Según las fuentes citadas por la agencia Reuters, las capacidades centrales de Irán, incluido el acceso a uranio enriquecido, permanecen en gran medida intactas, y los plazos estimados para que Teherán pueda desarrollar un arma nuclear no habrían cambiado de forma sustancial.
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Así, las estimaciones de los analistas tras los ataques de junio del año pasado se mantienen hoy: Irán habría visto retrasado en alrededor de un año su objetivo de producir un arma nuclear, según el informe de Reuters; un desfase que, lejos de implicar un retroceso decisivo, sugiere más bien un impacto muy limitado sobre el cronograma estratégico de Teherán.

Una mujer ondea una bandera iraní frente a una valla publicitaria antiestadounidense que hace referencia al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al estrecho de Ormuz en la plaza Valiasr de Teherán, el 5 de mayo de 2026. (Foto de AFP).
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Antes de la llamada guerra de los 12 días de junio del año pasado, las agencias de inteligencia de Estados Unidos estimaban que Irán podría estar en condiciones de fabricar una bomba nuclear en un plazo de entre tres y seis meses, una vez que alcanzara el umbral crítico de enriquecimiento de uranio al 90%; es decir, el nivel necesario para uso militar.
Durante esa guerra, Estados Unidos llevó a cabo una serie de ataques selectivos contra instalaciones clave vinculadas al programa nuclear de Irán, en coordinación estrecha con Israel. La operación combinó bombarderos estratégicos como el B-2 Spirit con cazas de apoyo y misiles de precisión.

Un bombardero B-2 Spirit de Estados Unidos lanzando un misil JASSM. (Dominio público).

El bombardeo de Estados Unidos en Fordow. (AFP).
Según reportes, se emplearon bombas antibúnker de alta penetración, diseñadas para alcanzar instalaciones subterráneas fortificadas, así como municiones guiadas de precisión contra infraestructura crítica, incluidas plantas de enriquecimiento y centros de investigación asociados al ciclo nuclear.
Tras los ataques, tanto Estados Unidos como Israel ofrecieron evaluaciones inicialmente contundentes, señalando que se habían infligido “daños significativos” a la infraestructura nuclear iraní y que algunas capacidades clave habían sido degradadas. Sin embargo, análisis posteriores de inteligencia matizaron ese balance.
En la actual guerra iniciada el pasado 28 de febrero, los ataques de Estados Unidos e Israel se centraron en objetivos militares convencionales. Pero también se golpeó infraestructura nuclear clave, aunque sin la misma intensidad que los bombardeos del año pasado.
La clave de que el programa nuclear iraní no haya sido degradado por completo está en las reservas de uranio enriquecido que posee y que se cree permanece intacto.
Para los analistas consultados por Reuters, el programa nuclear iraní será frenado solo si se incautan o destruyen sus reservas de uranio altamente enriquecido. Mientras ese material siga disponible, Teherán conserva la base para avanzar hacia una bomba nuclear.
Daño limitado al programa nuclear iraní

Las instalaciones nucleares de Irán. (AFP).
El analista internacional Roberto Heimovits explica a El Comercio que la guerra de junio del 2025 sí logró retrasar el avance nuclear iraní, pero solo de forma acotada. “Antes de esa guerra, Irán estaba a semanas, o meses, de poder obtener una bomba; lo que se logró fue alargar ese plazo a entre nueve y doce meses”, señala.
Sin embargo, sostiene que si se confirma que el daño en realidad es limitado y que Teherán tiene un retraso de un año para obtener la bomba atómica, el balance final de la actual guerra sería preocupante para Estados Unidos e Israel.
“Si esta nueva guerra no ha logrado alargar el plazo nuclear iraní, estaríamos ante una situación muy grave”, advierte.
“Esto sería un ejemplo de cómo numerosos éxitos tácticos —los bombardeos, la eliminación de líderes— no necesariamente se traducen en un éxito estratégico”, afirma Heimovits.
El factor clave: uranio y centrifugadoras

El proceso de enriquecimiento de uranio. (AFP).
El analista subraya que la capacidad nuclear iraní depende de dos variables críticas: el volumen de uranio enriquecido y la infraestructura para procesarlo.
“Irán tendría unos 440 kilos de uranio enriquecido al 60%, está solo a un paso del nivel necesario para una bomba. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica, eso podría alcanzar para varias armas nucleares, unas diez”, explica.
En ese contexto, la incógnita central es cuántas centrifugadoras —las máquinas clave para ese proceso— han sobrevivido a los bombardeos. Heimovits manifiesta que no es fácil reemplazarlas rápidamente debido a la complejidad industrial involucrada. No obstante, si suficientes equipos permanecen operativos, Irán podría acortar significativamente los plazos y bajar el año estimado para que posea la bomba.
“Si han logrado salvar suficientes centrifugadoras y mantienen el acceso al uranio altamente enriquecido, podrían alcanzar una bomba en cuestión de meses”, advierte.
Riesgo de victoria estratégica para Irán

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, responde a las preguntas de la prensa durante la firma de una orden ejecutiva en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, EE. UU., el 30 de abril de 2026. (EFE/EPA/AARON SCHWARTZ)
El escenario descrito por el informe de Reuters plantea, en términos geopolíticos, un desenlace potencialmente adverso para Estados Unidos e Israel. “Si la guerra termina sin dañar más la capacidad nuclear iraní, eso sería una gran victoria para Irán”, sostiene Heimovits.
A su juicio, esto no solo implicaría una derrota estratégica para Washington, sino que incrementaría los riesgos para Israel, dada la retórica hostil de Teherán. Además, podría desencadenar una carrera nuclear en Medio Oriente.
“Países como Emiratos Árabes Unidos, que han sido atacados durante el conflicto, podrían buscar desarrollar su propia capacidad nuclear como medida de seguridad”, advierte.
El destino del uranio: punto crítico en futuras negociaciones

Una fotografía distribuida por la oficina presidencial iraní el 10 de abril de 2021 muestra a un ingeniero dentro de la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. (AFP).
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Otro elemento clave es el destino del stock de uranio altamente enriquecido, que podría permanecer intacto pese a los ataques. Su eventual entrega o control internacional será uno de los ejes de cualquier negociación futura.
Heimovits considera que la decisión de Irán dependerá, en gran medida, de la credibilidad de las amenazas estadounidenses. Si el gobierno de Donald Trump logra convencer a Teherán de que está dispuesto a reanudar la guerra, aumentan las probabilidades de un acuerdo.
“Si Irán percibe que las amenazas son creíbles, podría aceptar un pacto similar al de 2015, con supervisión verificable”, explica. “Pero si cree que Estados Unidos no está dispuesto a escalar —por factores políticos internos como el precio del petróleo o las elecciones—, entonces podría optar por continuar su programa”.
En ese escenario, concluye el analista, el resultado de la actual fase del conflicto no solo definirá el equilibrio estratégico inmediato, sino también el futuro del régimen de no proliferación nuclear en la región.













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