El administrador de la NASA, Jared Isaacman, acaba de reabrir un debate académico e incluso cultural al anunciar que desea que Plutón reciba nuevamente la clasificación de planeta, tras dos décadas de haber sido rebajado a la categoría de planeta enano.
En una comparecencia ante el Senado de EE.UU., Isaacman declaró que “está totalmente a favor de que Plutón vuelva a ser un planeta” y que la agencia espacial que preside se encuentra redactando “algunos documentos” que buscan dar mayor sustento a dicha postura.
Más allá de la nostalgia que genera la vieja denominación de Plutón, la posición del jefe de la NASA no significaría necesariamente volver a definiciones antiguas, sino que plantearía todavía más cambios alrededor de lo que entendemos como planeta.
Plutón fue descubierto en 1930 por el astrónomo estadounidense Clyde Tombaugh después de años de especulaciones sobre la existencia de un noveno planeta en el sistema solar.
Ese hipotético cuerpo celeste, por entonces llamado “Planeta X”, explicaría las perturbaciones que los astrónomos del s. XIX habían calculado en la órbita de Neptuno.

Plutón es objeto de constante estudio por parte de la NASA (Foto: NASA)
Con el descubrimiento de Plutón ese problema se consideró resuelto y durante el resto del siglo se le consideró como un planeta.
Sin embargo, en las últimas décadas del siglo pasado se reescribió el conocimiento previo alrededor de nuestro sistema planetario.
Lo primero que quedó claro fue que Plutón era demasiado pequeño como para alterar la órbita neptuniana, con una masa de apenas el 0,2% de la que tiene la Tierra. Un estudio de 1992, que analizaba la información obtenida por la sonda Voyager 2, presentó evidencia sólida de que la masa de Neptuno había sido mal estimada y que las alteraciones a su órbita provocadas por un planeta de grandes dimensiones no tenían sustento.
A esto se sumó que durante los primeros años del siglo XXI se descubrieron más objetos de dimensiones cercanas en el Cinturón de Kuiper, la región donde se ubica Plutón. Esto hacía a este último diferente del resto de planetas del sistema solar en un aspecto clave: era parte de una nube de otros cuerpos helados.

Órbita de Plutón. Foto: ¡Stock.
Para un sector importante de la comunidad científica, los nuevos hallazgos generaron una necesidad de reclasificación del concepto de planeta, que se sometió a voto en agosto del 2006 dentro de la Unión Astronómica Internacional (UAI).
Octavio Chon Torres, presidente de la Asociación Peruana de Astrobiología (ASPAST) y docente de la Universidad de Lima, recuerda que este debate tuvo una participación latinoamericana importante debido a que los astrónomos uruguayos Julio Ángel Fernández y Gonzalo Tancredi fueron impulsores del cambio conceptual.
“Ellos defendieron la necesidad de incorporar un criterio de dominancia orbital en la definición de planeta. Según este, no basta con que un cuerpo celeste orbite alrededor del Sol y tenga una forma esférica; también debe ser gravitacionalmente dominante en la región por donde se desplaza, es decir, debe haber ‘limpiado’ la vecindad de su órbita”, comenta el especialista.

Los delegados de la UAI votaron en agosto de 2006 para definir a Plutón como planeta enano.
La UAI votó finalmente a favor de esta idea, y con ello Plutón dejó de ser formalmente un planeta, recibiendo la nueva denominación de planeta enano junto a otros elementos del Cinturón de Kuiper.
Bautizado por una niña
Tras el descubrimiento de Plutón en 1930 se lanzó una convocatoria abierta de sugerencias para nombrar al nuevo planeta. La propuesta de Venetia Phair, una niña británica de 11 años, fue de especial agrado para Clyde Tombaugh y ese mismo año se convirtió en la denominación oficial para el objeto celeste.
Phair vivió lo suficiente para ver que el cuerpo al que dio nombre fue degradado a planeta enano, puesto que falleció en el 2009.
Chon Torres explica que, a partir de ese punto, para que un cuerpo celeste sea considerado como planeta debe cumplir tres requisitos fundamentales: orbitar alrededor del Sol, tener suficiente masa para que su propia gravedad le dé una forma aproximadamente esférica y haber limpiado su zona orbital.
“Este último criterio sí lo cumplen planetas como la Tierra, Marte o Venus, que son cuerpos gravitacionalmente dominantes en sus respectivas regiones orbitales”, apunta el especialista.
La pérdida del título de planeta por parte de Plutón fue controvertida desde el plano científico, pero también desde el cultural, debido a que durante décadas se enseñó en todo el mundo que el sistema solar tenía nueve planetas.
La noticia fue particularmente mal recibida en Estados Unidos, debido a que Plutón era un motivo de orgullo nacional para los norteamericanos al ser el único planeta descubierto por uno de sus ciudadanos.
A esta sensación de incomodad se sumó que, tan solo siete meses antes de la redefinición, la NASA había lanzado la misión espacial no tripulada New Horizons para investigar “el noveno planeta” de nuestro sistema, así que el científico jefe del proyecto, Alan Stern, fue uno de los principales críticos de la degradación de Plutón.

Alan Stern, el científico jefe de la misión New Horizons de la NASA a Plutón, es un crítico vocal de la reclasificación.
El rechazo alcanzó incluso estatus legal en el estado de Nuevo México —allí vivió y trabajó Tombaugh—, donde en el 2007 se emitió una resolución que señalaba que Plutón “siempre sería un planeta” bajo sus cielos. Illinois, lugar de nacimiento del descubridor del cuerpo celeste, proclamó una normativa similar en el 2009 calificando de “degradación injusta” la nueva definición de planeta enano.
Para Randy León, antropólogo y también docente de la Universidad de Lima, cambios de definición como el de Plutón evidentemente no tienen un impacto en la vida diaria del ciudadano común, pero explica que estos conceptos van más allá debido a que “las sociedades no se construyen solo con lo práctico”, sino que también requieren de elementos que les den coherencia.
“Es un fenómeno universal. Las personas, como seres gregarios que somos, tenemos como uno de los factores privilegiados que nos permitió avanzar como especie la necesidad de contar con elementos de unión e identificación, pero también para diferenciarnos. Los mitos y leyendas son elementos de cohesión e identificación fuertes”, explica.

Imagen de la superficie de Plutón. (Foto: NASA)
León señala que Plutón tiene una clara influencia para la ciencia en territorios como Estados Unidos y recuerda que encuestas como las de la consultora YouGov siguen dando cuenta de que la mitad de la población de este país sigue considerándolo como planeta.
Según un sondeo de enero del 2025, el 50% de consultados por YouGov definía a Plutón como planeta, mientras que solo un 21% afirmaba que era un planeta enano.
Si bien esa consideración tiene variables importantes en función de la región del mundo donde se consulta a la población, el apego a la idea de Plutón como planeta se sustenta en elementos como la educación desde temprana edad y la exposición prolongada a estos conceptos, según León.
“No es solo un asunto de ‘ciencia para la ciencia’, sino de que esta tiene un propósito de servir a la humanidad. Estas discusiones van trascendiendo el espacio científico y lo técnico para incluirse en nuestra vida cotidiana”, comenta el antropólogo.
“Lo que se discute en la ciencia y lo que decida esta es traducido a nuestro lenguaje y lo aprovechamos, discutimos, refutamos. No se queda solo en el ámbito científico, tiene un impacto real y es importante abordarlo, entenderlo e incluso comunicarlo”, añade.
Más allá de las apreciaciones sociales, la consideración de Plutón como planeta enano todavía viene siendo debatida en el ámbito académico, donde un sector crítico considera restrictiva la definición vigente de la UAI.
Lo que esta tendencia de reforma busca es que se parta desde la geofísica y basarse más en las propiedades del cuerpo celeste que en su ubicación en el cosmos.

La región volcánica helada de Plutón. (Foto: Isacc HERERA y Kelsi SINGER / NASA/UNIVERSIDAD JOHNS HOPKINS/LABORATORIO DE FÍSICA APLICADA/INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN DEL SUROESTE / AFP)
/ ISACC HERERA KELSI SINGER
Esta postura toma los datos obtenidos por la sonda New Horizons, que llegó a Plutón en el 2015, y considera al objeto como planeta por varios aspectos cruciales: posee una atmósfera compleja y activa, tiene cinco satélites, cuenta con actividad geológica y probablemente posea un océano líquido bajo su corteza.
A pesar de ello, hay científicos que se oponen a la redefinición porque supondría que más de un centenar de cuerpos celestes del sistema solar pasarían a ser planetas, mientras que los defensores del nuevo paradigma sostienen que esto no tendría que ser negativo.
Octavio Chon señala que por ahora las intenciones de Jared Isaacman son más que nada “una postura personal”, pero que cualquier cambio de esta índole no necesariamente sería gigantesco para la ciencia y tendría esencialmente “consecuencias taxonómicas y educativas”, debido a que la naturaleza de objetos como Plutón seguiría siendo esencialmente la misma que se ha estudiado.

New Horizons sobrevoló Plutón a mediados de 2015.
“La información científica disponible sobre Plutón no cambiaría. La data geológica y topográfica se mantendría igual, el cambio generaría más un impacto en la reclasificación de otros cuerpos celestes. Considerar lo que es o no planeta obedece a constructos conceptuales que permiten ordenar la información, pero no modifican la realidad observable por más nombres que les pongamos”, menciona el docente universitario.
Más allá de este detalle, Chon Torres refiere que este tipo de debates son valiosos porque representan una oportunidad de presentar estos conocimientos a la población.
“Esto no debilita a la ciencia, sino que la enriquece, porque muestra su carácter perfectible: el conocimiento científico se revisa, se ajusta y mejora progresivamente a partir de nuevos datos y mejores criterios conceptuales. Por ello, el caso de Plutón nos recuerda que la ciencia también exige humildad. Por más que hayamos avanzado en la comprensión del sistema solar, todavía queda mucho por conocer, clasificar y comprender mejor. Esa apertura al cambio es precisamente una de las mayores fortalezas del pensamiento científico. El sentido crítico debe primar” apunta el presidente de la ASPAST.
Esta apreciación es compartida por Randy León, quien considera que los mismos científicos están poderosamente influidos por el contexto en el que se desenvuelven sin que este sea un aspecto necesariamente negativo.
“La ciencia es un producto social también. Lo que hoy es válido científicamente, a lo mejor ya no lo sea en el futuro porque los modelos y paradigmas van cambiando. Si la ciencia tuviera todo descubierto y establecido ya no sería ciencia, porque es por definición aproximativa, por lo que está sujeta a un entramado social, cultural, político y, por supuesto, económico. Eso no le quita legitimidad, sino reconoce cuáles son sus limitaciones y entenderlas nos puede ayudar a orientar a hace mejor ciencia”, finaliza León.













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