
Entre el 2024 y 2025 la pobreza en el Perú se redujo de 27,6% a 25,7%. Esta reducción, una vez corregida por el nivel de crecimiento alcanzado (3,4%), ha sido importante, pero irrepetible en el corto plazo. La elasticidad crecimiento pobreza registrada fue de casi 0,6; es decir, cada punto de crecimiento permitió una reducción de casi 0,6 puntos porcentuales (p.p.) de reducción en la pobreza.
Esta cifra es comparable con el período de mayor reducción de pobreza (2004-2008) donde la elasticidad promedio era de 0,7, superior a lo registrado en el período 2009-2013 (0,4) o 2014-2019 (0,2) y puntualmente por encima del período 2012-2013 (0,3) donde experimentábamos tasas de pobreza similares a las del 2024-2025. El impulso adicional provino de un mayor efecto distribución y, sobre todo, de la normalización en de las tasas de inflación (1,5% en 2025), el cual podría desaparecer o moderarse en 2026 producto de la aceleración de la inflación promedio esperada para este año.
Con ello, y considerando otros supuestos asociados a la incertidumbre electoral y efectividad de programas sociales, es esperable que la elasticidad durante el año vaya convergiendo poco a poco niveles más cercanos a los de 2012 (entre 0,2 y 0,4 de acuerdo con estimaciones propias) en los dos años siguientes (2026 y 2027). De este modo, incluso sin considerar choques climáticos de importancia, el contexto de reducción de la pobreza en los siguientes años será más retador.
La trayectoria de la pobreza contrasta con incidencia de la vulnerabilidad (personas que no son pobres, pero con riesgo de caer en pobreza), la cual, más bien, ha crecido ligeramente en el período 2024-2025 (de 32% a 33%). No obstante, es importante no sobrerreaccionar a esta relativa estabilidad del indicador sin previamente entender de donde provienen los vulnerables. Para ello, conviene entender a esta categoría como una transición.
Por ejemplo, los nuevos vulnerables pueden ser ciudadanos que en el período anterior fueron pobres y han progresado económicamente para superar esta condición, pero no lo suficiente como para consolidarse económicamente. Esta es la situación de un 24% de ellos. Asimismo, los nuevos vulnerables también pueden ser ciudadanos cuya situación económica estaba consolidada en el período anterior y que, más bien, han visto un deterioro en sus ingresos, lo que ha determinado que caigan en la vulnerabilidad. Esta es la situación de un 29% de este grupo, que aún no han caído en pobreza, pero va en esa dirección. El resto (47%) se han mantenido en la vulnerabilidad entre 2024 y 2025, pero incluso dentro de este grupo hay contrastes. Por un lado, están los que han experimentado un aumento de sus ingresos (24%) y, por otro, están los que han visto sus ingresos contraerse (23%).
Con estas cifras en mente es claro que los intentos por implementar políticas públicas focalizadas que buscan atender a los vulnerables deben diferenciar, por lo menos, entre aquellos que están en la carretera hacia la pobreza (52%) de los que están en la carretera hacia la consolidación (48%). Tratarlos de forma homogénea implica correr el riesgo de ineficiencias asignativas en un mundo de recursos fiscales escasos.












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