En la sala vacía del hospital de Yungay, los llantos de una recién nacida no recibían respuesta. Se confundían entre las súplicas de su madre, con la bata ensangrentada, de pie, primeriza, quien sin la asistencia de personal médico oportuna tuvo que dar a luz a la bebe que, tras el parto, cayó al suelo.
La Diresa de Áncash informó, luego, el estado de salud estable de ambas vidas. Sin embargo, lo relatado evidencia una presunta negligencia médica, uno de los factores de muerte materna en el Perú. Según cifras del Minsa, en el 2026, hasta la tercera semana de abril, 57 mujeres han fallecido durante el período de gestación o los 42 días posparto. Las principales causas son los trastornos cardiovasculares, infecciones parasitarias y enfermedades neoplásicas, en las que las condiciones socioeconómicas influirían en su padecimiento.
A fin de sobrevivir a la pobreza, las futuras madres se ven expuestas a trabajos bajo el sol, de gran esfuerzo físico y con alimentación deficiente que, junto a la carencia educativa, el consumo constante de alcohol, tabaco u otras sustancias, disminuyen las posibilidades de llevar un embarazo seguro y de un parto sin complicaciones.
El riesgo de muerte aumenta cuando la madre no se encuentra en condiciones físicas ni psicológicas adecuadas. Según el Minsa, más de 9.800 adolescentes gestantes se reportaron durante el 2025 en el país. El embarazo adolescente no solo incrementa la probabilidad de anemia, hipertensión, obstrucción del parto o hemorragias, sino también podría propiciar cuadros depresivos.
Muchas de estas jóvenes no han alcanzado aún su independencia ni han culminado su desarrollo personal, y se ven obligadas a responsabilizarse de otra vida, lo que con frecuencia frustra sus proyectos. En el mejor de los casos, si cuentan con apoyo familiar, podrán transitar simultáneamente los roles de madre e hija. De lo contrario, quedarán atrapadas en círculos de vulnerabilidad donde la muerte asedia.












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