¿Qué pasa cuando un doctorado deja de preguntarse qué es el conocimiento?, por Víctor Román

Durante décadas, los doctorados en administración han enseñado a formular hipótesis, analizar datos y publicar artículos científicos. Pero hay una pregunta aún más básica que rara vez aparece en el programa de estudios. ¿Qué significa realmente conocer algo?

Esa es la cuestión que impulsa el libro “El Futuro de los Doctorados en Administración: Filosofía, Ciencia y Conocimiento Para el Desarrollo de la Sociedad”, del Dr. Diego Noreña Chávez, académico peruano y director del Doctorado en Administración de la Universidad de Lima.

Además de centrarse únicamente en métodos estadísticos o tendencias de gestión, la obra plantea que la formación doctoral necesita recuperar una conversación mucho más antigua. La que durante siglos ocuparon filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles y Tomás de Aquino.

La idea surge de una preocupación concreta. En muchas escuelas de negocios, la investigación se ha vuelto cada vez más especializada. Los estudiantes aprenden técnicas sofisticadas para producir conocimiento, pero dedican menos tiempo a reflexionar sobre la naturaleza de ese conocimiento, sus límites y su relación con la realidad.

Para abordar el problema, el Dr. Noreña emprende un recorrido que abarca más de dos mil años de historia intelectual. El libro revisa las principales corrientes filosóficas de Occidente, desde los pensadores presocráticos hasta la filosofía medieval.

Luego se adentra en la filosofía del conocimiento y en la filosofía de la ciencia, dos disciplinas que intentan responder preguntas fundamentales. ¿Cómo sabemos que algo es verdadero? ¿Qué diferencia una opinión de un conocimiento sólido? ¿Cómo se construye la ciencia?

Puede parecer un desvío inesperado para un libro sobre administración. Sin embargo, el autor sostiene que las decisiones empresariales, las políticas públicas e incluso el liderazgo organizacional dependen, en última instancia, de cómo entendemos el conocimiento.

Esta visión conduce al autor a una afirmación poco habitual en la literatura sobre gestión. Noreña sostiene que el management constituye un saber superior porque no se limita a aplicar herramientas administrativas, sino que se ocupa de comprender y orientar a las personas. La gestión, argumenta, necesita de la ciencia y de la técnica, pero alcanza su mayor profundidad cuando se apoya en una reflexión sobre la naturaleza humana.

Desde esta perspectiva, el papel de un doctor va mucho más allá de producir artículos científicos o acumular publicaciones. Su responsabilidad consiste en buscar la verdad, formar criterio y poner el conocimiento al servicio de la sociedad. Para Noreña, dirigir organizaciones exige comprender a las personas en toda su complejidad, considerando aspectos como su libertad, dignidad y propósito.

Una analogía ayuda a visualizar su planteamiento. La mayoría de los programas doctorales enseñan a conducir un vehículo cada vez más sofisticado. Noreña propone detenerse un momento para abrir el capó y examinar el motor. Antes de avanzar más rápido, conviene comprender qué es lo que realmente impulsa la máquina.

La obra se apoya especialmente en la tradición filosófica realista, influida por Aristóteles y Tomás de Aquino. Desde esta perspectiva, conocer no consiste en fabricar versiones personales del mundo, sino en descubrir aspectos de una realidad que existe independientemente de nosotros. El conocimiento sería una forma de encuentro con lo real, más que una construcción puramente subjetiva.

La parte más original aparece en los capítulos finales. Allí el autor analiza la evolución histórica de las universidades y de los programas doctorales para proponer posibles rutas de desarrollo futuro. Entre ellas destaca una apuesta por modelos más cercanos al mundo profesional, como los Executive PhD, diseñados para directivos y líderes organizacionales que buscan hacer investigación pura, sin dejar de trabajar.

El libro también presenta marcos conceptuales propios, entre ellos el denominado “Espiral del Conocimiento” y una propuesta epistemológica bautizada como “Paiperismo”. Ambos intentan ofrecer nuevas formas de comprender cómo se genera y valida el conocimiento dentro de las organizaciones.

Esta discusión importa fuera del ámbito universitario porque las personas que cursan doctorados suelen terminar ocupando posiciones de influencia en empresas, gobiernos, universidades y centros de investigación. La manera en que entienden la verdad, la evidencia y el conocimiento puede moldear decisiones con efectos mucho más amplios que los de una tesis académica.

Más que ofrecer respuestas definitivas, el libro de Noreña recupera una pregunta que rara vez ocupa titulares. Antes de preguntarnos qué sabemos, quizá conviene preguntarnos cómo llegamos a saberlo.

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