A raíz del debate de los equipos técnicos de las agrupaciones participantes en la segunda vuelta de las elecciones ha surgido un debate público alrededor de la evolución del empleo después de la pandemia. En efecto, el representante de JP apuntó al “éxito” de su gestión señalando la generación de 300.000 empleos en sus 6 meses a cargo del MEF. La validez de esta afirmación descansa no sobre la cantidad de empleo que se creó en la resiliente economía peruana, sino en su atribución: ¿los empleos se generaron gracias al gobierno de Pedro Castillo o a pesar de él? ¿El crecimiento del empleo en 2021 fue solo un “rebote estadístico” luego del cierre de la economía por la pandemia?
Para abordar estas preguntas es necesario considerar, por un lado, la evolución del empleo desde el periodo pre-pandemia, esto es, con relación al 2019 y no sólo al 2020, año marcado por la pandemia, y, por otro lado, la calidad del empleo que se generó. Como se puede apreciar en el gráfico que acompaña esta entrega, el empleo cae fuertemente a partir del primer trimestre de 2020 (inicio de la pandemia) y toca fondo a mediados de dicho año. Lo que viene luego es el llamado “rebote estadístico”. El empleo agregado se recupera avanzando hacia su nivel previo al shock de la pandemia, que retoma su avance en el segundo semestre del 2021, aunque con subidas y descensos que lo llevan nuevamente por debajo del nivel pre-pandemia al terminar el año.
Lo más interesante, sin embargo, es la composición de esta recuperación. El crecimiento del empleo informal es el que explica la vuelta a los niveles pre-pandemia. En contraste, el empleo formal empieza a recuperarse lentamente en la segunda mitad de 2022, pero para fines de dicho año continuaba por debajo de sus niveles pre-pandemia. Como es sabido, puesto que no hay mecanismos de protección frente al desempleo excepto para una pequeña porción de la fuerza laboral, la variable de ajuste en el mercado laboral peruano frente a shocks recesivos no es tanto la tasa de desempleo como la calidad del empleo. Un enorme número de peruanos (más de 40% de la fuerza laboral) debe inventarse un empleo, que típicamente es uno de baja productividad en el sector informal. Más empleo informal significa deterioro en la calidad de los empleos. No hay, pues, un logro de política económica con relación al empleo del que enorgullecerse en este periodo.
De hecho, por el contrario, los síntomas del deterioro del mercado laboral son muy claros. A fines de 2022 el subempleo por ingresos había crecido 40% con relación al periodo pre-pandemia mientras que el empleo adecuado había retrocedido 7,5 puntos porcentuales.
El impacto más fuerte y duradero del deterioro del mercado laboral que deja la gestión de Perú Libre lo han sufrido los jóvenes. Aún a fines de 2025, a pesar de la recuperación general del mercado laboral, el empleo entre los jóvenes había caído 23% con relación al mismo periodo del 2019: casi 200.000 jóvenes menos tenían un empleo. Entre los que tenían empleo, apenas 4 de cada 10 tenía un empleo adecuado, 25% menos que en 2019.
Así, pues, no hay mucho que mostrar en términos de la gestión del empleo durante el último gobierno, ni para recuperarnos del shock de la pandemia, ni para promover empleo de calidad, esto es, empleo formal. Mejorar la calidad de los empleos debe ser el objetivo para el siguiente gobierno. Esto nunca se va a lograr si, como propone JP, el foco sigue siendo los trabajadores que ya son formales, dejando en el olvido al 70% de la fuerza laboral que no lo es.













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