la tarea que le espera es ciclópea. En lo inmediato tendrá que prevenir y remediar los estragos que pueda causar un fenómeno El Niño que sería particularmente fuerte, y al mismo tiempo avanzar en la formalización minera y en la Ley Mape antes de fin de año para no tener que prorrogar el ominoso Reinfo.
Así comenzará a cumplir el principal objetivo de su gobierno que es incluir a las mayorías excluidas del sistema, para lo cual simultáneamente deberá desregular la economía y reconstruir la devastada capacidad del Estado para dar servicios básicos eficientes y ejecutar obra pública. Tenemos 70.000 obras paralizadas. Los servicios públicos son un desastre. La corrupción campea. La reforma y modernización de esos servicios chocará con los intereses burocráticos que medran en ese estado de cosas y que se cobijan en gobiernos regionales y locales autónomos. La oposición tiene que comprender que el gobierno necesitará apoyo político para llevar a cabo estas reformas.
Se le exige a Keiko Fujimori, para ello, pruebas de fe democrática, como indultar a Pedro Castillo o abandonar un supuesto propósito de hacer una razia en el Poder Judicial. Será importante, en ese sentido, a quién ponga en el Ministerio de Justicia, considerando que al mismo tiempo es indispensable una reforma del sistema judicial. Un jurista independiente de altas calidades con visión de reforma sería fundamental.
Pero reconstruir el Estado y los servicios públicos le permitiría reencontrarse con el sur del país. Debería emular la gestión directa del desarrollo local y rural de su padre, pero no contaría con las mismas herramientas porque la mayor parte de ellas han sido transferidas a los gobiernos subnacionales, que no funcionan. Para actuar directamente, solo le quedaría Foncodes, un programa operativo del Midis.
Por supuesto, la otra gran tarea será acabar con las extorsiones, un mal que se ha vuelto endémico. Tendrá que poner al frente del Ministerio del Interior a un líder capaz y conformar un comando unificado dirigido por ella en el que estén las autoridades e instituciones responsables. La articulación entre la policía, el Ministerio Público y el Poder Judicial –con magistrados comprometidos– debe ser en línea y en tiempo real. Se necesitará tecnología que podría ser demandada a Estados Unidos.
En suma, reconstruir la República. Una tarea, efectivamente, ciclópea.












Deja una respuesta