El informe de la pobreza publicado esta semana por el Instituto Nacional de Estadística (INEI) muestra una reducción de casi dos puntos porcentuales, de 27,6% a 25,7%, en la tasa de pobreza entre el 2024 y el 2025. Esto significa, dice el INEI, que la población pobre ha disminuido en 567,000 personas. Sumemos a eso el crecimiento de la población, que son otras 310,000 personas, y el resultado es que, de un año a otro, el número de peruanos que no son pobres ha subido en 877,000. Casi un millón.
Las variaciones en la tasa de pobreza son un reflejo de las variaciones en los ingresos de la gente. Todos los años hay personas cuyos ingresos suben y otras cuyos ingresos bajan. Cuando una economía crece, son más las primeras que las segundas. La tasa de pobreza se reduce cuando el crecimiento de sus ingresos hace que crucen la línea de pobreza. Pero eso no quiere decir que los pobres sigan siendo igual de pobres. Sus ingresos pueden también haber subido; solo que no han llegado todavía a cruzar la línea.
El INEI calcula una “brecha de pobreza” que mide cuán pobres son los pobres. Dicho de otra manera, cuánto les falta para cruzar la línea de pobreza. En el 2024 sus ingresos estaban, en promedio, 7,2% debajo de la línea de pobreza. En el 2025 la brecha se redujo a 6,3%. Se han acercado casi un punto porcentual. El acercamiento ha sido mayor en áreas rurales. Los pobres rurales son ahora menos pobres de lo que eran antes de la pandemia.
Las condiciones de vida atestiguan esta gradual –y aún insuficiente, por supuesto–mejoría. El porcentaje de hogares pobres que está conectado a la red pública de energía eléctrica ha subido de 84% a 93% desde el 2016; el porcentaje que tiene un celular, al menos, de 79% a 92%; el porcentaje conectado a internet, de 3% a 35%. Tres servicios, dicho sea de paso, que son prestados por el sector privado. El porcentaje conectado a la red pública de agua, que sigue en manos del sector público, no ha subido mucho en comparación: tan solo de 70% a 75% (pero algo es algo).
Estos y muchos otros indicadores demuestran que no hay una dicotomía entre crecimiento y desarrollo; no en una economía basada en la iniciativa individual, como la peruana. El crecimiento que vemos en las estadísticas no es otra cosa que la suma de los muchos avances, menos algunos retrocesos, en la riqueza que genera cada uno y que utiliza mayormente para mejorar, como dirían los marxistas, las condiciones materiales de su existencia.
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