Es la hora de la determinación

Terminadas las elecciones y una vez que sean proclamados los resultados oficiales de los comicios del pasado día 7 de junio, corresponderá a todos los peruanos de bien y demócratas de verdad hacer una defensa del sistema democrático y de nuestro régimen constitucional.

Superados ya los incidentes de la primera vuelta, no solo hay que reconocer a quien resulte ganador, sino que no debemos cejar en hacer esfuerzos por construir una plataforma que corte con determinación los intentos de desestabilización del país que desde ya se escuchan en ciertos sectores.

Lamentablemente, y no es primera vez que nos ocurre, hay sectores que, aún a sabiendas que las versiones que se esgrimen no corresponden a la verdad, insisten en repetir un discurso de división y cuestionamiento permanente, con el objeto de minar la legitimidad del ganador.

Algo más, hay verdaderos expertos en crear fantasmas para ensombrecer el éxito del adversario, exigiendo que se les demuestre lo contrario a lo que sostienen como requisito para dar credibilidad al resultado electoral. En una suerte de parábola de los fantasmas: exigen que se les demuestre que los fantasmas no existen pues, de lo contrario, la conclusión será que sí existen. No se puede caer en ese juego maquiavélico, ni olvidar que corresponde a quien afirma o denuncia algo demostrar ello.

La democracia tiene mecanismos constitucionales para, con el derecho en la mano, atajar cualquier intento que busque imponer un clima de zozobra, en el que se usa, cuando no, la violencia como principal arma. Ahí, más allá de las diferencias que puedan existir, veremos qué líderes políticos están con la democracia y quiénes se suman a la legión de los ingenieros del caos, caracterizados en tratar de sacar ventaja en río revuelto.

La democracia y el Estado de derecho no implican que todos pensemos igual; por supuesto que el disenso no solo es admitido, sino que además es necesario. La protesta, en ese sentido, puede ser legítima, pero ello no solo dependerá de la razón que pueda ser invocada, sino siempre en la medida que se canalice respetando el derecho de los demás.

He escuchado declaraciones de algunos diputados y senadores elegidos justificando el cierre de carreteras sobre la base que determinado departamento no ha sido escuchado, pues en él ganó el candidato que todo hace prever habría perdido el balotaje. Ese argumento no solo es absurdo, sino que además parece olvidar que el Estado es uno e indivisible y que el gobierno es unitario. Mal presagio para el desempeño de los susodichos en sus futuras funciones legislativas y de representación.

Winston Churchill tenía cuatro principios que son ley de vida. En la guerra: determinación; en la derrota: resistencia; en la victoria: magnanimidad; y, en la paz: conciliación.

Felizmente no estamos en guerra, pero debemos defender nuestra democracia contra quienes atenten contra ella, como si lo estuviésemos. Con determinación, que no es otra cosa que firmeza, valentía y constancia para lograr una meta, que no puede ser otra que el fortalecimiento institucional de nuestro país, la lucha frontal contra la pobreza, la delincuencia e inseguridad y, cómo no, la corrupción y el abuso del derecho.

Si se flaquea en estas materias, no solo habremos perdido un quinquenio más, sino incluso el país, que ya no aguanta engatusas ni pactos bajo la mesa. Manos a la obra.

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