Salvar la democracia, por Francisco Miró Quesada Rada

Mientras los peruanos intentamos salir de esta pesadilla de una primera vuelta llena de defectos y suspicacias, han surgido dos hipótesis principales de las que se deducen igualmente dos consecuencias. O hubo fraude o hubo negligencia. Quienes sostienen que hubo fraude dicen que lo sucedido con la distribución del material electoral es una estrategia utilizada, por ejemplo, en Venezuela. En cambio, otros sostienen que no hubo fraude, pero sí una gestión irresponsable de la ONPE.

Sobre estas interrogantes, el JNE desestimó la viabilidad de elecciones complementarias. Aun así, creo imposible que gran parte de la ciudadanía recupere la confianza en un organismo herido de muerte como la ONPE, debido a que la desconfianza en los políticos y en la mayoría de las instituciones del Estado no es consecuencia de los recientes hechos.

Ello determinó un mayor desbalance de poderes a favor del Congreso unicameral, sobre todo porque se aprobaron leyes para favorecer a grupos de poder económicos y políticos. Nuevamente se ha instalado una tendencia hacia los extremos y, aunque el centro no ha podido ocupar el espacio predominante, esta vez obtuvo mayor votación.

Nuevamente se ha instalado una realidad pendular y polarizada, salvo que al final del cómputo el irascible López Aliaga pase a la segunda vuelta, lo que generaría una confrontación entre dos derechas conservadoras, con algunas características diferentes.

Si el compañero de viaje del fujimorismo fuera Juntos por el Perú, vemos que, incluso entre ellos, más allá de las diferencias ideológicas, existen algunos elementos comunes. El fujimorismo es conservador, autoritario, caudillista-familiar, económicamente neoliberal con estilo político populista. Asimismo, Juntos por el Perú es conservador, autoritario, caudillista-familiar, por la presencia de los parientes de Castillo, económicamente nacionalista-estatista, estilo político populista.

Ninguno es liberal-democrático. Simbólicamente unos son herederos del tractor y otros del sombrero cajamarquino. Dos peligrosos potenciales autoritarismos que se ciñen con algunos millones de seguidores.

Nuevamente la democracia está en peligro y quienes creen en ella debemos estar alertas para salir a defenderla para construir una sociedad justa, libre, igualitaria y digna.

A pesar de lo sucedido, de los que quieren mantener sus intereses particulares para tener más poder a expensas de un Estado viejo, inoperante y agónico, que pide una reforma profunda así como urgente, habrá que seguir bregando para salvar la democracia en nuestra patria.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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