La encíclica “Magnifica Humanitas”, del papa León XIV, abarca diversos temas que voy a divulgar en varios artículos. Uno de ellos, para mí fundamental, es el de la justicia social, muy necesaria en el Perú, donde ha aumentado la pobreza extrema, continúa la exclusión, la marginación, el racismo, la homofobia, la xenofobia y una fuerte carencia en el reconocimiento del otro y de la otra. Para tener un sistema democrático sólido y superar el desprecio que sufren muchos compatriotas, la reciente concentración de la riqueza en donde el 40% está concentrada en un 1%, el abuso del poder, el aumento de bandas criminales organizadas y una cleptoestructura que se ha ido construyendo a lo largo de los años, la corrupción formal e informal, además de un Estado alejado, frío e indolente, son las expresiones de un mal que ya no es coyuntural sino estructural.
Desde luego, no puede negarse que hay esfuerzos individuales e institucionales que son solidarios con el prójimo; pero ello, aunque bueno y necesario, no alcanza para que en el Perú haya justicia social. Por eso el Papa recuerda las palabras de Jesús cuando anuncia una buena noticia para los pobres (Lucas. 4,18) identificándose con los pequeños, los enfermos, los presos y los extranjeros (Mateo 25. 31-46).
Siguiendo estas palabras de Jesús, León XIV explica que la justicia no se refiere solo al comportamiento de los individuos, “sino también al modo en el que son concebidas las estructuras de la convivencia”. Por eso, “la justicia social se reconoce por la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos, en particular a los más frágiles, vivir de manera realmente humana, sin que ninguno quede atrás”. Nos recuerda también que San Juan Pablo II se refirió a una opción preferencial por los pobres.
Si nos remontamos a Aristóteles, quien analiza los diversos tipos de justicia, la justicia distributiva es aquello que nos pertenece. En consecuencia, a los peruanos nos pertenecen muchas cosas, como tener un nacimiento digno, estar bien nutridos y alimentados, gozar de una educación y salud de calidad, un sistema de transporte público amigable, seguridad, luz, agua, convivencia armónica con el medio ambiente, acceso igual a la justicia desde el derecho. A gozar de un régimen político con plena libertad, igualdad, dignidad y autogobierno. Porque una sociedad justa consiste en tomar al ser humano como un fin en sí mismo y no como un medio o instrumento al servicio de otros seres humanos, como dice el filósofo alemán Immanuel Kant en algo fundamental: el amor al prójimo, la gran enseñanza de Jesús.
La gran tarea del futuro gobierno será construir una justicia social que consolide el desarrollo humano integral, basado en la solidaridad, como bien enseña el Papa, siguiendo la doctrina social de la Iglesia.












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