El debate ‘técnico’ del domingo confirmó lo que para muchos era evidente desde hace tiempo: las propuestas de campaña de Juntos por el Perú (JP) en múltiples terrenos –pero sobre todo en el económico– no resisten la confrontación con la realidad o el análisis racional. Funcionan como gritos de guerra para encender a un auditorio cautivo, pero se derrumban cuando son sometidos al rigor de la lógica elemental.
Es algo que ya se había puesto de manifiesto, por ejemplo, cuando el candidato Roberto Sánchez afirmó: “Nosotros no queremos crecimiento económico, queremos desarrollo humano”. Como cualquier persona informada sabe, lo segundo es imposible sin lo primero. Y, de hecho, Sánchez tuvo que salir poco después a matizar su posición.
Algo parecido ocurrió en el debate que aquí comentamos. El exministro de Economía Pedro Francke, improvisado algunos días antes como vocero económico de la candidatura de JP, aseveró con singular desparpajo que, de ganar, ellos le pedirían al presidente del BCR, Julio Velarde, que siguiese en su puesto. Esto en abierta contradicción con la forma en que el propio Sánchez se refirió a esa misma persona durante la primera vuelta. “Usted, señor Julio Velarde, no nos representa; nosotros en nuestro primer día de gobierno lo vamos a echar, porque es usted una vergüenza” fue lo que dijo. ¿En qué quedamos entonces? ¿O lo echarían o le pedirían que se quede? Uno de los dos miente y es claro que, entre ellos, el que manda es Sánchez. De manera que las otras ofertas presuntamente tranquilizadoras de Francke durante el debate –“no habrá estatizaciones”, “respetaremos los contratos”, “tendremos una política macroeconómica de estabilidad”– enfrentan el mismo problema de inverosimilitud. El plan de gobierno de JP plantea todo lo contrario, y Roberto Sánchez anunció a principios de este mes que no firmará ninguna “hoja de ruta” que lo aparte de sus promesas radicales.
Estamos, pues, ante una estrategia de cambio de discurso según el auditorio que se tiene delante: populista y expropiatorio cuando conviene, y moderado cuando no. Y por experiencia sabemos cuál de los dos es el que se impone cuando el castillismo –que Sánchez reivindica– llega al gobierno… El exministro de Economía Luis Carranza nos hizo recordar el domingo que, a la luz de lo que pasó con la pobreza, los peruanos cometimos en el 2021 un error. No caigamos en la trampa de este doble discurso y no volvamos a incurrir en ese despropósito.
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