Una de las tendencias que empieza a sonar con más fuerza es la llamada desintoxicación digital. Consiste en dejar de usar el celular y otros dispositivos similares, incluidas las redes sociales que habitan en ellos, por determinados períodos. Las metas van desde tomar un respiro de la tecnología hasta alejarnos de la ansiedad, la depresión o combatir la falta de atención, problemas asociados con el uso desmedido de estas tecnologías que han sido expuestos en varias investigaciones en los últimos años.
En Estados Unidos, la iniciativa “Un mes offline” ofrece a los jóvenes la posibilidad de dejar de lado sus ‘smartphones’ para reflexionar sobre las bondades de una vida lejos de Internet. Inscribirse cuesta US$100, aunque los interesados también pueden aplicar por ayuda financiera. “Prueba un teléfono básico durante 30 días y únete a un grupo de vecinos para reuniones semanales, retos creativos y apoyo mutuo. Si no es ahora, ¿cuándo?”, dice la página web de este proyecto operado por la empresa Dumb.co., que espera superar la meta de los 1.000 clientes este mes.

(Captura de pantalla)
Un experimento a mayor escala fue impulsado por Austria. En marzo, la emisora pública ORF le pidió a 72.000 escolares de cinco países europeos pasar tres semanas sin sus teléfonos inteligentes. Aunque los resultados, reportados por la prensa internacional fueron disparejos, los niños, así como sus padres y maestros, destacaron que la mayoría de los participantes interactuaron más con su entorno y encontraron nuevas formas de aprovechar el tiempo.
Si bien hay proyectos para favorecer la desintoxicación digital en varias formas y estilos –en Japón, el hotel Hoshinoya Tokyo ofrece retiros enfocados en la naturaleza y la cultura local bajo el nombre “Digital Detox Stay”–, las prácticas para liberarse de los efectos nocivos de las pantallas y las redes sociales se están popularizando a escala personal y comunitaria. En campus universitarios de varias partes del mundo ya se habla de los ayunos o dietas de Internet.
El debate sobre los efectos perjudiciales del uso desmedido de los teléfonos inteligentes y las redes sociales no es nuevo. Muchos de los argumentos se expusieron hace algunas semanas en un tribunal de California, que a fines de marzo dictaminó que Instagram y You Tube son responsables de la naturaleza adictiva de sus plataformas.
TENDENCIA
53% de los estadounidenses desearía reducir su tiempo de uso de pantallas, según una encuesta de diciembre del 2025 de YouGov. Los adultos menores de 30 años son más propensos que los mayores a afirmar que quisieran ese cambio.
Si bien la preocupación por la sobreexposición a estos aparatos y plataformas es natural en el contexto actual, Lizardo Vargas, director del Doctorado en Comunicación de la Universidad de Lima y profesor-investigador de esa casa de estudios, explica que la desintoxicación –que parte de que las pantallas son algo nocivo– es la práctica más radical dentro de un campo más amplio y complejo que se llama desconexión digital.
“Desde el punto de vista académico, cuando hablamos de desintoxicación nos referimos a un corte muy drástico, originado voluntariamente, que ocurre cuando una persona ve que la pantalla se convierte en un obstáculo muy grande. En cambio, la desconexión digital nos dice que podemos vivir sin ningún problema dentro del entorno digital, y que cada persona, desde su propia individualidad y contexto, debe hacer el ejercicio constante de reconocer cuál es el contacto que le conviene tener con las pantallas y en qué punto quiere aumentar distancia”, dice a El Comercio.

Los teléfonos inteligentes se han convertido en parte importante de nuestra vida diaria.
Por eso, enfatiza el experto, cuando reconocemos a diario que las pantallas interfieren en algo, realizamos prácticas de desconexión digital, que pueden ser muy ligeras (como poner el teléfono en modo avión o en silencio mientras estamos en el cine) o muy drásticas (como inscribirnos en un retiro de desconexión total).
Aprender a tener una relación saludable con las tecnologías requiere redoblar la apuesta por la educación y la alfabetización digital para todos los usuarios con un enfoque transversal. “Debemos aprender a tener espacios de desconexión diariamente”, dice a este Diario Antonio Coquis, psicólogo clínico y educador.
OTRAS MEDIDAS DRÁSTICAS
En diciembre del 2025, se convirtió en el primer país en prohibir que cualquier persona menor de 16 años utilice aplicaciones de redes sociales como Facebook, Instagram y TikTok, como parte de una iniciativa para proteger a los niños de sus posibles peligros.
La nación gala está considerando vetar los teléfonos en las escuelas secundarias. En el 2024, Francia puso a prueba la prohibición del uso de esos dispositivos en los colegios para alumnos de hasta 15 años, con el objetivo de ofrecer a los menores una “pausa digital” que, de considerarse exitosa, podría extenderse a todo el país.
En noviembre del 2025, anunció un plan para prohibir el uso de redes sociales a menores de 15 años. La propuesta no es tan estricta como la australiana, ya que permitiría a los padres autorizar el uso de estas plataformas a sus hijos a partir de los 13 años.
Aprobó en marzo una ley que prohíbe el desplazamiento o ‘scroll’ infinito y la reproducción automática de videos para menores, con el fin de que no se enganchen a las redes. Y exige que se verifique la edad de los usuarios.

“No se trata solo de pensar en un retiro una vez al año, sino de prácticas diarias en las que no dependamos del celular. Un pequeño ejercicio de introspección a la hora del almuerzo, cultivar nuestras relaciones. Porque si pasamos ocho horas al día mirando el teléfono, dejarlo de golpe puede ser hasta contraproducente. Lo mejor es proponerse cambios pequeños, pero constantes y sostenibles”, añade.
Las preocupaciones se han centrado en años recientes en las conductas compulsivas vinculadas al celular que van creciendo entre muchos adolescentes, por lo que las iniciativas para limitar el uso de redes sociales o teléfonos en los colegios de Estados Unidos y Europa se están volviendo una prioridad.
El mayor estudio realizado hasta ahora sobre las prohibiciones de teléfonos en las escuelas en Estados Unidos reveló esta semana resultados mixtos. Si bien se reportaron menos distracciones cuando los alumnos no tenían sus celulares, aún hay poca evidencia de que las prohibiciones generen un mejor rendimiento académico o notorios progresos en el comportamiento.












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