Los votos aún no han terminado de contarse, pero el desenlace ya está claro. Algunos de los aliados que acompañaron a Roberto Sánchez en su celebración prematura comenzarán a tomar distancia poco a poco. Sus gritos de fraude electoral no han encontrado el eco que esperaba. La falsa épica de la defensa del voto ha tenido escasa repercusión.
Los votos aún no han terminado de contarse, pero el desenlace ya está claro. Algunos de los aliados que acompañaron a Roberto Sánchez en su celebración prematura comenzarán a tomar distancia poco a poco. Sus gritos de fraude electoral no han encontrado el eco que esperaba. La falsa épica de la defensa del voto ha tenido escasa repercusión.
Los endebles argumentos de los abogados que lo representaron ante el JNE sepultaron las mínimas expectativas del candidato de Juntos por el Perú. Hablaron de un fraude cuyos autores no pudieron identificar, sustentado únicamente en teorías conspirativas sobre valijas diplomáticas y anomalías estadísticas. Sin responsables, sin pruebas y sin credibilidad, los pedidos para anular los votos de más de 2.000 mesas fueron declarados infundados.
Cualquier pretensión de proyectar a Sánchez como referente de un liderazgo sólido de izquierda rumbo al 2031 cargará con el peso de lo ocurrido durante estas semanas.
Si durante mucho tiempo se dijo que Keiko Fujimori perdía hasta con un panetón, Sánchez corre el riesgo de ser comparado con un bizcocho remojado, un queque de carretilla o un chancay de a veinte. Pasará a la historia como el candidato que festejó una victoria inexistente y que luego se negó a reconocer una derrota evidente. Pedro Castillo le pedirá que le devuelva su sombrero y Antauro Humala le refregará el fracaso.
La situación en Juntos por el Perú tampoco le es favorable. Tendrá una bancada de 14 senadores y 32 diputados, pero muy pocos de ellos le deben lealtad a Sánchez. Los castillistas buscarán su propio espacio; los antauristas harán lo mismo. Dentro del propio partido empiezan a asomar algunos liderazgos con mejor proyección política y mayor capacidad retórica que el propio candidato.
La habitual tendencia a la fragmentación en la izquierda irá reduciendo paulatinamente la cuota de poder que ahora ha logrado Sánchez. Sin curul, con la etiqueta de perdedor que arrastrará por los próximos años y con procesos judiciales abiertos, su horizonte no luce alentador.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.











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