Julio Velarde | El Perú tiene un potencial minero enorme, pero de nada nos sirve si no lo aprovechamos.

En el 2011, Apurímac (57%) y Cajamarca (56%) lideraban la tabla nacional de las regiones con mayores niveles de pobreza. Ese año ambas vivieron dos sucesos importantes. En Cajamarca, comenzaban las protestas contra el proyecto minero Conga, con una inversión estimada en cerca de US$4.800 millones y que hoy, prácticamente, ha quedado descartado por parte de las autoridades. Mientras tanto, en Apurímac se aprobaba el estudio de impacto ambiental de Las Bambas, una mina que el año pasado produjo más de 410.000 toneladas de cobre y que ha transformado por completo la dinámica de la región. Hoy, 15 años después, Cajamarca es la región con mayor pobreza del Perú (41%), mientras que Apurímac está en el top 10 de las menos pobres, con 21%.

Por supuesto, detrás de la situación actual de la pobreza en ambas regiones hay muchos factores, pero el papel que la minería formal ha jugado en esta historia no es menor. Esta actividad, después de todo, no solo aporta en producción, impuestos y canon para las regiones en las que opera, sino que también genera un círculo virtuoso por la cantidad de empleos que crea, los proveedores que activa y, en general, todos los recursos que mueve. Según las últimas cifras, hoy la minería formal emplea directamente a más de 276.000 personas, pero tiene influencia en entre ocho y diez millones de empleos indirectos. Así de importante resulta su aporte.

Por ello, es importante que tratemos de sacarle el jugo. Según explicó esta semana el presidente del Banco Central de Reserva, Julio Velarde, nuestro país tiene un potencial de inversión de cobre de unos US$47.000 millones. De aprovecharlo por completo, nuestra producción cuprífera anual –que bordea los 2,73 millones de toneladas– alcanzaría los 5,9 millones, lo que nos colocaría como líderes mundiales, por encima de Chile y la República Democrática del Congo, los dos países que nos superan.

Como explica Velarde, necesitamos, entre otras cosas, reformular el marco regulatorio del sector, pues en los últimos años ha habido “un crecimiento explosivo en la cantidad de trámites necesarios”, que han llegado hasta los 264. Pero ahora, además, esta actividad enfrenta una nueva amenaza: la minería ilegal, que no solo ha crecido bastante en los últimos años (en número de organizaciones, pero también en nivel de violencia), sino que hoy tiene posibilidades de llegar al poder de la mano de Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), que no solo ha presentado proyectos para beneficiarlos, sino que se reúne muy alegremente con sus representantes.

El Perú, como nos lo recuerda Velarde, tiene un potencial millonario en producción de cobre. Pero no aprovecharlo es como tener millones de soles bajo tierra que no pueden ser utilizados. No podemos perder esta oportunidad.

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