Uchuy es un polluelo de cóndor andino (Vultur gryphus) que nació en Ayacucho, Perú, en un nido en medio de una abertura en la montaña. Allí mismo, en diciembre de 2023, un grupo de investigadores había descubierto a una pareja de cóndores con su cría. En ese momento, la pichona de cóndor fue monitoreada por los científicos durante casi un año hasta que abandonó definitivamente su hogar.
En esta segunda oportunidad, cuando los investigadores regresaron al nido, encontraron nuevamente a una pareja de cóndores con un polluelo, a quien los científicos bautizaron como Uchuy, vocablo quechua que significa pequeño. Esta vez, además de realizar el monitoreo de seguimiento al nido, decidieron colocar un transmisor GPS al pichón. De esta forma, Uchuy se convirtió en el primer polluelo de cóndor andino en Perú que lleva un rastreador satelital desde el nido.
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“En septiembre del año pasado regresamos al mismo nido y en octubre encontramos una pareja de cóndores con comportamiento reproductivo. Volvimos al mes siguiente y vimos a la hembra incubando un huevo. Fue una sorpresa, estábamos súper emocionados. Entonces, empezamos a monitorear el nido hasta que nació el pichón”, cuenta Víctor Gamarra-Toledo, presidente de la Fundación Cóndor Andino Perú (FCAP) y curador del área de Ornitología del Museo de Historia Natural (MUSA) de la Universidad Nacional de San Agustín, en Arequipa.
Investigadores colocan el dispositivo GPS en el cuerpo de Uchuy, Foto: cortesía Fundación Cóndor Andino Perú
Gamarra, quien lidera las investigaciones sobre el cóndor andino, cuenta que colocarle el transmisor a Uchuy “fue un reto” porque hasta ese momento todos los cóndores a los que se les había instalado estos equipos con GPS eran animales rescatados y que se encontraban en algún centro de manejo. Por lo tanto, colocarles los pequeños aparatos se hacía menos complejo.
A inicios de abril de 2026, cuando Uchuy tenía cinco meses, el equipo de la Fundación Cóndor Andino Perú, con el apoyo de la Fundación Cóndor Andino de Ecuador, realizó un trabajo bastante complejo para poder instalar el rastreador en el polluelo que permanecía en su nido, ubicado en un paraje del corredor biológico natural que va desde la Reserva Nacional Pampa Galeras Barbara D’Achille, en Ayacucho, hasta la Reserva Nacional San Fernando, en Ica.
Escaladores profesionales ayudaron al equipo de investigadores a llegar hasta el nido de Uchuy. Foto: cortesía Víctor Gamarra-Toledo
“Fuimos con escaladores profesionales, tuvimos que descender al nido, extraer al pichón y en un trabajo coordinado de casi 14 personas, distribuidas estratégicamente, le colocamos el transmisor”, explica Gamarra-Toledo. “El proceso duró más o menos 50 minutos y luego devolvimos al pichón al nido para que continúe el proceso de cuidado parental y de crecimiento”, agrega el investigador.
El monitoreo satelital permitirá a los investigadores determinar con precisión en qué momento el pichón dejará su primer hogar. Por ahora permanece dentro de su nido, entre las rocas, donde el pequeño aparato no puede recibir señal para transmitir información, por tanto, aún no se reciben datos de sus actividades.
“Es importantísimo documentar el momento en que el pichón empieza a pasar de la dependencia del nido a sus primeros vuelos exploratorios. Con el transmisor vamos a saber con mucha precisión cuándo ocurre ese primer vuelo, cómo se amplía progresivamente su área de movimiento y cuándo empieza a dejar de regresar regularmente al nido”, afirma Gamarra-Toledo.

Uchuy permanece quieto mientras los investigadores lo examinan muy cerca de su nido. Foto: cortesía Fundación Cóndor Andino Perú
El investigador explica que los pichones de cóndor andino comienzan sus movimientos alrededor del sexto mes y al décimo mes ya hacen vuelos intermedios. A partir del mes 15 empiezan a volar a zonas más alejadas hasta que tiempo después ya no regresan al nido.
En Argentina, explica Gamarra-Toledo, los pichones pasan entre seis y 15 meses bajo el cuidado de los padres y se menciona que comienzan a dejar el nido para volar a los 15 meses. En Ecuador, en cambio, es diferente, porque parece que los pichones permanecen con los padres menos tiempo. “Es menor el tiempo del cuidado parental de individuos que viven en Ecuador comparándolos con los que viven en Argentina”.
En el caso de Perú, se desconoce con exactitud en qué momento los polluelos dejan el nido y ese es uno de los datos que se tendrá con el transmisor satelital que se ha instalado en Uchuy. Lo que hasta ahora se conoce por el monitoreo al nido de la pichona encontrada en 2023 es que esa polluela salió aproximadamente a los 10 meses y medio de nacida. “Nos da mucha curiosidad lo que ocurre en Perú porque es una zona intermedia entre Argentina y Ecuador”, comenta Gamarra-Toledo.
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La Fundación Cóndor Andino Perú ha colocado hasta el momento tres transmisores satelitales en cóndores en este país. El primero lo instalaron en Encanto Querobambino, un cóndor rescatado que se salvó de morir por envenenamiento en Ayacucho. El último que recibió un dispositivo satelital es Chaska, un cóndor hembra rescatado en Arequipa que fue liberado a fines de abril.

Encanto Querobambino despliega sus alas para volar luego de haber sido rescatado y rehabilitado de un envenenamiento. Foto: cortesía Víctor Gamarra-Toledo
Además del dispositivo GPS los investigadores colocan a los cóndores una banda en las alas con un número visible a larga distancia. Encanto Querobambino lleva el número 13, Uchuy el 14 y Chaska el 15. Es una forma de reconocerlos en pleno vuelo.
La recuperación de Encanto Querobambino, rescatado en la localidad de Querobamba, Ayacucho, fue un trabajo conjunto de la Fundación Cóndor Andino Perú y la Fundación Cóndor Andino Ecuador con las comunidades y autoridades locales, el Gobierno Regional de Ayacucho, el Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa y organizaciones científicas de Perú, Ecuador y Argentina.
“Estaba muy conectado con la población. Fueron ellos quienes lo bautizaron con el nombre de Encanto Querobambino e incluso le compusieron una canción. Cuando lo liberamos la gente lo acompañó con una comparsa en quechua”, describe el investigador con entusiasmo lo que sucedió el 28 de abril de 2025, cuando el cóndor volvió a volar en libertad.

La población de Querobamba despidió a Encanto Querobambino con cantos, música y comparsas en quechua. Foto: cortespia Víctor Gamarra-Toledo
El rastreador colocado a Encanto Querobambino envía información cada vez que el cóndor pasa por una zona con antenas de transmisión. Los datos permiten identificar los lugares por dónde transita.
En el caso de Chaska, su liberación ocurrió a fines de abril de 2026. Ella fue encontrada en Cotahuasi, en Arequipa, en grave estado de salud, al parecer por envenenamiento. Su rescate estuvo a cargo del personal de la Reserva Paisajística Subcuenca del Cotahuasi, del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp); mientras que su rehabilitación y liberación a cargo del Servicio Nacional Forestal de Fauna Silvestre (Serfor) en coordinación con la Fundación Cóndor Andino de Perú y de Ecuador.
Tras dos meses de recuperación, Chaska fue trasladada al Valle del Colca, donde fue liberada. En las imágenes del día de su liberación se la observa salir de la jaula y extender sus alas. Luego, camina unos metros hasta que decide lanzarse al vacío y empezar a volar.
Gamarra-Toledo señala que actualmente hay ocho cóndores que llevan un dispositivo de GPS y que estos tres —Encanto Querobambino, Uchuy y Chaska— son monitoreados por la fundación que él lidera. Explica también que los datos obtenidos ofrecen información sobre acelerometría —aceleración y desaceleración— de los individuos, temperatura y otras características que “permitirán hacer estudios avanzados, incluso desde el momento en que empiezan a mover las alas”.

Chaska también fue rescatada. Ahora lleva un transmisor satelital y las bandas en sus alas con el número 15. Foto: cortesía Víctor Gamarra-Toledo
La información satelital también permite localizar los lugares de descanso y de alimentación de los cóndores, explica el investigador. Se podrían localizar nidos y, siguiendo los patrones de movimiento o ausencia de éste, rastrear si un animal está en malas condiciones como consecuencia de envenenamiento o cualquier situación grave. “De esa manera podemos identificar zonas complejas o de amenaza para los cóndores. La ecología de movimiento o la telemetría es una herramienta poderosísima porque nos da una mejor idea de la gestión sobre todo para especies con amplio rango de movimiento.
Los cóndores recorren largas distancias. De acuerdo con la información que ha recogido la Fundación Cóndor Andino Perú, en el caso de Encanto Querobambino se sabe que se traslada entre los cañones que comparten el sur y el centro del departamento de Ayacucho y toda la parte occidental de Apurímac. Incluso llega hasta Huancavelica, otro departamento de los Andes peruanos.
“Esperemos que en algún momento se pueda mover hasta la costa o de pronto hasta Arequipa”, dice Gamarra-Toledo. Con la información que vaya proporcionando cada individuo que lleva GPS se irán conociendo sus desplazamientos, “Quizá algunos no se desplacen tanto y más bien se adapten a los cañones o a las localidades en las que se mueven”, agrega.
“Venimos marcando cóndores desde hace más de dos décadas. Venimos estudiando su movimiento a partir del uso de transmisores de GPS y otras tecnologías, lo que nos ha permitido entender muchísimo más de la historia natural y la ecología de la especie, además de hacer recomendaciones para su manejo y su conservación”, comenta desde Argentina el Dr. Sergio Lambertucci, director del Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma, Universidad del Comahue-Conicet).

Chaska volando en el cañón del Colca, donde fue liberada luego de su rehabilitación. Foto: cortesía Víctor Gamarra-Toledo
Lambertucci menciona que el monitoreo satelital era una tarea pendiente en Perú “para poder entender mejor cómo se mueven los cóndores; qué zonas visitan; en qué lugares podrían estar expuestos a un mayor riesgo, por ejemplo, de colisión contra tendidos eléctricos, encontrar una carroña envenenada o estar expuestos a la persecución directa de las personas”.
Sobre la marcación a un polluelo en el nido, Lambertucci señala que la información que se recoge “es muy valiosa” porque permite conocer “el proceso desde el momento en que el cóndor empieza a volar”, así como “el proceso de aprendizaje de vuelo desde el momento que sale del nido, aprende a volar junto con sus padres y luego a buscar su propio alimento”.
Es un periodo que le lleva buen tiempo, comenta el experto, más de un año siguiendo a sus padres “para aprender cómo volar de manera eficiente para gastar poca energía y llegar a lugares remotos donde pueda encontrar esa aguja en un pajar que es una carroña de un animal muerto que dura unos días en medio de las montañas”.
Lambertucci explica que los cóndores son expertos en volar grandes distancias sin consumir prácticamente energía. “Un cóndor no se puede mantener volando solamente aleteando, tiene que saber cómo tomar las dinámicas que encuentra en la montaña, esos vientos ascendentes que les permiten recorrer grandes distancias gastando muy poca energía”.

Encanto Querobambino observa las montañas antes de levantar vuelo. Ahora lleva un transmisor que permitirá a los investigadores conocer más sobre la vida de los cóndores en Perú. Foto: cortesía Víctor Gamarra-Toledo
Hacia finales de 1997 se colocaron por primera vez rastreadores satelitales en cóndores en Argentina, dice Lambertucci. Fueron cóndores criados en cautiverio y que luego fueron liberados. “Después, se empezó a marcar con GPSs y acelerómetros poblaciones silvestres que se capturan para estudios científicos y que incluyen la toma de muestras de sangre, medidas morfométricas y otras variables”.
“En general, hasta hace unos pocos años se marcaban animales inmaduros de más de un año y adultos, pero no polluelos. Hace pocos años, comenzamos marcando polluelos en sus nidos, con el objetivo de entender el proceso de aprendizaje de vuelo y uso de hábitat”, agrega el investigador.
Sebastian Kohn, presidente e investigador de la Fundación del Cóndor Andino Ecuador, señala que en ese país han marcado 25 cóndores con rastreadores satelitales e instalado las bandas en sus alas. Y los datos obtenidos de estos dispositivos, agrega Kohn, “han revolucionado por completo lo que se sabía de la especie”. Antes de instalar los rastreadores a los cóndores en Ecuador, “se estimaba por los datos recogidos en el sur, en Argentina y Chile, y algunos datos de Perú, que los cóndores se reproducen cada 2 a 3 años. Pero aquí en Ecuador, en el trópico, pueden tener pichones cada 13 meses”.
La información registrada por los equipos satelitales también sirven para la toma de decisiones de las autoridades. De esta forma, por ejemplo, pueden planificar proyectos de energía eólica o torres de transmisión eléctrica sin afectar a los cóndores. “Los tendidos eléctricos y los proyectos de generación eólica son muy importantes para nuestros países, pero deben instalarse en sitios por donde no pasen a menudo los cóndores o que no estén cerca de territorios reproductivos, de nidos, de dormideros”, explica el experto.
Kohn también menciona el trabajo coordinado que se está haciendo entre los países de la región. En Perú ya han apoyado en la marcación de cinco cóndores, dos en 2015 y los tres últimos con la Fundación Cóndor Andino Perú. En Colombia han instalado rastreadores en dos individuos. También en Chile. “Es importante unir esfuerzos para coordinar acciones, para entender las diferencias de la especie, cómo se comporta en la Patagonia, Argentina, versus las costas secas de Perú; en la Reserva San Fernando y la Península de Illescas o los Andes ecuatoriales que son mucho más húmedos hasta llegar a Colombia, a la Sierra Nevada de Santa Marta”.
El artículo original fue publicado por Yvette Sierra Praeli en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.
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